Adolfo Barrena Salces

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Público

“para la libertad sangro, lucho, pervivo”.

Es un verso de Miguel Hernández. Forma parte de un poema titulado El Herido y es el primer verso de la segunda parte del poema. Conocemos la versión, excelente por cierto, que hizo Serrat de ese compromiso con la libertad que Miguel Hernández plasmó en su poema.

Hay una estrofa, de esa segunda parte del poema, que no incluyó Serrat en su versión, que apenas es conocida y que dice así:

“Para la libertad me desprendo a balazos

de los que han revolcado su estatua por el lodo.

Y me desprendo a golpes de mis pies,

de mis brazos, de mi casa, de todo”.

En ella, con la intensidad de su verso, el poeta del pueblo refleja como lucharon por la libertad que el fascismo imponía a sangre y fuego. Lo hicieron a balazos y dejando todo, hasta la vida, para intentar parar a la bestia fascista.

¡¡Libertad¡¡. Cuanta gente habla de ella sin saber lo que es, sin haber sentido la represión, sin haberse visto sin derechos. Cuanto y cuanta bocazas hay hoy en día manchando y violando esa palabra y, lo que es peor, utilizando sin vergüenza alguna el concepto de libertad.

Ayer, esta populista y charlabarata aspirante a seguir gobernando Madrid, explicó que es la libertad para ella y para quienes le aplauden. Decía Dª Isabel: “Aunque madrugue y sufra, por las tardes compro donde quiero, consumo donde me dé la gana. Y si voy a misa, a los toros o a la última discoteca lo hago porque me da la gana. Vivo en Madrid y por eso soy libre”.

Está claro que defienden la libertad de consumir, de comprar, de ir de marcha, o a los toros o a misa. Les importa una m—-a la gente que no puede comprar ni consumir, mucho menos ir de marcha o a los toros. ¿Cree alguien que por esta “libertad” se luchó contra el fascismo?, ¿que por esta “libertad” se resistieron los 40 años de dictadura franquista?, ¿que por esta “libertad” nos manifestábamos en pleno franquismo reclamando Amnistía y Libertad?.

Esta gente no entiende que Libertad es ser libre, no un consumidor o consumidora. No tienen ni puñetera idea de que se es libre cuando se tiene un empleo decente, una vivienda digna, te puedes calentar en invierno, no tienes que ir a las colas del hambre para comer, tus hijos e hijas tienen una escuela pública de calidad, tienes una sanidad en condiciones, una pensión digna cuando acaba tu vida laboral, puedes dejar de sentir miedo al machismo, puedes vivir tranquilamente tu orientación sexual, no tienes miedo a quienes vienen buscando una oportunidad, no sufres adoctrinamiento de curas o patriotas y puedes planificar sin ataduras tu proyecto de vida.

Pues eso, ya queda menos para el día 4, ya queda menos para ir a votar. Hay que ser muy poco amante de la libertad para votar a quienes te dejarán tomar cañas, pero te joderán la vida.

¡¡feliz miércoles¡¡

Mientras nos tienen entretenidos/as con ese lío de las vacunas, con los datos de la pandemia y con ese circo diario que es la campaña de las elecciones madrileñas, la derecha, sigue haciendo lo que siempre ha hecho.

Dos noticias se colaron ayer  a las que nadie les ha dado la mayor importancia pero que, al menos a mí, me parecen dignas de análisis.

La presidenta madrileña, además de marcarle al paso y el programa al candidato del PSOE (que pena oír a Gabilondo decir que no subirá impuestos y que él tampoco habría cerrado los bares), gana votos con esas cosas del bolsillo y la cuenta corriente.

Dice que bajará más todavía el impuesto de sucesiones y donaciones. La rebaja de ahora es de 30 millones que beneficiará a 11.000 madrileños/as. Por supuesto esos/as 11.000 madrileños/as que van a ver rebajado su impuesto son quienes más patrimonio y fortuna familiar tienen (por eso pagan un impuesto por sus rentas y patrimonios). Esos/as 11.000 receptores/as del nuevo regalo es el 0,16 % de la población madrileña. Ya lo ven, una medida a medida de amiguetes/as.

El 0,16 % se ahorra impuestos que van a sus saneadas economías. El 99,84 % restante seguirá sufriendo las carencias en la sanidad, la educación, el transporte público, la dependencia y demás.

