Ya perdonarán. Estoy contento porque se ha ganado la moción de censura. Me alegra que Pedro Sánchez sea Presidente. Valoro adecuadamente el esfuerzo, reconozco y aplaudo el que sea el primer Gobierno con más ministras que ministros, pero tengo mi particular opinión sobre las personas elevadas al rango de ministro/a y me preocupa el excesivo bombo y platillo que se le está dando. Se están generando muchas ilusiones y aunque es verdad que ya era hora de que la ilusión apareciera, no hay que quitar los pies del suelo. Yo soy más dado a valorar las políticas que se hacen y las decisiones que se toman en vez de valorar las caras y las personas.

Me perdonarán, también, que recurra al teatro para ejemplificar lo que pretendo decir. En un teatro las bambalinas, junto con la tramoya y la iluminación, son elementos importantes para la obra que se pone en escena. Ahora bien, ni las bambalinas, ni la tramoya, ni el atrezzo garantizan una buena representación ya que ello depende de la dirección, de los/as actores/as y del guión. Sobre todo del guión. Una obra mala es muy difícil que guste por muy buenos/as que sean los/as intérpretes.

Yo, en estos momentos, doy un voto de confianza (puede que sea de esperanza) a la compañía y a su director. Pero me gustaría ver la obra, el argumento de la trama.

Parece, al menos así se puede ver, leer y oir en todos los medios de comunicación y tertulias que, de momento, la compañía gusta a los mercados (la bolsa ya sube y la famosa prima baja), le gusta a Europa (esa que nos aprieta y ahoga y que cierra fronteras) y le gusta, mucho según reconoce ella misma, a la Sra. Botín, la jefa del Santander. No se si conocen la obra y el guión

La experiencia, tanto la reciente como la de hace unas décadas, me dice que lo que es bueno y gusta a los mercados y a esta gente no trae buenas consecuencias para la clase trabajadora, ni para los derechos y libertades, ni para los servicios públicos y las prestaciones sociales.

No me dejo llevar por el marketing y me resisto a valorar los gestos. Por eso creo, para que la obra que empieza Pedro Sánchez tenga un desenlace feliz para la ciudadanía, que es conveniente recordar que la compañía necesita apoyos y que algunos de esos apoyos, los de la izquierda, que son imprescindibles para el éxito de la función, tan solo apoyarán medidas que vayan a favor del interés general, que mejoren la vida de trabajadores y trabajadoras, que rescaten la sanidad, la educación y los servicios sociales, que devuelvan derechos, que trabajen por la igualdad, que planten cara al desastre medioambiental y que cambien la política militarista por la de la paz.

Así, seguramente, para la ciudadanía, para trabajadores y trabajadoras, para los y las jóvenes, para las mujeres, habrá un desenlace feliz. Si no, si la obra es un fiasco, además del abucheo generalizado, se producirá un nuevo desengaño que solamente beneficiará a la derecha, a los mercados y a quienes nos vienen fastidiando la vida

Anuncios

Por mucho que se empeñen algunos y algunas, por mucho que sea una frase acuñada y recurrentemente utilizada, no hay una clase política.

No entraré, aquí y ahora, en la definición de clase que hace Karl Marx. Comparto, como establece el marxismo, que la sociedad está organizada en dos clase antagónicas. La clase burguesa, dueña de los medios de producción y el proletariado que tan solo tiene su fuerza de trabajo. Ese antagonismo se concreta en la lucha de clases que sigue dándose en esta sociedad capitalista.

Voy con ese fenómeno, con ese invento de “Clase Política”. Para que haya una “clase social” se requiere que las personas que la integran tengan unos intereses comunes, o una estrategia común para conseguir sus objetivos.

Es evidente que las personas que hacen política no tienen unos intereses comunes ni tampoco siguen la misma estrategia. No son una clase, no hay, por tanto, una clase política.

Está clara la división, aunque ahora quiera negarse su existencia, entre la derecha y la izquierda y es incuestionable que los intereses que defiende la derecha son diametralmente opuestos a los que defiende la izquierda.

