Ni se está reconstruyendo el país. Ni se ha llevado la democracia a Afganistán. Ni se ha conseguido que las mujeres afganas tengan uno sólo de los derechos que la comunidad internacional reconoce a las personas. La ocupación sólo trae más muertos, tanto entre la población afgana como entre las tropas ocupantes.

Los mismos motivos que existían para retirar las tropas de Irak en 2004 se aplican al caso afgano hoy. Pero lejos de retirarse de Afganistán, el gobierno español participa cada vez más en la ocupación. Enviar más soldados más y asumir el mando del aeropuerto de Kabul son sólo los ejemplos más recientes de esta deriva “guerrera” de Zapatero y su Gobierno.

Chacón y Zapatero especialmente, intentan en todo momento y contra toda evidencia, presentar al ejército español como a una ONG, y disfrazar la ocupación de misión humanitaria. A pesar de todo, la mayoría de la opinión pública en el Estado español sigue oponiéndose a la actual presencia militar en Afganistán. Sólo el 3% de la población (y sólo el 1% de las mujeres) apoya la política del gobierno de enviar más tropas. Un 41% defiende la retirada (subiendo a un 47% entre las mujeres), y otro 19% favorece una reducción del contingente.

Pido la atención sobre esta guerra sin olvidarme de los otros problemas actuales y urgentes de un mundo afligido por las crisis económica y ecológica. Estas crisis están íntimamente relacionadas con la guerra en Oriente Medio. Los enormes gastos militares -nunca justificables- ahora además restan recursos a fines sociales, como la protección de los parados y paradas, inversión productiva pública, mantenimiento y mejora de los servicios públicos o el apoyo a las personas sin trabajo y a sus familias.

En una situación de grave crisis económica e intolerables niveles de desempleo como la actual, cuando el propio presidente Rodríguez Zapatero ha augurado más paro en 2010 pese a que pueda mejorar el crecimiento, yo creo que los recursos del Estado no deberían gastarse en aventuras militares que resultan costosas en vidas, pero también en bienes materiales.

Pienso, como mucha otra gente, que las prioridades políticas y económicas, deben centrarse en la creación de puestos de trabajo y en la búsqueda de respuestas reales a la crisis. Considero que los cerca de 365 millones de euros anuales, pagados con nuestros impuestos, que cuesta a las arcas públicas la contribución militar española a la ocupación de Afganistán podían dedicarse a un Plan de Empleo Municipal, con el que se podrían crear 60.000 puestos de trabajo, incluyendo contratos de seis meses para los parados y paradas que hayan agotado la prestación.

También podríamos, en vez de invertir en una ocupación militar, crear 40 Centros de Salud bien dotados (que podrían atender a más de un millón de personas); o podríamos, también, crear 9.125 escuelas infantiles, que tendrían capacidad para atender a cerca de 182.000 niños y niñas de 0 a 3 años, con una dotación de 2.000 euros por niño/a y año, además de contribuir a crear unos 40.000 puestos de trabajo en el sector.

Hay que decir ¡¡No a la Guerra¡¡ y apostar por una política internacional de cooperación bien dotada presupuestariamente, pero sobre las bases de la ayuda humanitaria y de la cooperación al desarrollo y la paz, no en la participación de una guerra de ocupación que dura ya más de siete años y que no ha dado ningún resultado positivo para el pueblo afgano, además de carecer de estrategia alguna para dar una salida a la situación.

Si me apuran también puedo decir que hay que salir de Afganistán para cumplir con lo establecido en el artículo 8 de la Constitución, que señala que la misión de las Fuerzas Armadas es garantizar la soberanía e independencia de España y defender su integridad territorial y ordenamiento constitucional en vez de estar dedicando su esfuerzo militar a intereses geoestratégicos y económicos de Estados Unidos.

 

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