El Presidente castellano-leonés, también del PP, anuncia otra rebaja del impuesto de sucesiones en su territorio. En este caso el regalito a las clases pudientes es de 25-30 millones, no lo ha cuantificado exactamente, que beneficiarán al 0,4 % de la población castellano-leonesa. Es decir que aquí el regalo a esa minoría acaudalada lo sufrirá el 99,6 % que verán como siguen empobrecidos los gastos sociales.

Tanto una, como el otro, dicen que esa medida permitirá ahorrar.

Es evidente, ahorran quienes más tienen, la “broma” la paga el gasto público. Eso se llama trasvasar dinero público, dinero de todas y todos, a la cuenta corriente de unos/as pocos/as que, casualmente, son quienes más disponibilidad económica tienen.

Lo asombroso, lo kafkiano, lo valleinclanesco, es que esta gente recibe el voto de millones de gentes que les aplauden hasta con las orejas cuando “quitan impuestos”.  Estas mismas gentes que rebajan impuestos, las gentes que les votan por eso, son las mismas que reclaman más ayudas públicas, más becas, más sanitarios/as, más maestros/as, más hospitales, más residencias, más… No se a que escuela han ido que no les han enseñado que 3 menos 2 no puede ser 5.

Pero claro, esta es una consecuencia de tener un sistema educativo que no favorece el conocimiento y la formación sino que desarrolla la ignorancia, sobre todo la ignorancia social y política.

Pero vamos, así es este puñetero país.

Mientras la cosa pública, la prensa, las redes, las tertulias y todo el aparato, están volcados en el tema de las vacunas, sobre todo y especialmente con el circo montado en torno a la de AstraZeneca, ayer en el Congreso se aprobó la Ley del Cambio Climático.

Tiene que ir todavía al Senado, pero el apoyo recibido parece asegurar que este país, a los cinco años de la firma de los acuerdos de París sobre el clima, va a contar con una Ley específica para tratar de luchar contra el cambio climático.

Se cumple así uno de los acuerdos y compromisos firmados por PSOE y Unidas Podemos para la acción de Gobierno. Justo es reconocer, igual que hablamos de los incumplimientos, que en este caso ha habido acuerdo.

Esta Ley, que está pasando desapercibida, va a ser la primera norma, con rango de Ley, de este país que obliga a tomar medidas para mitigar esa pandemia que sufrimos, para la que no habrá vacunas, del calentamiento global.

No me engaño. Me parece una buena Ley, pero se que se podía haber sido más ambicioso en los planteamientos. Pero soy, como siempre lo intentado, realista.

No hay más que ver que esta Ley, sobre un problema global que todos y todas reconocemos, no ha salido por unanimidad. La han apoyado PSOE, Unidas Podemos, Ciudadanos, Bildu, Teruel Existe y Esquerra Republicana. Pero han votado en contra los/as negacionistas de VOX y se han abstenido el PP y Más País.

Ya ven lo que pasará si hay un cambio de Gobierno, lo digo por algo que siempre recomiendo. Su voto es suyo, miren a quien se lo dan. Porque mientras les hablan de patrias y banderas, de volver a rezar en las escuelas, de abrir los bares y chiringuitos, su programa real es el de siempre, el del capitalismo salvaje.

Por otra parte, siendo realistas, también pondrán palitos en la rueda quienes, como nuestro Gobierno de Aragón, siguen queriendo destrozar valles del Pirineo para llenarlo de estaciones de esquí.

Con todo, aunque como siempre se le pondrán peros, esta ley que tiene 36 artículos, tiene dos fechas clave para su desarrollo: una, 2030, cuando España deberá reducir un 23 % las emisiones de efecto invernadero respecto a 1990 y otra, 2050, año para alcanzar la neutralidad climática.

Además, prohibirá los sondeos y prospecciones de combustibles fósiles, obligará a que todas las ciudades de más de 50.000 habitantes tengan una zona de bajas emisiones en 2023, impulsará la rehabilitación energética de los edificios y el despliegue de las renovables (ambas acciones claramente favorecedoras de creación de empleo local. Esta ley, cuando llegue al BOE y entre en vigor, pondrá una barrera frente al negacionismo del cambio climático y tendrá claras repercusiones en los modelos del sistema eléctrico y de la planificación del futuro urbanismo.

Me parece una Ley muy importante que debería ser conocida bien por la gente. Pero, ya lo ven, de esto hay muy poco interés en hablar.

