La Dana, la última porque vendrán otras, me lleva a dejar alguna que otra reflexión. Dejado claro el sentimiento solidario con quienes la han sufrido, el pésame a quienes han perdido familiares, amigos/as o compañeros/as, el deseo de que quien ha perdido todo reciba, cuanto antes, toda la ayuda del mundo para superar el drama, no me resisto a compartir una opinión que, no es nueva, pero que creo necesario repetirla.

No voy a entrar en quien es el culpable, quien ha gestionado bien, mal o regular, si hubo quien andaba en otras cosas en vez de estar pendiente de sus obligaciones y responsabilidades, ni voy a perder el tiempo en discutir sobre quien tenía la responsabilidad de la gestión.

Tengo mi idea y, supongo, que todo el mundo tendrá la suya aunque la de muchos y muchas sea la que le han servido desde esa parte de estercolero que tienen las redes sociales.

Todo el mundo, como ha pasado en situaciones de catástrofes anteriores (Prestige, el COVID, danas anteriores, erupciones volcánicas,…) reclama, pide, exige, reivindica (utilicen el verbo petitorio que consideren más apropiado) dinero. Es normal y natural. Estas situaciones tan solo se pueden arreglar si el estado y las administraciones públicas ponen recursos económicos (ayudas, subvenciones, reparación de carreteras, ferrocarriles, calles, riberas,…), técnicos (helicópteros, grúas, camiones, barcos, aviones,… y humanos (ejército, bomberos, sanitarios, forestales, policía, guardia civil,…). No se olviden de los medios técnicos y humanos también requieren dinero que sale del mismo sitio.

Además se piden políticas y medidas de apoyo para que las empresas aguanten y resistan, para que los sectores afectados remonten, para que trabajadores y trabajadoras no se queden en el paro porque las empresas se han visto destrozadas por la DANA. Se llega, incluso, a oír como se piden ayudas a fondo perdido, vamos, algo así como se hizo con la banca, esa cuyo rescate pagamos a escote entre todos y todas.

Apoyo y reivindico esas exigencias.

Lo que ocurre es que veo, y oigo, y leo, que muchas de las gentes que reclaman esas grandes cantidades de dinero público son, o votan, a esas gentes liberales que no dejan de pedir, y reclamar, que se bajen, llegan a decir en algunos casos que se quiten, los impuestos.

Aquí viene lo del círculo cuadrado que, como todo el mundo sabe, es un problema irresoluble para la geometría. Pues con el dinero público pasa igual. Se supone, y veo que es mucho suponer, que todo el mundo sabe que los impuestos, pagados de manera progresiva, son la única forma de tener recursos públicos para pagar, además de todas las ayudas urgentes y cuantiosas que hacen falta por la tragedia y desastre de la DANA, la enseñanza, la sanidad, la dependencia, las vacunas contra la gripe, las vacunas contra el COVID, los subsidios, las pensiones, el ingreso mínimo vital, los ERTES, el ejército, las carreteras, la policía y, ya puestos, como casi todos y todas son monárquicos/as y mayoritariamente católicos/as, la monarquía y la iglesia.

Hay extensos sectores económicos, sociales y ciudadanos que, además de no querer pagar impuestos, creen tener el derecho consolidado de disponer siempre, para su beneficio particular, de recursos que son de todos y todas y que se necesitan para mantener el gasto público.

Lo dicho, esta gente no se ha enterado de que no hay círculos cuadrados y por eso, con una tremenda insensatez, con unas dosis enormes de populismo indecente y con una desmedida falta de rigor y seriedad reclaman quitar impuestos, los quitan en muchos de los sitios donde gobiernan pero luego, además de en situaciones como esta, exigen y reclaman dinero público.

Pero bueno, Vds. saben de sobra que no hay círculos cuadrados y no se dejan engañar, porque Vds. no votan a esta gente. Pero como hay mucha otra que sí, pues echen una mano y ayuden a desmontar sus oportunistas mentiras.

Por que si no, ya lo verán, pasará esta DANA y volveremos a esas populistas propuestas de quitar los impuestos. Pero ya puestos imagínense a estas gentes gobernando en la próxima.