Morir dignamente es un derecho, y como tal debemos reivindicarlo.

Tenemos derecho a decidir sobre nuestra muerte, porque forma parte de nuestra vida.

El caso de María José y Ángel, conocido en estos últimos días, ha devuelto al debate público la necesidad de una Ley de Eutanasia

Dos de los derechos más inviolables que, como personas, tenemos son el de la vida y el de la libertad.

Precisamente por ese doble derecho, inalienable, cuando el de la vida está gravemente afectado por unas condiciones de salud extremas e irreversibles, cuando la existencia depende de medios extraordinarios, o de estar conectado/a a máquinas de supervivencia, o sometido/a a estados vegetativos, debemos ser honestos y resolver un dilema. En estos casos ¿estamos procurando por la vida? o ¿estamos prolongando innecesariamente la agonía?.

Es entonces cuando, en función del derecho de libertad, la persona afectada debe tener derecho a elegir una muerte digna. Este derecho es inseparable del derecho a una información veraz y rigurosa que, ante una situación irreversible o terminal, permita decidir con el necesario conocimiento de causa si decidimos morir, si renunciamos libre y voluntariamente a una no deseada prolongación de nuestra existencia. Y aquí viene el derecho a morir con la misma dignidad con la que se ha vivido, derecho que significa decidir el momento de nuestra propia muerte con la misma autonomía que hemos tenido en nuestra vida. El concepto de morir dignamente, así como el de ayudar a morir dignamente, debe ser entendido como el respeto a la decisión de la persona que elige cuándo morir.

Asegurar la plena dignidad de la persona en todo su ciclo de vida nadie lo discute, ¿por qué discutir su derecho sobre su propio proceso de muerte?.  Una Ley de Eutanasia, de Muerta Digna, es necesaria en un estado democrático porque desarrolla derechos y determina deberes. Debe regular, y garantizar, derechos de la ciudadanía, derechos del paciente, y deberes del personal sanitario, atribuyendo obligaciones, también, para las instituciones sanitarias, tanto si son públicas como si son privadas. Debe regular todo lo referente a la obligación del personal sanitario de dar la información adecuada, una información que debe quedar recogida y reflejada en la historia clínica. Debe garantizar el respeto hacia las preferencias del paciente, bien si las ha expresado mediante consentimiento informado o mediante testamento vital y debe asegurar, cuando así lo ha decidido, la ayuda necesaria para morir dignamente cuando el o ella lo decida.

Debe obligar a que los centros sanitarios garanticen el acompañamiento familiar en estos casos, una adecuada atención a la persona enferma, tanto en lo que se refiere al dolor como en lo referente a cuidados paliativos, recogiendo la posibilidad de prestarlos en el centro sanitario o en el domicilio, siempre respetando la decisión libre y personal de la persona enferma o, en el caso de que no pueda decidir o no esté en condiciones de hacerlo, de sus familiares y allegados. El derecho de cada persona afectada está por encima de cualquier objeción de conciencia de los/as profesionales o de criterios médicos que prolongan la vida a una persona cuando ésta ya no tiene opciones de recuperarla en plenas condiciones y, también, por encima de las opiniones de la Iglesia católica o cualquier otra confesión.

Las personas somos los únicos dueños de nuestra vida y por eso somos los únicos dueños de nuestra muerte. Tenemos derecho a vivir, y se vive cuando se siente, cuando se ama, cuando se habla, cuando se huele, cuando se besa y abraza,…. no cuando se respira únicamente, no cuando se está conectado/a a un aparato.

Morir dignamente es más que morir libre de dolor, es más que disponer de los analgésicos y tranquilizantes necesarios. Morir dignamente es el último derecho que debemos poder ejercer. 