No hay, por consiguiente, una clase política. No es una clase social, ni tan siquiera, como despectivamente se señala, una casta. Las castas son una manera de estratificar la sociedad y lo hacen exclusivamente en función del origen o el nacimiento. Casta era la nobleza medieval, castas son las establecidas en la India y castas han sido, y son, los sistemas de apartheid en los que el color determina a que estrato social perteneces. A poco que pensemos nos daremos cuenta de que tampoco puede aplicarse el concepto de casta a quienes trabajan en política.

Lo que sí que hay son diferentes clases de políticas. No es lo mismo la política de izquierdas que la de derechas.

También, para nuestra desgracia, ocurre que en la política hay gente con muy poca clase, que no está a la altura de sus responsabilidades o que es corrupto/a.

Ciertamente entre los/as políticos/as hay muy mala gente, hay malos/as políticos/as, igual que hay malos/as maestros/as, fontaneros/as, sanitarios/as,….Pero solo se generaliza con los/as primeros/as.

La clase política es un invento de este sistema que, exactamente igual que pretende la uniformidad de pensamiento en la ciudadanía, trata de demostrar que todos/as los/as políticos/as son iguales, que forman la clase política.

Es la manera de cultivar el “todos iguales”, de fomentar el “no participes en política si todos hacen lo mismo”, de llevar a la gente a la abstención “porque como todos son iguales que más da votar que no”. Es la forma de evitar que conozcas los programas y compromisos de cada partido y es, sobre todo, la estrategia de convertir en inevitables decisiones políticas que machacan a la mayoría social. El mensaje es: Da igual quien gobierne, todos hacen lo mismo, todos son la clase política. Ese es el mensaje que mejor le viene al sistema, por eso lo lanza y amplifica.

También es el recurso para envolver la corrupción reiterada y sistematizada en algo que es “innato” a la clase política. Se señala así a todo aquel o aquella que trabaja en la política en vez de decir la corrupción la hace este partido, o la hacen este señor o esta señora.

Finalmente, la invención de la clase política para generalizar la acción política forma parte de la estrategia del sistema, y del régimen, para mantenerse. Ayuda al desprestigio de la acción política y hace ver a la ciudadanía que la clase política es un problema.

Al final lo están consiguiendo. Franco ya lo decía: “Haga como yo y no se meta en política”. Hoy han conseguido que se vea la política como algo malo, algo que provoca aversión y algo que se utiliza, incluso, para zanjar debates importantes. Basta con decir “eso es política” para que se niegue la posibilidad de hablar de impuestos, o de escuela pública, o de la calidad del empleo, o del derecho a la vivienda.

Algo funciona mal en un país cuando la política es echada a la papelera y quienes la practican y ejercen son consideradas personas de muy baja condición ética.

La política es imprescindible en una democracia y si la política se devalúa se pone a la democracia en riesgo de ser una especie en peligro de extinción.

Mientras no se habla de política nos desmontan el poquito estado social que habíamos conseguido, nos llevan a niveles de pobreza inaceptables, rescatan bancos y autopistas, chorizos y corruptos disfrutan en libertad de sus corruptelas mientras titiriteros, sindicalistas, humoristas, … son detenidos y multados.

Al final nos llevan a elegir a la gente que gobierna, no por su programa, sino por las veces que sale en la tele, por la capacidad que tiene en el “y tú más” o por lo más o menos duro/a que es con los/as rebeldes secesionistas. Así que, nada, mientras no se habla de política, mientras denigramos a la clase política, ellos y ellas felices y sonrientes

 