Hay campaña electoral en Madrid. La ayusada es de calado. Con los peores índices de la pandemia, sin presupuestos y vaya vd. a saber cuando los habrá, sin resolver la gestión de las ayudas que vienen de Europa, Dª Isabel revienta todo y convoca elecciones.

Ahora reaparece el “jefe de la oposición”, de pronto, D.Angel, ese que ha estado desparecido en todo este tiempo, sale a la palestra porque es el cabeza de lista del PSOE y porque, se supone, es quien quiere dar la batalla para evitar ese posible gobierno de Dª Isabel con los neofascistas de VOX.

Bueno, pues D.Angel, y el PSOE, para poder sumar (saben que una mayoría absoluta es imposible) se refugian en ese invento socialdemócrata del centro derecha y, a todo tirar, quieren apoyarse en esa izquierda domesticada y sensata que fue capaz de reventar la izquierda madrileña y facilitar el gobierno a la derecha.

Dice D.Angel que con Unidas Podemos nada de nada, que no le gustan los “radicales ni los extremistas“. Que con Ciudadanos (aún no se ha enterado de que no son nada) y con Más País, que si.

Lo cierto es que, con sus aciertos y errores, Unidas Podemos ha defendido, con vehemencia, empeño y contundencia, lo que lleva en su programa y lo que está acordado con el PSOE para entrar en el Gobierno. Por eso defiende el derecho a la vivienda, la subida del SMI, las pensiones dignas, subir impuestos a las rentas más altas, priorizar la enseñanza y sanidad públicas, y demás cuestiones del escudo social que no acaba de desarrollarse por trabas y cuestiones burocráticas. Defiende, también, que se investiguen los trapicheos y delitos fiscales del emérito y que se vaya poniendo fin a los privilegios de la Iglesia. Todo eso a D.Angel le parecen “radicalismos” y le lleva a afirmar que con “esta gente” nada de nada, que está más cómodo con la moderación.

Bueno, una pena que el “reaparecido” sea incapaz de ver la realidad. Se ha acabado el bipartidismo que ha tenido el poder en estos 40 años de democracia. El centro equidistante no existe. O se está en un lado o en otro. Ahora mismo en Madrid, y en todo este puñetero país, tan solo hay dos opciones: La derecha reforzada por el neofascismo o el bloque progresista. Observen que no digo la izquierda. La izquierda, la real, la que mantiene el ideal de la transformación de la sociedad, para nuestra desgracia, no tiene apoyos suficientes para ser la opción mayoritaria. Algunos/as reclaman quedarse en las trincheras para defender el rh del izquierdismo a salvo de posibles contaminaciones. Pero lo cierto es que la izquierda tiene que hacer una profunda reflexión, identificar las causas del alejamiento de la clase trabajadora y abrir un proceso de recuperación de espacios.

Hoy, la única alternativa posible al tandem PP-VOX es un bloque, frente, coalición, entendimiento o como quieran llamarlo, de las fuerzas progresistas, incluido el PSOE. Excluir a la izquierda, y justificarlo por su carácter extremista, es un error de bulto. Primero porque su concurso es necesario para frenar a Ayuso y sus aliados/as, lo segundo porque definir extremistas las luchas y reivindicaciones más sociales es reconocer que al PSOE ya le sobra alguna de sus siglas.

No tengo ninguna duda de que, si hay posibilidad de echar a Dª Isabel, y para ello hacen falta los escaños de Unidas Podemos, ahí estarán. Estarán a pesar de los remilgos de D.Angel y de los miedos del PSOE a los “radicalismos” que defienden las políticas sociales.

No se despisten con estos juegos oportunistas y vayan a votar. La derecha, la extrema y la fascista, va a hacerlo. Hay una oportunidad de frenar a la derecha y al fascismo. Esa oportunidad la da el voto de cada uno/a. Hay que ir a votar para sacar a la derecha extrema y a la extrema derecha del Gobierno.

Dice el artº 47 de la Constitución: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Hoy, y ayer, y todos los días, nos vuelven a abrasar con aquello de las riñas en el Gobierno. No se si se han dado cuenta, pero siempre, de estas riñas, responsabilizan al socio minoritario, a Unidas Podemos. Es una maniobra, se creen que sutil y sibilina, para ir preparando el terreno para que haya un cambio de las alianzas que posibiliten la tranquilidad en el Gobierno.