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A medida que pasan los días y se aproxima más el día 28 A, ya saben, elecciones generales, se multiplican los actos de precampaña y campaña.
Hoy en día la campaña electoral no se da en los mítines y reuniones, se da en las tertulias y, sobre todo, en las redes sociales.
La derecha y la ultraderecha, saben lo importante que, en estos momentos, son las redes sociales. Se han especializado en su utilización. Ya sabemos que Trump le debe mucho a la instrumentalización de Facebook, sabemos que Trump utiliza Twitter como canal preferido, al igual que el fascista Salvini en Italia y es conocida, también, la utilización que Bolsonaro hizo de una empresa especializada en difundir mentiras y mensajes falsos a través de wassap.
Las redes sociales permiten y facilitan un discurso simple, reduccionista, sin filtros y, por consiguiente, con todas las posibilidades para lanzar mentiras, para lanzar las conocidas Fake News. Nunca se sabe el origen de una información que circula, ni se contrasta antes de empezar a replicar e, incluso, a difundir. Curiosamente esas noticias, en la mayoría de las ocasiones, le llegan a la gente a través de conocidos, de grupos de mensajería que se comparten, de amigos y amigas, de familiares que, a su vez, han sido engañados y contribuyen a la difusión de esos mensajes falsos.
Estos bulos, generalmente, se apoyan en los sentimientos que son los que más inmediatamente se activan en las redes. El mensaje, el bulo, las Fake News recorren las redes interpelando a la ciudadanía con un mensaje pervertido.
La otra forma de utilización populista de las redes es la difusión de su programa mediante mensajes breves y sacados de contexto que provocan una reacción inmediata y poco o nada reflexiva. Esa reacción circula y contribuye a la difusión de la idea.
La forma es sencilla. Se lanza una propuesta que es claramente una provocación (aborto, inmigrantres, violencia contra la mujer, armas, suspensión de las autonomías, racismo, odio, ruptura de España, independentistas…) y ello provoca una reacción inmediata que inunda las redes. Cada uno de los mensajes de réplica es un mensaje de altavoz de la propuesta. Realmente lo que buscan es la provocación que incita a la respuesta. Provocación a la que responde la izquierda, pero que amplifica y da difusión al mensaje y, sobre todo, consigue que esa propuesta circule por las redes.
La “faena” ya la acaban los medios de comunicación que responden y replican igualmente. En definitiva, lo que hace el populismo, marcan la agenda pública y política y consiguen que se hable de ellos y de sus propuestas.
El esquema es muy simple: 1.- Se lanza un mensaje que impacta. 2.- Se replica inmediatamente en las redes, aunque no se ha contrastado. 3.- A la vez que en las redes, los medios de comunicación y las tertulias, también sin contraste alguno, hacen que eso sea “tema del día”.
No les hagamos la campaña, ignoremos sus mensajes, no entremos a sus provocaciones
Lo que no es razonable, ni ético, ni decente, es mentir de esa manera tan descarada como lo hace el Sr. Maroto, Vicesecretario de organización del PP y como lo hace la derecha carca y reaccionaria de este país.
Estos impresentables, con el único objetivo de conseguir votos, lanzan una auténtica campaña xenófoba y racista, recurren, con auténtico descaro y sinvergonzonería, a las mentiras y las medias verdades.
Su cantinela, indecente, la oímos todos los días: “Hay muchos inmigrantes, nos quitan el trabajo, se llevan todas las ayudas sociales, no pagan impuestos, saturan la sanidad,…”
No es cierto que la inmigración sea un problema, de hecho, a pesar de los esfuerzos de esta gentuza por hacer creer que es así, tan solo el 12,5 % de la población considera la inmigración un problema (Datos del CIS de Enero de 2019).
No es cierto que haya muchos inmigrantes. El INE, en sus datos oficiales de 2018 (publicados en enero de 2019) señala que hay 4.734.691 extranjeros/as en España. Exactamente el 10,13% de la población. España es el 9º país de la UE en cuanto a porcentaje de población extranjera.