Llevamos dos días en los que nos bombardean, mediáticamente hablando, con la visita del príncipe heredero saudí que viene a firmar un sustancioso contrato para que España venda a Arabia Saudí, barcos de guerra.
El príncipe saudí, recibido y agasajado por el Borbón y el Rajoy como un jefe de estado, firmará también un “acuerdo de colaboración con España” que posibilitará la participación de nuestro país en la construcción de una base naval en Arabia Saudí, donde atracarán los barcos, y la instrucción de militares saudíes para el manejo de los buques.
Como siempre, la derechona, el PP y Ciudadanos, la cúpula empresarial, la prensa de orden y los/as tertulianos/as generadores/as de opinión, nos salen hablando del empleo que genera este contrato.
No lo niego, pero ¿saben cuanto empleo genera la educación, la sanidad, los servicios sociales, las energías renovables, la cultura, los espacios naturales,…?
Claro que lo saben, pero este tipo de empleo, a esta gente que nos gobierna (no olviden que porque les votan), les importa un pimiento.
Igual que les importa un rábano que Arabia Saudí sea un país en el que no se respetan los derechos humanos más básicos.
Allí, en esa tierra que gobiernan los sátrapas de la familia del príncipe que nos visita, se tortura, se decapita, se somete a la mujer a una indecente discriminación, se persigue y ejecuta a homosexuales, a miembros de minorías y a quienes blasfeman.
Es legal la amputación de miembros y la flagelación pública y no hay libertad de expresión. Todo ello reiterada y sistemáticamente denunciado por Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Pero no pasa nada, mandan los petrodólares.
Tampoco importa que Arabia Saudí esté masacrando a la población civil del Yemen y que la Unión Europea prohíba la venta de material militar a cualquier país que participe en un conflicto armado y que “puedan utilizarse para cometer violaciones graves del Derecho internacional humanitario”. España no ha dejado de vender armas y es el tercer exportador de armas hacia el régimen saudí.
Las relaciones armamentísticas entre España y Arabia saudí están “protegidas” por un convenio entre ambos países que establece una protección mutua de información clasificada en el ámbito de la defensa que, obviamente, impide la trasparencia.
No es empleo relacionado con material de guerra el que necesitamos trabajadores y trabajadoras. Esos barcos, bombas, munición, torpedos y demás “herramientas” para matar, matan a trabajadores y trabajadoras, a civiles indefensos e inocentes. Ese negocio llena los bolsillos y las cuentas corrientes de quienes, con la guerra, hacen grandes negocios.
Malditas, malditas guerras ¡¡¡

Mientras la gente toma, otra vez, conciencia de la que está cayendo y vuelve a llenar las calles de lucha y movilización, la cuadrilla de Rajoy, Báñez, Cospedal, Montoro y demás, siguen a lo suyo. Tomándonos el pelo y fastidiándonos la vida.

Mientras afirman no tener un puñetero € para poder actualizar las pensiones al IPC, van a gastarse miles de millones en Armamento.

Según consta en los papeles que ha aprobado el Ministerio de Defensa, el que dirige Dª Dolores, van a empezar este mismo año siete programas de armamento que, estiman, supondrán un gasto de 10.805 millones de €.

El ardor guerrero de Cospedal y su gente les lleva a decidir que es urgente y necesario comprar vehículos de combate 8×8, fragatas F-110, aviones militares nuevos de entrenamiento, helicópteros de combate NH-90, modernización del sistema de mando y control militar aéreo, aviones de reabastecimiento en vuelo y modernización de los helicópteros Chinook.

Dª Dolores se lanza a estas inversiones nuevas a pesar de que aún debe gastos de armamento de ejercicios anteriores. Hay 11 programas de armamento militar que siguen “vivos”. Son “cositas” tan necesarias para el gasto social como los cazas Eurofighter, los helicópteros de combate Tigre, el submarino S-80 y el avión de transporte militar. Vamos, que esos 10.805 millones de ahora son añadidos a lo que se debe y se paga.

Y todo ello lo hacen mintiendo y engañando. Hace ya años, desde 2012 en que llegó Rajoy al Gobierno, se decidió no incluir en los Presupuestos los pagos de los PEA (Programas Especiales de Armamento). ¿No gastaron?, que va. Claro que gastaron y mucho. Unos 2.000 millones de € al año. Recurrían a la trampa contable de aprobar en el Consejo de Ministros créditos extraordinarios. Por ejemplo, en 2017, han sido 1.824,47 Millones de €.

Hay otra mentira más con los gastos militares que aparecen en los Presupuestos y son debatidos en el Congreso. A las misiones militares en el exterior se les asigna un presupuesto de 14,3 millones de €, pero la realidad es que, cada año, en estas aventuras a las que nos mandan Trump y la OTAN, se gastan unos 1.000 millones de € que se pagan desde un fondo que se llama “Imprevistos y Funciones clasificadas de Otros Ministerios”. Sirva como ejemplo que este año pasado de 2017 el propio Secretario de Estado de Defensa, en el Congreso, en la Comisión de Defensa del pasado 26 de Abril, anunció que el gasto previsto de las misiones en el exterior sería de 1.062,5 millones de €.