Sobre la vivienda. Además de lo que dice la Constitución, que como con tantos otros derechos no es más que un papel escrito muy bien intencionado, pero absolutamente ineficaz porque – ya lo ven – declarados constitucionalistas permiten que se incumpla; porque son lacayos serviles del sistema, del capitalismo, está el acuerdo de Gobierno firmado entre PSOE y Unidas Podemos que, en su medida 2.9.3, titulada: “Frenaremos las subidas abusivas del alquiler” se recoge la necesaria regulación del mercado de la vivienda de alquiler.

La riña de ahora es por la vivienda, por como se ha convertido en un objeto de mercado en vez de garantía de un derecho. Más allá de los negocios y pelotazos del ladrillo, está el de los alquileres especuladores que permiten a los/as rentistas engordar sus cuentas corrientes.

Y no me cuenten eso del señor o señora que, con sus ahorros ha podido comprar tres pisos. Eso no le da derecho a cobrar por el alquiler de uno de ellos el salario de una persona.

Bueno pues para el PSOE, cumplir la constitución y su compromiso de pacto de Gobierno, es dar bonificaciones fiscales al/la rentista que baje un 10 % el alquiler. No se crean que una pequeñita bonificación fiscal. Propone, nada más y nada menos, que una bonificación del 90 %.Vamos, que un/a rentista, o esos fondos buitre que han acaparado viviendas, puede seguir haciendo negocio con los alquileres y encima se ahorran impuestos.

Yo, si estuviera en activo como maestro, se lo explicaría así a mis alumnos/as.

Punto de partida: a).- La vivienda es un derecho y, como es un derecho constitucional, debe garantizarse a todo el mundo una vivienda digna. b).- Mucha gente, especialmente la gente trabajadora, no tiene vivienda propia y tiene que vivir de alquiler. c).- Los alquileres han subido tanto que mucha gente no lo puede pagar. Mucha gente es desahuciada por ello y mucha otra, especialmente jóvenes, no puede emanciparse.

La cuestión es: Además de que hace falta mucha vivienda social, hay que conseguir que baje el precio de los alquileres . Sobre esto dos opciones:

1.- Unos/as quieren que se regule el precio para que no haya alquileres abusivos.

2.- Otros/as quieren pagar con dinero de todos y todas la bajada del alquiler para que el/la propietario/a no pierda nada.

Ahora dos preguntas:

Pregunta 1ª.- ¿Cual crees que la medida más efectiva y más justa?

Pregunta 2ª.- En el caso de la rebaja del alquiler porque se le perdonan impuestos al/la rentista ¿quien paga la rebaja?.

Dejaría que ellos/as sacaran sus conclusiones y favorecería un debate sobre las diferentes respuestas que, seguro, las habría. Al final, aunque no hubiese una posición común, todos y todas sabrían de lo que se habla, conocerían los argumentos de ambas partes y habrían tenido elementos para tomar su posición propia.

Ya se que no estoy en activo y que Vds. no son mis alumnos/as. Pero no debería ser obstáculo para que se fijaran en lo importante, para que se respondieran a las dos preguntas y para que decidieran si hay o no hay motivos para una riña más en el Gobierno.

De paso, si es posible, identifiquen con cual de las dos están más de acuerdo y, cuando toque, voten en consecuencia.

Hoy, 18 de Marzo, es el 150 aniversario de aquella vez en la que los parias de la tierra, los trabajadores y trabajadoras, en un proceso revolucionario, tomaron el poder y crearon su propio Gobierno. El Manifiesto que establecía la Comuna decía: “…los proletarios de París han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder…”.

Francia y Prusia estaban en guerra, el conflicto eran las fronteras en la zona de Alsacia y Lorena. Napoleón III quiso utilizar la guerra para asentar y reforzar su Gobierno y ganar influencia en las relaciones con los demás estados de Europa. Le salió mal la jugada, perdió la guerra y provocó una grave crisis social en Francia.

Esta crisis, como las guerras, obligan a grandes sacrificios y penalidades que afectan a toda la población. Son más penalizadas las clases populares, quienes menos tienen. Así se aumenta la pobreza, la marginación, el hambre y la exclusión social.

Trabajadores y trabajadoras, de ambos lados de la frontera, rechazaban la guerra y que no quisieron ver  en el otro bando enemigos/as sino compañeros y compañeras de clase. La clase trabajadora de uno y otro lado sabía que el verdadero enemigo era quien les había metido en la guerra.