De cada 10 inmigrantes que llegan 6 proceden de países no comunitarios y 4 vienen de países de la UE.
No se llevan las ayudas sociales. En este país, al menos de momento (ya veremos si esta gente llega al gobierno), el acceso a los servicios sociales es un derecho reconocido para todas las personas, sean de donde sean. Reconocen este derecho las administraciones locales, autonómicas, estatales y europeas.
Lo reconocen para todas las personas, por lo que es la situación personal o económica la que determina quién recibe las ayudas y no la nacionalidad, ni el color, ni la religión.
Los datos oficiales, algo que nunca da esta gente que alienta la xenofobia, dan la cifra de que solo el 12,5 % de las personas usuarias del Sistema Integrado de Servicios Sociales son extranjeras.
Los/as inmigrantes tienen los mismos derechos que los/as nativos en lo referente a las ayudas para la vivienda o la educación,. Los /as inmigrantes, para tener derecho a ellas, deben haber residido en la comunidad autónoma un mínimo de dos años.
Sucede lo mismo con las prestaciones por desempleo. Las personas inmigrantes reciben las mismas siempre y cuando, como los/as de aquí, hayan cotizado un mínimo de dos años.
Tampoco es cierto que quienes llegan en pateras nos quitan recursos. Las ayudas que reciben las personas indocumentadas proceden de ONGs y de fondos europeos destinados específicamente a ayuda humanitaria.
Las personas que solicitan asilo tienen derecho a estar 6 meses en un centro de acogida. Tras los seis meses en el centro de acogida, los solicitantes de asilo tienen derecho a una ayuda para alquilar una vivienda o una habitación, en el caso de que sea una persona sola, así como a una ayuda económica para la manutención.
Estas ayudas se dan por un período que oscila entre seis meses y un año.
Para los centros de acogida y para estas ayudas, la financiación viene de fondos europeos destinados exclusivamente a la inmigración, por lo que no están recibiendo ayudas destinadas a los/as nacionales.
Frente a tanta mentira, la verdad
Frente al odio y la xenofobia, integración y diversidad.
¡¡No le hagas la campaña al racismo¡¡
https://www.publico.es/politica/javier-maroto-no-razonable-alguien-origen-extranjero-tenga-facilidades-acceso-ayudas-sociales.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=publico
Decían ayer, también aquí en este muro, que no hay que fiarse porque ayer, las derechas, no llenaron la Plaza de Colón.
Que mucha de la gente que ayer no fue a la manifestación, luego sí que va a votar.
Pues ciertamente, no nos despistemos. Hay unas elecciones a la vuelta de la esquina.
En estos momentos tenemos una derecha cínica, que dice abominar de la extrema derecha pero que se manifiestan junto a ella. Una derecha ultramontana que miente como bellacos y bellacas. No es cierto que el Gobierno haya aceptado las tesis independentistas. Es mentira que se haya pactado la independencia de Cataluña.
Una derecha asquerosamente insultante. Desde el púlpito que se montaron ayer en Colón se permitieron llamar, entre otras cosas, traidor, felón, irresponsable, okupa y vendedor de la patria y otras lindezas.
Absolutamente cínico, mentiroso y de auténticos traidores, es decir que Pedro Sánchez es un Presidente “ilegítimo”. Esta cuadrilla de filibusteros, rebañadores de votos, que se llenan la boca con la Constitución para exigir el 155 permanente y revisable, se olvidan de que la Moción de Censura que sacó a Rajoy de la Moncloa, es plenamente constitucional. La recoge claramente el Artº 113.
No nos despistemos porque lamentablemente este país se está acostumbrando a que se digan estas cosas, se mienta descaradamente, y no pase nada.
A base de tertulócrotas, de prensa poco rigurosa, de noticias inventadas que circulan rápidamente por las redes, nos están acostumbrando a la degradación política, al amarillismo político y al amarillismo mediático.