Son las cosas que tiene el cumplir los mandatos de Trump. Este año tiró de las orejas a D.Mariano (recuerden aquella visita que hizo al imperio para que el mandatario de la Casa Blanca dijera algo sobre Cataluña) y le dijo que España, como exige la OTAN, incremente el gasto militar hasta el 1,53 de su PIB.

Pues ya saben, D.Mariano dice que “hay que escuchar a la calle”, todos los días estoy en la calle y no oigo, ni a dios, pedir más gasto militar. Oigo reclamar derechos y libertades, oigo reclamar una sociedad igualitaria y feminista, oigo defender unas pensiones dignas, pero la verdad, oir al personal pedir tanques, helicópteros y aviones, no se oye.

Lo dicho, hay que echar a esta gente, pero cuanto antes. Y…, atentos/as, que el año que viene hay elecciones, estos populistas serán capaces de subir el IPC a las pensiones. Las pensiones seguirán siendo una mierda para la mayoría de pensionistas, seguirán en el aire las pensiones de las generaciones precarizadas en su trabajo y esta gente, o su marca naranja, volverán a ganar. Tengan memoria cuando vayan a votar.

Sí, nadie lo dice, ningún periódico, ni ninguna radio, ni ningún/a tertuliano/a, le dedica el más mínimo espacio, pero hoy, 20 de Febrero, es el Día Internacional de la Justicia Social.
No dicen nada porque hoy es un día más de esos en los que el cinismo internacional es impresentable.
En 2007, la Asamblea General de la ONU, con grandes fastos, trompetas y alharacas, proclamó los principios fundamentales para alcanzar la Justicia Social en el mundo. Todos los países la aceptaron y se comprometieron a desarrollarlo.
Según vemos en los documentos de la ONU aprobados la Justicia Social obliga a un reparto equitativo de los bienes sociales. En una sociedad con justicia social, los derechos humanos son respetados y las clases sociales más desfavorecidas cuentan con oportunidades de desarrollo.
La justicia social, para que sea algo más que una grandilocuente declaración, necesita el compromiso del Estado para compensar las desigualdades que provocan el mercado y otras cuestiones propias de la globalización y del capitalismo. Se supone que quienes firman el compromiso deben propiciar las condiciones para que toda la sociedad pueda desarrollarse en términos económicos y sociales. Esto quiere decir, en otras palabras, que no deberían existir unos pocos multimillonarios y una gran masa de pobres pero la realidad es la que conocemos.
Es resultado de como entienden la justicia social. La derecha, aunque parezca moderna, de nuevo cuño y cambie el azul por el naranja, defiende a ultranza el liberalismo y por eso sostiene, y así lo aplica, que la justicia social está vinculada a la generación de oportunidades y a la protección de las iniciativas privadas. El estado no debe intervenir en la economía. El sector público debe ser algo marginal.
La izquierda, el socialismo, el de verdad, defiende la intervención del estado para lograr la justicia social. La izquierda señala que hay márgenes de beneficios inmorales en medio de sociedades empobrecidas y busca redistribuir la riqueza, combatir el lucro desmedido, a través de impuestos, tasas u otras medidas.
Hoy, el cinismo y la doble moral internacional, nos dan una razón más para seguir defendiendo la Justicia Social, la redistribución de la riqueza, la igualdad de oportunidades, el trabajo digno, la educación, la sanidad, la igualdad real entre hombres y mujeres, los derechos sociales, un mundo respirable. Hoy tenemos una razón más para defender el desarrollo equilibrado y sostenible y la dignidad humana. Hoy, trabajadores y trabajadoras, tenemos miles de razones más para exigir empleo digno, protección social, y los principios y derechos fundamentales en el trabajo.
No debemos asumir que la partida está decidida. No debemos aceptar que ganen las negras
Vaya frenesí viajero. Rajoy en Ave a Castellón (aunque se paró), Puigdemont por tierras danesas, Rivera haciendo las Europas para darse un barniz de lider,…….
Mientras tanto la cruel y dura realidad. Cruel y dura para algunos y algunas, para los y las de siempre.
Intermon Oxfan vuelve a dejar clara la mentira de Rajoy, la mentira de la recuperación, la mentira del “la cosa va mejor”.
Ya que se van a juntar en Davos, el Foro Económico Mundial, no está de más insistir en lo evidente: “el crecimiento económico no ha servido para reducir la pobreza ni aumentar los ingresos de los hogares”.
Esta semana Intermon Oxfam ha publicado un informe que reitera, una vez más, la dramática situación de pobreza y desigualdad en España.