Aquella crisis salvaje quisieron resolverla los comuneros y comuneras con un proceso revolucionario. Las clases populares francesas sufrían la explotación salvaje, la precariedad laboral, un grave problema de vivienda, la mujer era especialmente oprimida y eran durísimas las condiciones de la vida degradante a la que estaban sometidas.

De esta situación nace La Comuna que tomó el poder. El Gobierno fue un auténtico Gobierno del pueblo que disolvió el ejército regular, separó la iglesia del estado y adoptó medidas para el interés general de la ciudadanía poniendo freno a los privilegios de la burguesía y de las clases altas. Fue un Gobierno integrado por delegados revocables en cualquier momento, que tenían un salario equivalente al promedio de los de los/as trabajadores/as.

La Comuna duró muy poco, un par de meses. No consiguió salir de París, y fue barrida por la contrarevolución burguesa. Más de 30.000 comuneros y comuneras fueron fusilados en una semana.

La Comuna fue aquello que tantas veces hemos cantado con el puño en alto, fueron los parias en pie que buscaban el fin de la opresión. Sabían que la esperanza  no estaba en dioses, ni en reyes, ni tribunos. Comprendieron que tan solo ellos y ellas, con su lucha, con su decisión, podían cambiar las cosas. Lo intentaron, pero no pudieron.

Hoy, siglo XXI, como pasaba en 1871, el liberalismo salvaje hace negocio con la vivienda, con la sanidad, con la educación, con las vacunas. Dividen a la clase trabajadora con la precariedad laboral con la explotación de inmigrantes a quienes pagan menos salario, dejan sin futuro a la juventud y agrandan la desigualdad social y la brecha salarial entre mujeres y hombres. Llevan a  trabajadores y trabajadoras a las guerras imperialistas que organizan para monopolizar recursos naturales y arrojan al mar, o a centros de internamiento, a miles y miles de personas que son, también, las clases populares.

Hoy. Como en 1871, como en los siglos XIX y XX, como siempre, es necesario recuperar el internacionalismo solidario de la clase trabajadora, es bueno mirar hacia atrás y ver, en La Comuna, esa necesaria lucha de clases que no ha terminado.

Interesante ver la película de Peter Watkins s

Ya perdonarán que hable, otra vez, de Madrid, de la situación preelectoral que se vive cuando tenemos una pandemia sin resolver.

No diré la opinión que tengo sobre la decisión de Pablo Iglesias. No me parece que sea importante en estos momentos porque ya está tomada y no creo que necesitemos enzarzarnos en un debate sobre ello. Tiempo tendremos. Ahora me parece más interesante, más necesario, más militante y más urgente recordar que quedan 50 días para votar. Pero que el calendario electoral reduce hasta la mitad los plazos para:

– Registrar Coaliciones (si es que las va a haber)

– Presentar las candidaturas.

Lo establece la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG). Debe ser así para poder cumplir los plazos legales de posibles reclamaciones o subsanaciones y para que estén en tiempo y forma las papeletas de voto para el día de las elecciones. Quiere decir esto que esa necesaria unidad de la izquierda, ese frente común, o frente popular, o como quieran llamarlo debe quedar resuelto en 20 días. Si no, por mucho que nos digan que hay voluntad de entendimiento, no serán creíbles.

Esta vez no puede ser que la izquierda confronte para saber quien es más, para saber quien manda. En eso, a pesar de los desengaños, confiamos quienes queremos ver al fascismo fuera de nuestras instituciones. Ese, a mi juicio, debe ser el debate y lo que ocupe nuestra atención y los esfuerzos.

La experiencia que tengo en estas cosas me dice que es necesaria una fuerte dosis de prudencia, un mucho negociar que, si se quiere que acabe bien, no puede hacerse a través de los medios de comunicación ni de las redes sociales, que se necesita mucho diálogo y, sobre todo, responsabilidad y generosidad.

Estamos ante un momento en el que Madrid va a ser la piedra de fuego para saber si la izquierda es capaz de estar a la altura o, como hemos visto en los últimos años, se deja llevar por los egos y personalismos que, además de fragmentarla, han llevado a la derecha a gobernar. En Madrid y en otros sitios, aunque solo se hable de la capital del reino.

Sería imperdonable no ser capaces de presentar un bloque unitario, al menos dos (PSOE y toda la izquierda del PSOE), que devolviera la ilusión y la esperanza de cerrar el paso a la derecha extrema y a la extrema derecha. Así que, compañeros y compañeras de la izquierda, déjense de florituras, de sobreactuaciones, de declaraciones cruzadas, de mandarse mensajes desde los platós, o desde las redes. Pónganse a trabajar y háganlo con voluntad de acuerdo.