No nos despistemos porque, como en Andalucía, puede llegar el “trifachito” y eso, además de que le encanta al sistema y al capital, significará que el derecho al aborto será recortado; que las políticas de igualdad serán inexistentes o, como mínimo, minimizadas; el racismo y la xenofobia serán política institucional; los derechos sociales y laborales serán recortados; empeorarán los servicios públicos para poner alfombras rojas a las privatizaciones; las políticas sociales se cambiarán por la asistencia caritativa; el colectivo LGTBI perderá derechos; la memoria histórica volverá a ser una exaltación del franquismo, y volverán las tramas corruptas.
Ciertamente la izquierda está ayudando a la confusión. No es serio que, a tres meses de unas elecciones, sigamos pendientes de si van a ser posibles, o no, candidaturas de izquierda en vez de candidaturas personalistas que son resultados de los egos y de las cuitas internas.
Pero aún estamos a tiempo, tenemos oportunidad de construir candidaturas unitarias de la izquierda y tenemos en nuestras manos nuestro voto para ejercerlo.
No lo olvidemos.
Lo oigo cada día, hoy lo he vuelto a oir en la radio. Lo oía cuando era diputado y, lo que más dolía, me lo gritaban trabajadores/as y sindicalistas indignados/as y cabreados/as.
Pues vale, a mí no me representan el PP, ni C´s, pero gobiernan.
Y a este paso me gobernarán y gobernarán a todo dios porque, además, tienen el apoyo de la extrema derecha, y de la banca, y de los mercados, y de la Iglesia.
Vale, sigamos con el mantra recurrente que salió de las plazas llenas de indignación, “No nos representan” pero aunque no nos representen, nos gobiernan, y nos ponen el salario mínimo, y nos fijan las pensiones, y nos meten en guerras, y privatizan la sanidad y la educación, y les bajan los impuestos a los ricos, y financian a la iglesia, y nos joden la vida que, en definitiva, aunque estemos indignados/as, cabreados/as, decepcionados/as, hartos/as,… es lo que hacen.
Descarto, la verdad es que por mucha indignación, hartazgo y cabreo que haya, no veo al personal dispuesto a ello, un proceso revolucionario que acabe con el tinglado y cambie el sistema. 
Así que tenemos lo que tenemos, un sistema electoral injusto en si mismo porque no es democrático. No vale igual el voto de un/a ciudadano/a de Teruel que el de un/a de Madrid o Barcelona. Es, además, pensado y diseñado para primar a los grandes partidos. Cambiarlo, dado que es Ley orgánica, requiere mayoría absoluta, algo que nunca han permitido PP ni PSOE a pesar de los intentos que, especialmente la izquierda, ha hecho. Y…., claro, para cambiar la mayoría necesaria hay que hacer que lleguen al Congreso quienes, de verdad, se comprometan con cambiar las cosas.
Con este sistema el hartazgo y la mala hostia se puede expresar de 4 maneras:
1.- No yendo a votar, es decir, absteniéndose. Puedo asegurar que de la derecha y de la ultraderecha no falla ni uno/a, hasta las monjas salen de sus conventos para algo tan mundano como es ir a vota.
2.- Votando en blanco. El voto en blanco es válido, computa y sirve para que un partido tenga que sacar más votos para alcanzar escaño. Evidentemente perjudica a los partidos minoritarios.
3.- Haciendo voto nulo (no computa)
4.- Votando para castigar. Un voto irreflexivo y visceral.
Un ejemplo:
Supongamos un sitio de 2000 electores/as, donde se han producido estos resultados:
Abstención: 38% (760 que no han ido a votar)
Votos a candidaturas: 1000
Votos en Blanco: 200
Votos Nulos: 40
Dado que, para obtener escaño, hace falta un porcentaje (en Aragón el 3%), y que se hace sobre los votos que computan un partido para obtener escaño necesita el 3 % de los votos válidos.
En el ejemplo que utilizo un partido que haya obtenido 30 votos de la gente que le haya votado directamente, una vez computado el voto en blanco, necesita 36 votos. Es decir, el voto en blanco le cuesta a cada partido 6 votos más. Díganme a quien beneficia el voto en blanco.
Añadamos los que se abstienen y no votan y a quienes, por el cabreo, votan lo primero que se les ocurre o le dicta la mala hostia y tenemos los resultados de Andalucía.
Otro día hablaré de como la izquierda ayuda a que la gente se abstenga, pero hoy lo dejo aquí.