La recuperación económica de la que presume D.Mariano está aumentando la brecha social. La recuperación ha mejorado 4 veces más a los/as más ricos que a los/as más pobres.
Y… ¿cómo se hacen más ricos cada vez?, pues a costa del empleo basura, de la precarización del mercado laboral, es decir, incrementando sus beneficios gracias a salarios y condiciones laborales que, cada vez, son peores. En este puñetero país, los beneficios empresariales han crecido un 200,7% en los últimos cinco años mientras que el coste laboral por trabajador/a se mantiene estancado desde 2012.
El mercado laboral, gracias a las reformas laborales de PSOE y PP, además de precarizar el empleo, ha permitido a los empresarios bajar unilateralmente los salarios. Es asquerosamente indignante que los salarios de trabajadores/as se han reducido un 15 %, mientras que los salarios más altos ha crecido un 15,18%, desde 2008 hasta 2016.
El marco laboral facilita que las empresas externalicen servicios, bien mediante empresas interpuestas, bien con subcontratas o bien recurriendo a los/as falsos/as autónomoas/as. Todo ello precariza aún más el mercado de trabajo y rebaja el salario porque un contrato en estas condiciones cobra, de media, un 31% menos de lo que recibe otro acogido a un convenio colectivo sectorial.
Esta es la verdadera realidad que se esconde tras tanta banderita, tanta pelea entre “constitucionalistas” e “independentistas” y tanto viajecito. Y no se olviden de que, además, están las mil y una tramas corruptas que siguen su devenir por los juzgados.
¿Van a pensar mejor a quien votar en el futuro?
Sigue la tormenta en el noreste, las banderas en los balcones pierden color, se arrugan y van perdiendo lustre.
Mientras, poco a poco, D.Mariano y su gente siguen jodiéndonos la vida.
Mientras nos “enrollan” con Cataluña sube la luz hasta niveles estratosféricos, siguen los empleos basura y siguen metiendo la mano en la hucha de las pensiones que es la que había gracias a las cotizaciones que habíamos aportado los trabajadores y trabajadoras de este país de pandereta.
Así, los 66.815 millones de € que había en 2011, momento en el que llega al poder D.Mariano, al final de este año va a ser de 4.509. Es decir, en 6 años, el PP se ha pulido 62.306 millones de ese fondo de reserva que aseguraba las pensiones.
La cosa no acaba aquí porque, para seguir pagando las pensiones, aunque están prácticamente congeladas, la Seguridad Social ha tenido que pedir un préstamo al Gobierno de 10.192 millones de €. Es verdad que es un préstamo sin intereses (porque es el estado el que lo da a la SS), pero es un préstamo y, por consiguiente, es una deuda más que el PP ha “endosado” a la SS. Eso da un resultado contable de que este año de 2017 el fondo de reserva queda en números rojos. Quedan 4.509 pero se deben 10.192 así que, el saldo, es -5.683.
Añadan a eso que los y las pensionistas llevamos ya unos años de pérdida de poder adquisitivo por aquello de que nos suben el 0,25 % aunque el IPC sube cada año por encima del 1,5 %.
Hay otra cuestión no menos importante. Los/as actuales pensionistas tenemos la pérdida de poder adquisitivo asegurada hasta 2022 que es hasta cuando está vigente esa “subida” del 0,25 %.
Lo que ya no se es qué les deparará el futuro a los/as futuros/as pensionistas. Pensiones siempre habrá, otra cosa es la cuantía que tengan. No sólo porque cada vez se oye hablar a más «expertos» decir que hay que ampliar, aún más, la edad de jubilación hasta los 70 años e imposibilitar al máximo las jubilaciones anticipadas, porque sigue la desaforada campaña a favor de los planes de pensiones privados. El verdadero palo es que, si las urnas no lo remedian, en 2019 entrará en vigor el factor de sostenibilidad, que supone introducir, para los/as nuevos/as pensionistas, una nueva variable a las ya existentes como son la edad de jubilación, años cotizados, cuantía, etc. Esta nueva variable supondrá tener en cuenta, al calcular la primera pensión, su esperanza de vida en ese momento y se le conoce como factor de equidad intergeneracional y se le revisará cada cinco años.
Esto significa que, como aumenta la esperanza de vida los derechos cotizados durante nuestra etapa activa nos los repartirán durante un número mayor de años, por tanto, aunque de manera global recibirán de manera equivalente a los jubilados actuales, la cuantía mensual será más reducida. Es decir, se cobrará menos al mes pero durante más años.
Pero, claro, a pesar de todo esto, de la corrupción, de la prepotencia, de la intervención de comunidades y ayuntamientos, de la ley mordaza, de mantener a curas y reyes, la gente les sigue votando. por eso se ríen.