Socialismo o Libertad. Esas son las dos alternativas que da a madrileños y madrileñas ese personaje que gobierna, todavía, en Madrid.

Como madrileño, ya lo saben, bueno para ser exacto vallecano, siento Madrid. Allí nací, me crié, sufrí la escuela nacionalcatólica, viví el primer amor de adolescente, mi primer trabajo, las primeras huelgas y manifestaciones, la resistencia colectiva y organizada contra el franquismo,… allí me hice mayor. Como he vivido la dictadura se muy bien lo que es la libertad. Puede, y perdonen la licencia, que mejor que mucha de la gente que habla de la libertad hoy en día. Desde luego mucho mejor que Dª Isabel.

Me siento madrileño y, por eso, me duele Madrid, me duele ver en manos de quien ha caído. Seguro que, como aquí en la Zaragoza que vivo, la izquierda con sus luchas cainitas, con sus egos y personalismos, ha ayudado algo. Se, también, no voy a fustigarme demasiado, que la lucha de clases, esa que que no ha terminado, nos la va ganando el capitalismo.

Dicho esto me “china” mucho esa frase trumpiana que ha soltado la actual “baranda” madrileña. Dice la buena señora que convoca elecciones para que puedan elegir entre socialismo y libertad. Con esto vuelve a tratar al personal de “fanegas” aunque, lo más probable es que la ínclita no superase la asignatura de Educación para la Ciudadanía y no sepa lo que es el socialismo. Por otra parte, el concepto de libertad que tiene esta gente creo que tiene muy poco que ver con ella. Se es libre cuando tienes, como mínimo, un trabajo digno, un sueldo decente, una vivienda sana y garantizados los servicios públicos básicos de sanidad, educación y dependencia. Pero no van por ahí las políticas del peperío ni de las gentes que lo apoyan. No eres libre si dependes de un empleo que, además de ser precario, está mal pagado. Ni eres libre cuando hace “biruje ” y te han cortado la luz. Ni lo eres cuando vas a la “trena” por escribir un tw, cagarte en dios, cantar una canción o decir que los borbones son unos ladrones.

La cosa de la libertad, en esta sociedad machista, todavía es más dura para las mujeres que sufren los asesinatos y las violencias machistas mientras Dª Isabel gobierna “a pachas” con negacionistas de esta salvajada, que sufren la brecha salarial. Aunque no vivo en Madrid se que Dª Isabel, D.José Luis, D.Pablo y demás “barandas” del peperío están en contra del aborto libre y gratuito, de la muerte digna, de derogar la reforma laboral, de acabar con los privilegios de la iglesia, de meter en cintura a los Borbones,…. Se, también, que bloquean renovar el poder judicial porque están “chachi” con el que hay. Vamos, que tengo toda una lista de ejemplos en los que, además de “chinar” la libertad, pisotean los derechos del personal.

Socialismo y Libertad no son dos cuestiones antagónicas. No pueden convertirse en dos opciones. El socialismo nos lleva a la libertad por una simple cuestión. El socialismo, estructuralmente hablando, es más justo que el capitalismo. El capitalismo, como los curas, te dice que eres libre de cumplir sus mandamientos, pero si no los cumples quedarás marginado/a, caerás en el infierno de la pobreza y las pasarás putas para llegar a fin de mes porque el capitalismo da libertad para explotar a la clase trabajadora, para evadir impuestos, para “trincar” mordidas y comisiones, para privatizar la sanidad y la educación, para arrasar bosques y playas, para que la brecha salarial se agudice, para que “pringuen” bien las eléctricas y las empresas del IBEX.

Lo preocupante es que eso que ha dicho Dª Isabel es lo que piensan las derechas, la extrema y la ultra, y es lo que piensa ese poder fáctico que son los mercados y la banca (ya ven la ironía del libre mercado). No, no se engañen, no es entre socialismo o libertad la opción. Lo dejó mucho más claro Rosa Luxemburgo cuando proclamó: Socialismo o Barbarie.

Nota.- Me he permitido incluir (van entrecomilladas) algunas de las palabras propias del argot madrileño, de esa forma de hablar que algunos/as llaman lengua cheli.