 

Eso me dice alguna gente que hago, que hacemos, cada vez que intentamos dar razones y argumentos que demuestran lo mentiroso de muchas de las “verdades” que nos sirven a través de las teles, radios, periódicos, tertulias, redes sociales y demás aparatos de propaganda.
Me dicen que no me empeñe, que la izquierda está hundida y que lo que hay ahora es otra cosa, que ya se ha superado eso de izquierda y derecha, ya ni siquiera me dicen que hay que hablar de los de arriba y de los de abajo.
Sube la derecha, sube el facherío y llega la ultraderecha a las instituciones. Veo el cinismo con el que el PP, que pacta con la ultraderecha reaccionaria, se queja de los pactos con “podemitas, rojos, comunistas e independentistas”.
Vamos, que PP y su sucedáneo naranja de Ciudadanos, prefieren el pacto con quienes, abiertamente y sin caretas, pregonan el machismo, el racismo y la xenofobia.
Lo malo, lo jodido, es que han conseguido que la gente les vote.
Hay un machismo asesino salvaje y la gente les vota porque “hay que salvar a los hombres del supremacismo feminista”.
Hay un paro galopante y la gente les vota porque llegan a convencerla de que quien le quita el empleo es el/la inmigrante y no es el/la empresario/a voraz que le explota y despide.
No llega el subsidio del paro a mucha gente, igual que son escasas las becas y las ayudas para la dependencia, pero colocan aquello de “a los/as inmigrantes se les da todo gratis mientras los españoles pasan hambre”
El “apaño” se completa convenciendo al personal de que debe votar a quienes defienden la sacrosanta unidad de la patria frente a quienes quieren romperla. Se hace una llamada al honrado y trabajador personal nacional para que defienda la patria de invasores.
El caso es que con todo ello, apelando a los miedos, a las emociones y a las sensaciones, las derechas y las ultraderechas, no se olviden, hacen piña, ganan adeptos/as en las urnas y se hacen con los gobiernos. La gente, aunque se demuestran diariamente las mentiras de estas proclamas, las “compra” y las asume como ciertas.
Nadie repara en que el escaso programa que defienden es una defensa a ultranza del neoliberalismo que jode la vida al personal, acabar con el estado social eliminando impuestos, recentralización, defensa de lo privado y de las privatizaciones,…
Bueno, pues seguiré, seguiremos, intentando explicar las cosas como son. Bien se que hoy en día, para la mayoría del personal, es igual de “serio” un GIF, o un meme, o una fake news que un escrito que aporte razones apoyadas con datos.
Realmente, y por otra parte, es más fácil soltar un bulo que escribir una noticia. También, lamentablemente, es más cómodo “leer” un meme que un artículo que explica que la OTAN, y los países que la integran, tienen mucho que ver en las guerras que destrozan países y echan de sus casas a millones de personas.
Seguiremos, no nos rendirán. Queda mucho camino, pero lo recorreremos. Ojalá podamos recorrerlo juntos, ojalá la izquierda entienda que debe ponerse de acuerdo para presentar un bloque frente a la derecha y la ultraderecha