Otoño, ese espacio temporal a caballo entre el verano y el invierno. Nos avisaron de que este otoño sería más caliente y húmedo de lo normal. Nos dijeron eso, al tiempo que, el planeta sigue avisando de que va mal, de que hay que tomarse en serio lo del cambio climático.

Es verdad que, hasta la semana pasada, el otoño era caliente. Lo digo desde el punto de vista climático aunque, como es sabido, en lo social y en lo político también ha sido, y será, caliente. Pero el otoño se volvió frío, muy frío.

Desde la ventana, mirando el cierzo y el Moncayo nevado, me acordaba de esos versos de Benedetti:

“aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha”

Y pensaba, en quienes no encuentran empleo aunque lo buscan, en quienes pasan frío porque no pueden pagar la factura de la luz, esa que es la más cara de Europa, pensaba, también, en que no cesan los asesinatos machistas, en que al mismo tiempo que en Argentina condenan a los asesinos a cadena perpetua, aquí, nuestro Presidente, dice que no entiende por qué quitan del callejero a militares golpistas y defensores de la dictadura asesina. Se me cruzaban, también, las imágenes del PP en el banquillo, de la lista de tramas corruptas y… ví a un hombre, con un carrito de un supermercado, abrir un contenedor de basura y empezar a buscar.

Y pensé en ese circo recurrente en el que nos embarcan cada día para hacernos creer que las cosas importantes son esas de las que se habla en las tertulias, esas de las que hablan las portadas de la prensa “seria”. Tertulias y portadas lejos de esa realidad cotidiana que vive la mayoría de la gente. El cierzo alborota un montón de hojas que, siguiendo el ritmo de la vida, han caído después de haber cumplido su función. Cada hoja lleva su historia escrita, igual que cada persona.

Las personas, a diferencia de las hojas, no cumplen su función en cada estación del año. Las personas tienen derecho a vivir, les dicen que les protege una Constitución que les da derecho a empleo, a vivienda, a educación, a sanidad. Les dicen que les da derecho a una vida digna, a una vida sin el futuro congelado, sin esa escarcha diaria que les hace sentir las dentelladas de la pobreza. Pero les engañan. No hay más que ver los datos.

¿Cuantas personas hay que tienen el futuro lleno de escarcha, a punto de congelarse y no queda sitio en su vida para la belleza?. Muchas, demasiadas. Más cada vez, más cada día.

¿Saldremos algún día de este otoño permanente?

 

 

Lo he dicho por activa y por pasiva. Lo he dicho, y demostrado, en los 15 años de trabajo público, lo he ratificado en multitud de ocasiones.

No soy nacionalista, en absoluto. Pienso, siempre lo he pensado, que el nacionalismo es un invento de las clases burguesas para consolidar su estamento y posición y, por eso, siempre me he considerado integrante de la clase trabajadora. Los trabajadores/as, seamos catalanes, vascos, aragoneses, castellanos, andaluces o madrileños, somos eso, trabajadores/as. Formamos parte de la clase trabajadora y sabemos que las fronteras, generalmente, no nos aseguran mejores salarios, ni mejores condiciones de vida.