Llega la desescalada, volvemos a esa “normalidad” que algunos y algunas llaman “nueva”, como si no fueran contrapuestos esos dos conceptos. Si una cosa es “nueva”, no puede ser “normal”. Lo nuevo es diferente y, por eso, no puede ser normal, porque lo normal sigue una norma, está normalizado. Pero no es de esto de lo que hoy voy a hablar.

“Ya llega la desescalada, ya podemos viajar, ya podemos ir al pueblo”, son algunos de los comentarios más oídos. Hay otros tales como “ya se puede ir a los bares”, “ya vuelve el futbol”, “ya podremos ir a las playas y hoteles”. Cierto. El Gobierno considera controlada la pandemia y decide levantar el estado de confinamiento.

No puedo resistirme a decir que la decisión de restringir el derecho fundamental de la libertad de circulación, junto con el innegable esfuerzo y trabajo del personal sanitario y el de otros y otras trabajadores y trabajadoras que han mantenido las actividades esenciales, ha sido fundamental para evitar el colapso sanitario y decisivo a la hora de reducir las posibilidades de contagio y las consecuencias del COVID 19.

Dicho todo esto, tal y como nos siguen advirtiendo y avisando, el virus no se ha ido, sigue por ahí esperando cualquier oportunidad para atacarnos. Todos los días conocemos nuevos brotes, que se controlan, es verdad, pero que siguen llevando gente a los hospitales y que son la evidencia de que hay que seguir teniendo mucho cuidado.

La desescalada, el recuperar el derecho de movimiento, el derecho a viajar a nuestros pueblos, a nuestras segundas residencias, lleva unas obligaciones que cumplir. Esto es algo que tenemos que tener muy claro porque no es discutible. Las normas y obligaciones que haya en cada momento hay que cumplirlas.

Me dice alguna gente que esas cosas están pensadas para las grandes ciudades, que en “nuestro” pueblo las cosas son diferentes. Puede ser, es lógico pensar que en las grandes ciudades hay que tomar más precauciones, aunque vemos lo que pasa en las terrazas y bares, aunque conocemos botellones y fiestas, aunque vemos manifestaciones que no cumplen esas normas. Lamentablemente vemos que hay gente que no tiene el mínimo nivel de responsabilidad.

Así que puedo compartir eso de que “en el pueblo las cosas son diferentes”, pero lo que no comparto es esa visión particular de algunas gentes que asocian el poder ir al pueblo con “volver a la normalidad”, volver a lo de siempre, y volver al pueblo como siempre hemos ido.

Mal vamos si no entendemos, y asumimos, que no volvemos a la normalidad. Que el maldito bicho, para el que todavía no hay vacuna, ni ha funcionado la esperada “inmunidad de rebaño”, sigue por ahí, que puede acompañarnos a cualquier sitio que vayamos.

Ciertamente, se acaba el estado de alarma, podemos movernos, pero hay unos mínimos que afectan a todo el territorio, que obligan a todos los pueblos por muy pequeños que sean. Son normas de prevención, sanitarias, de limpieza y desinfección y de distancia social de seguridad que hay que cumplir porque, perdón por la insistencia, el coronavirus sigue. Ya saben que, por eso, porque el virus sigue dando vueltas, se han suprimido las fiestas patronales y los eventos que significan aglomeración de personas.

Tengamos en cuenta, al volver a movernos, al volver a nuestros pueblos, que en bares, restaurantes, hoteles, comercios… es el dueño o dueña el/la responsable del cumplimiento de las obligaciones sanitarias y, por ello, responsable de los incumplimientos. En las Iglesias es el cura. En los espacios y equipamientos públicos es el Ayuntamiento.

Aquí, en las responsabilidades de los Ayuntamientos conviene recordar la realidad de nuestro territorio.

El 55 % de quienes residimos en Aragón lo hacemos en las ciudades de Zaragoza y Huesca. Tenemos 731 municipios. El 86 % de ellos no llegan a los 1000 habitantes, de ellos hay 332 que no llegan a los 500 y 85 que están entre los 500 y los 1000.

De esos 332 que no llegan a 500 hay 210 municipios que su censo no llega a las 100 personas, y de estos hay algunos que no llegan los/as 50 vecinos/as.

Eso significa que muchos de esos Ayuntamientos, que tienen la responsabilidad de aplicar las normas higiénicas, sanitarias, de desinfección y de seguridad en sus espacios municipales, deben resolverlo sin personal, sin policía local, sin alguacil, sin cuartel de la guardia civil, sin presupuesto para este gasto sobrevenido. Por eso muchos ayuntamientos, convencidos de su obligación de anteponer la seguridad y la salud a otras consideraciones, han decidido mantener cerradas las instalaciones y no abrir las zonas colectivas porque no pueden cumplir, ni siquiera económicamente, las obligaciones que marcan las autoridades sanitarias.