Moncayo soriano

Estos días, en los que las sobremesas son largas, una vez superados los típicos tópicos de los mejores deseos de paz, amor y felicidad, llegaba el tiempo de la tertulia acompañada por los consabidos espirituosos y los cavas, catalanes que, mientras no se demuestre lo contrario, son los mejores.
Ya, con eso del cava catalán, empieza a ganar intensidad el debate. Para no ser canso, como se dice por estas tierras, no lo reproduzco porque os lo imagináis.
De allí se pasa a la “actualidad política” y de como la izquierda está tan jodida que no levanta cabeza. Es evidente, pero vamos nadie se para a pensar en los porqués, en las causas, que han llevado el desencanto a las gentes de la izquierda.
La verdad es que, son reflexiones personales mías. En una tertulia navideña, con los excesos, por muy controlados que hayan sido, de ingestas sólidas y líquidas no me parece el sitio adecuado para entrar en un debate serio y constructivo.
No puedo remediar recordar, años atrás, cuando nos movíamos, quienes nos movíamos. Era un planteamiento unitario. Nos jodía que nos explotaran, que nos hicieran trabajar 10 horas incluidos los sábados, que nos pagaran salarios bajos,… No era el problema de tal o cual empresa, de tal o cual colectivo. Era el problema de la clase trabajadora y ahí estábamos.
Ahora no, ahora la gente se cree, es una victoria del sistema, que ya no hay clase trabajadora, salvo que seas el lumpen más marginal. Resulta que la gente se cree que es clase media. Antes nos sentíamos explotados y nos indignábamos y salíamos a la calle. Ahora la gente se siente impotente, cuando no culpable, de la situación que vive.  Les han dicho que esto es así porque no hay otra posibilidad o, lo que es peor, les dicen que les pasa eso por inútiles, por no ser competitivos/as, por no ser emprendedores/as. Se busca la salida individual o gremial, pero nunca colectiva.
La izquierda se pierde con mensajes y etiquetas, tratando de ser referente de los diversos espacios que movilizan a la gente.
Así vemos la experiencia de las mareas, cada una de un color, cada una movilizada por una cosa, pero ninguna movilización global más allá del intento que fueron las marchas por la dignidad. Quienes estábamos en todas, muy pocos y pocas la verdad, veíamos gente distinta en cada una, según el color de la camiseta. El propio color de las camisetas buscaba la diferenciación, como si no fuesen todas las movilizaciones en defensa de algo colectivo como son la sanidad, la educación, la vivienda o el trabajo digno. Pero nunca vimos una marea multicolor
Vemos, incluso, movilizaciones que se dan aislando el problema, por ejemplo la de los/as pensionistas, al colectivo afectado, como si las pensiones públicas no fuera un problema, mayor que para quienes hoy en día somos pensionistas, de toda la clase trabajadora.
Vemos movilizaciones de trabajadores/as por el tema concreto, y puntual, de sus empresas, pero no vemos una movilización general contra el empleo basura y la explotación a la que son sometidos/as todos/as los/as trabajadores/as.
Se diversifica el mensaje para ecologistas, feministas, LGTB, animalistas, …. pero se carece de un mensaje global.
Para mí, y me imagino que para toda la gente de izquierdas, es impensable ser solamente ecologista, o feminista, o animalista, o defensor de la libertad de identidad sexual. Igual que es impensable no defender alguno de estos “istas”. Soy todo a la vez y más nos valdría entender que la lucha contra el neoliberalismo la seguiremos perdiendo si vamos cada uno/a en nuestra trinchera.
Ya se, me dirán, que la izquierda ha cometido errores. Cierto, creo que el primero, y más importante, ha sido dejar perder el sentimiento de clase, haber perdido el debate que por tierra, mar y aire, ha lanzado el neoliberalismo.
Lo ha hecho a conciencia, con todo lo que tenía a su alcance, medios de comunicación, reformas laborales, precarización absoluta, pobreza,…
El segundo, uno que se puede remediar, recuperar ideales de lucha y movilización, de resistencia en estos momentos, pero con el horizonte claro de seguir luchando por la mejora de las condiciones de vida de la gente. Recuperar la idea global de movilización de clase contra el enemigo de siempre. De movilización y construcción de mayoría social que trascienda los procesos electorales por cuanto recuperar lo que nos han quitado en estas décadas requiere una lucha organizada y sostenida
El tercero pretender la diferenciación. La izquierda, ya lo sabemos, es plural, pero unitaria. No uniforme pero debe ser capaz de entenderse y anteponer el interés general de la ciudadanía al tacticismo electoral de cada organización. Un error tremendo, sobre todo cuando vemos que la derecha, incluida la ultra, no se equivoca ni se quedan sus gentes en casa a la hora de votar.
Hay tiempo de hablar claro, de reconocer errores, de elaborar discurso de clase, el que se entiende y no se difumina, de apostar clara y decididamente por la unidad de acción junto a la gente y de recuperar a quienes desencantados/as, abrumados/as, aburridos/as, hartos/as,… se quedan en casa y pasan de todo.
Recordad esta imagen de Quino. Siguen ganando los/as de siempre, pero organizados/as, podemos hacer que el resultado sea otro.
Son personas que se marchan de su ciudad o país de origen a otras ciudades y países. El fenómeno de las migraciones relaciona el de la emigración (persona que se va de un país) y el de la inmigración (persona que llega a un país). En definitiva, cuando hablamos de migrantes lo estamos haciendo de personas que, generalmente de manera forzada por cuestiones políticas o económicas, se van.
En este debate se confunde, o se habla indistintamente, de las personas refugiadas. Ciertamente los/as refugiados/as son migrantes que huyen de la guerra, de la persecución que sufren por razones étnicas, religiosas o de orientación sexual y de la violencia extrema que viven en sus lugares de origen.
Ayer, con gran boato, en Marruecos (país incumplidor de tratados internacionales sobre el Sahara y violador de derechos humanos de los/as saharahuis) la ONU anunció el Pacto Migratorio Internacional.
Pedro Sánchez aprovechó el momento para anunciar medidas a poner en marcha, pero nada dijo de acoger a los/as más de 15.000 refugiados/as que faltan para cumplir el compromiso adquirido por España en Septiembre de 2015.
A la vista de las noticias podría deducirse que, por fin, hay una propuesta internacional, que se pone encima de la mesa el drama de las personas que se ven forzadas a irse de su país, y que se toman medidas para garantizar los derechos de las personas migrantes.
Una vez más la ONU hace su papel pero, una vez más, ese papel está mojado. No es serio estar más de año y medio negociando un pacto migratorio internacional para que, al final, lo que sale es un documento (otro más) que señala la necesidad de generar una migración SEGURA, ordenada y regular para lo que hace falta la COOPERACION INTERNACIONAL. Absolutamente de acuerdo.
Pero la ONU, una vez más, se queda en una declaración muy bonita. Muy bonita, pero nada eficaz por cuanto, esa declaración, NO ES VINCULANTE para ninguno de los países que la han firmado que van a seguir haciendo la política migratoria que consideren
Con todo hay toda una lista de países que ni siquiera eso aceptan. Ni EEUU, ni Italia, ni Suiza, ni Hungría, ni Austria, ni Israel, ni Australia, ni Chequia, ni Polonia,… así hasta 15 países.
Desde ayer hay una declaración internacional más, ayer, por cierto, era el 70 aniversario de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos. Desde ayer hay un nuevo ejemplo del cinismo internacional.
Mientras tanto las personas migrantes siguen muriendo en el Mediterráneo, siguen abandonadas en campos de refugiados/as y, al tiempo que crecen el fascismo y los populismos, siguen siendo víctimas del racismo y la xenofobia. 