No se me olvida, es una consecuencia de tener ya unos años y de una vida vivida, el apoyo que próceres del actual nacionalismo catalán, al igual que del vasco, han prestado a esas salvajadas del neoliberalismo que los gobiernos del PP y del PSOE, fieles y obedientes a los designios de la troika, han puesto en marcha y nos han jodido la vida, y las pensiones, y el empleo, y la educación, y la sanidad. Nos la han jodido por igual a catalanes/as, vascos/as y a todos/as los demás.

Para no aburrir. Tampoco soy independentista, ni lo seré, por mucho que se empeñen.

¿Entonces, me preguntan, me increpan, me acosan, por qué no apoyas al Gobierno?, ¿por qué no apoyas el 155?, ¿por qué pides la libertad de los jordis?.

Ya lo decía Machado, “en España, de cada 10 cabezas, 9 embisten y una piensa”.

No apoyo al Gobierno porque es el Gobierno corrupto que, para desgracia y vergüenza nuestra, nos ha llevado a esta situación con su incapacidad, con su soberbia, con sus mentiras y sus engaños. No apoyo el 155 porque me parece un despropósito, me parece un bidón de gasolina echado sobre el fuego. No lo apoyo, además, porque es la prueba evidente de un fracaso y de una tomadura de pelo. Se viste de “constitucional” pero lo que se va a hacer es el resultado de lo que han pactado, en una mesa camilla, PP y PSOE que, una vez más, “interpretan la constitución”, esa Constitución que han pervertido al cambiar su artº 135 y esa Constitución que incumplen ya que no garantizan los derechos básicos de buena parte de la ciudadanía.

Nadie me pregunta si apoyo al Govern porque dan por supuesto que sí, lo cual es falso. Dan por supuesto que, en la lógica simplista del están conmigo o contra mí, si no apoyo a Rajoy y sus mariachis, estoy apoyando a Puigdemont y los suyos. Pues no, dejen de embestir y, a ser posible, utilicen esa capacidad que, dicen, la naturaleza nos ha dado a los seres humanos. No apoyo al Govern, me parece tan tramposo, incapaz, soberbio y desgraciado para la clase trabajadora como el Gobierno.

Defiendo, y por eso lo digo e intento explicar, que no pueden hablar de legalidad quienes son corruptos, y lo son el PP y el PDCAT (antigua CiU). En este sentido es más reprobable que quien más fuerza tiene, más la emplee. Rajoy, y los “constitucionalistas” están “imponiendo” la razón a la fuerza, a palos, a detenciones, a prohibiciones. Por eso pido la libertad de los “jordis”, porque, al igual que sindicalistas, titiriteros, twuiteros/as,.. no han  cometido delito alguno.

En resumen, no apoyo una medida quirúrgica salvaje como es el 155 aunque 9 de cada 10 cabezas lo apoyen. Se que, una vez más, estoy en minoría. Se que el patriotismo, el fervor nacionalista y popular de apoyo a los nacionalismos enfrentados, es mayoritario. Pero seguiré pidiendo diálogo y negociación y seguiré defendiendo que solamente con una Constitución nueva, no con una retocada que proponen PP y PSOE y bendice el Borbón, puede abrirse la puerta a un Nuevo País en el que primen la libertad, los derechos sociales y la democracia. Para mi, no se para cuantas cabezas más, ese país debe ser una República Federal, una República que permita, desde el reconocimiento de la plurinacionalidad y pluriculturalidad, un proyecto común que, desde la diversidad, hayamos construido juntos y juntas.

Es una palabra que, últimamente, se utiliza mucho, está en muchas conversaciones y, más allá de las banderas imperiales que dicen que nada de nada, que la patria es una e indivisible, lo cierto es que un referéndum, con toda la legitimidad y garantía necesaria, era lo único que pudo haber evitado el follón que tenemos.

Cuando superamos la víscera y nos ponemos a hablar, sale aquello de “un referéndum que no convoque el Estado es ilegal”. Si vamos a nuestra Constitución, a esa que no es de “todos/as los/as españoles/as” sino que es “para todos/as los/as españoles/as”, vemos que el artº 92 dice que “Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos” y añade el referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados”.