Es decir, que aunque los Ayuntamientos, y las gentes que viven todo el año en los pueblos a los que ya podemos ir, se alegran del reencuentro lo que esperan es la empatía y solidaridad suficiente como para mantener ese estado de vigilancia permanente ante el virus.

Luego está la responsabilidad colectiva y la individual de cada uno y cada una. Ahí no entro, cada uno y cada una sabrá lo que tiene que hacer.

Así que sí, volvamos al pueblo, vayamos a nuestras segundas residencias, pero hagámoslo siendo conscientes de lo que nos seguimos jugando si nos relajamos del todo. Volveremos a nuestros pueblos y lo llevaremos como mejor podamos. Seguro que seremos capaces de disfrutar de nuestro pueblo, de las buenas gentes que allí nos juntamos y de los/as amigos y amigas que allí tenemos.

via AraInfo / Diario Libre d’Aragón

 

Estamos viendo, cada día más, como ese bloque que son PP y Vox intentan manipular con sus tácticas populistas.
Una persona manipuladora es aquella que, para conseguir sus objetivos, intenta dividir, sólo piensa en su propio interés, no tiene en cuenta el interés general, ni las necesidades de los demás. Quien manipula solo piensa en sí mismo, en sus deseos, en sus intereses, en el poder.
No es nuevo nada de esto. El régimen nazi tuvo en Joseph Goebbels el manipulador por excelencia. Fue el mesías de la propaganda nazi.
Un/a manipulador/a:
Cambia de opinión, y de comportamiento, en función del momento. Ejemplo: Cuando gobierno monto con fondos reservados una “policía patriótica” para fabricar pruebas falsas contra Unidas Podemos y contra el independentismo catalán. Ahora monto la de dios por el cese de un coronel de la Guardia Civil.
Culpabiliza a los/as demás y no asume sus responsabilidades. Ejemplo: La sanidad pública está transferida a las CCAA y ha sido recortada y maltratada por las políticas neoliberales. Ahora digo que la culpa, hasta de los muertos, es del Gobierno que lleva tres mese gobernando y sin presupuestos.
Critica y destruye sin dar una alternativa. Ejemplo. Gobierno en Madrid, mis correligionarios/as gobiernan en EEUU, Brasil…., lugares donde más letal está siendo la pandemia, pero Vdes. no saben “con nuestro Gobierno no habría habido muertes”, pero ¿conocen alguna propuesta?.
Divide y miente sin rubor. Ejemplo: Ponen la bandera como frontera, culpabilizan a las medidas sociales de provocar una nueva invasión de inmigrantes y a una movilización, la del 8 M y de paso al movimiento feminista, de la pandemia.
Goebbels decía: “si no puedes negar las noticias, inventa otras que las distraigan”. Ejemplo. Se está controlando la pandemia, llevamos dos días en los que ya no hay muertes, se ha mantenido el estado de alarma que ha demostrado su efectividad en el control de la pandemia, se ha aprobado el Ingreso Mínimo Vital, los ERTES han frenado la destrucción de empleo, los/as autónomos/as reciben ayudas… pero consiguen que se hable de mandos de la Guardia Civil.
Goebbels tenía una táctica., la llamaba “principio de la exageración y consistía en convertir cualquier anécdota en una amenaza grave. Ejemplo. Todos los días oímos que este gobierno socialcomunistabolivariano destruye España y nos convierte en Venezuela. Las facheroladas, con centenares de personas, se han convertido en “grandes y multitudinarias” manifestaciones por los derechos y libertades. Hay un clima de tensión y confrontación que nos divide pero que solo está en el Congreso, en las tertulias, en la prensa y en las redes sociales agitadas por profesionales del bulo y la mentira.
Recuerden, finalmente, que Goebbels fue quien dijo: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Ejemplo. Este Gobierno es ilegítimo. Pero este Goibierno surge de unas elecciones y de una mayoría que lo respalda en el Congreso.
Pues nada, recuerden que cuando se actúa y piensa bajo la influencia de otro/a, no somos libres e independientes, somos personas manipuladas. Para tener criterio propio tenemos que tener claro nuestros límites y decidir si queremos, o dejamos, que nos manipulen.