No entro ahora, ya se sabe que opino que sí, en la necesidad de una nueva Constitución que salga de un nuevo proceso constituyente. Me ciño al marco constitucional vigente que, por otra parte, es el que invocan los “constitucionalistas”, tanto si ponen bandera en el balcón como si no. Es evidente que en este marco nada, salvo el empecinamiento, estrechez de miras o el partidismo sectario, impide un referéndum pactado. En el Congreso, sede de la soberanía popular, se pudo hablar, dialogar, acordar, negociar,… y al final autorizar la forma y el modo de hacerlo, pero no se quiso, o no se supo. Siempre que ha salido este tema se ha aplicado el rodillo del bloque constitucionalista que, además, se ha reforzado con el Tribunal Constitucional (TC). Un inciso, el TC lo forman 12 miembros, 4 a propuesta del Congreso (los elige la mayoría), 4 a propuesta del Senado (los elige la mayoría), 2 el Gobierno y 2 el Consejo General del Poder Judicial. Saquen vds. las conclusiones que quieran sobre la “independencia” del máximo órgano constitucional español.

Volviendo al referéndum, en España, en los 40 años de democracia, se han hecho 3. El de 1978 para la propia Constitución, el de 1986 sobre la OTAN, ¿se acuerdan?, fue aquel de “OTAN, de entrada NO”, y ya ven donde estamos, y el de 2005 sobre la Constitución europea que luego no entró en vigor. Ni uno más, aunque el “bloque constitucionalista” ha tomado, sin preguntar, decisiones realmente importantes.

Decisiones como entrar en la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea) en 1986, entrar en el Euro (2002), entrar en la guerra de Irak (2003) o lo que hicieron PP y PSOE en una tarde de Agosto de 2011 que, por si no lo recuerdan fue cambiar el Art º 135 de la Constitución para elevar el ajuste del gasto social a la categoría de “constitucional”.

A mi me parece que todas estas decisiones han sido de especial trascendencia y merecedoras de haber dado a la ciudadanía la oportunidad de expresarse.

Pero vamos, es evidente que al Régimen, a la Corona y a los partidos que sustentan el tinglado les va mejor que la gente solo opine cada 4 años en las elecciones. Por eso, aquí en este país, tenemos una regulación del referéndum muy restrictiva y las formas de participación de la ciudadanía, en este marco constitucional, se limitan a votar cada 4 años.

Pero lo cierto es que el referéndum es una forma de democracia directa que aquí no podemos ejercer. Esto al bloque “constitucionalista” no le preocupa demasiado, están muy cómodos con lo que hay y, por eso, de la mano, bloquean cualquier intento de cambio.

Por eso, aprovechando la circunstancia, criminalizan el “derecho a opinar” que no es ni más ni menos, en una democracia, que el derecho a decidir. Eso sí, mientras aquí apenas se utiliza, en otros países se profundiza, desde hace años, en esta forma de democracia directa. Por ejemplo: Austria, Dinamarca, Finlandia, Irlanda y Suecia sometieron a referendo su ingreso en la UE, Inglaterra sometió a referéndum si salía (Brexit), recuerden el referéndum de Islandia sobre si se rescataba a los bancos y está todavía en la memoria de mucha gente el que hizo Syriza en Grecia (más allá de lo que pasó después).

Destaca, sobre todos los países, Suiza. Ese país que tanto conocen las gentes implicadas en tramas corruptas y evasión de capitales. En Suiza bastan 50.000 firmas para que se someta a referéndum una Ley ya aprobada en el Parlamento, y bastan 100.000 firmas para someter a referéndum si se mantiene, o se hace una nueva, la Constitución. Ello hace que, en Suiza, haya una media de 10 referendos al año.

Podría seguir citando ejemplos, en Francia, en Italia, en Noruega,… pero creo que es suficiente.

En resumen, tenemos derecho a decidir. Tenemos derecho a dar nuestra opinión. Volviendo a la cuestión por la que he iniciado el tema. Yo, que no soy nada independentista, defiendo mi derecho a decir NO al igual que defiendo el derecho a decir SI de quienes opinen de forma distinta a la mía.

Reitero, un referéndum, con toda la legitimidad y garantía necesaria, era lo único que pudo haber evitado el follón que tenemos. En estos momentos sigue siendo la única manera de resolverlo.

Los dos únicos referendos hechos en los 39 años de vigencia de la Constitución