Encajado el golpe llega el momento de intentar saber que ha pasado. Creo que los datos del escrutinio reflejan claramente la posición de quienes han votado y creo que responden a la realidad electoral y social que se da entre nosotros y nosotras.
Se ha roto el bipartidismo, por eso hay 4/5 partidos que tienen posibilidades de gobierno, pero siempre, no se olviden, en coalición. Ya no hay mayorías absolutas. Sobre esto volveré otro día.
Hoy me voy a centrar en lo que, de verdad, me preocupa. Es ese 41 % de gente que, teniendo derecho al voto, se ha quedado en casa, no se ha sentido interpelada, ha demostrado esa indiferencia hacia lo que se juega en una elecciones.
No vale, y espero que la izquierda no lo haga, sentirse víctimas de la desinformación, de las tertulias, de los medios de comunicación vendidos. No vale invocar que somos víctimas del sistema y de su maquinaria de poder. Espero, también, que no le eche la culpa al PSOE, sin negar que parte de responsabilidad también tiene.
Espero, una vez asumida la hostia, que haya un análisis serio, riguroso, objetivo y sincero y la izquierda llegue a la conclusión de que también tenemos responsabilidad en lo sucedido.
Si hacemos eso puede que podamos arreglar el desaguisado. Pero eso empieza por asumir que tenemos mucha, demasiada diría yo, culpa de que ese 41 % se haya quedado en casa.
La gente que vota a la derecha, como bien sabemos y esta vez, aunque iba dividida, ha vuelto a pasar, va siempre a votar. Es la gente que vota a la izquierda y a la socialdemocracia la que mayoritariamente se abstiene.
No veo, de momento, ningún discurso de autocrítica en nuestros líderes. Hablan de que es el momento de reflexionar, de demostrar la unidad, del frente unido contra el fascismo,… claro que estoy de acuerdo en ello, pero necesitamos que sea creíble y hoy, desgraciadamente, no lo es.
Han sido años, especialmente los últimos, de abandono total de un discurso político sólido. Se ha sustituido por la emisión de un tw, la búsqueda de un titular o las apariciones en tertulias.
Se ha perdido, o cuando menos abandonado, un elemento vital para la izquierda como es el rigor y la seriedad institucional aunque se acompañara en la calle a la ciudadanía. Se ha sustituido por practicar, en demasiadas ocasiones, la mediocridad, la sobreactuación o por la búsqueda del lucimiento personal.
En las organizaciones de la izquierda, también en la mía para que nadie diga que escurro el bulto, se vuelven a dar las peores prácticas. Se fomenta el liderazgo individual frente a lo colectivo. Con eso se dificulta la existencia de algo muy valioso para la izquierda como es el referente colectivo.
Esas prácticas auyentan a la militancia, cercenan la participación y la elaboración colectiva y dejan a la masa, a la clase obrera, sin espacios de referencia para esa lucha de clases, que es permanente, y que siempre deberíamos mantener.
Se gastan muchas, demasiadas energías, en la pelea por las listas, por los sillones.
Llevamos tiempo, demasiado, sin propuestas claras y coherentes, sin reflexión. Recurrimos a sloganes y a frases hechas. Somos víctimas del día a día y entramos a la agenda que nos marca el sistema que está muy alejada de las necesidades y sensaciones de la ciudadanía.
Lo cierto es que nos han pegado un buen palo. Yo no me extraño, como hacen algunos y algunas, de que el fascismo tenga votos. Siempre los ha tenido, como siempre hay quienes votan con la víscera y no con el cerebro y, además, tienen el terreno abonado.
Lo que me preocupa es ese 41 % de indiferentes, o desmotivados/as, o desafectados/as, y ahí también tiene responsabilidades la izquierda. Si ellos/as hubieran ido a votar estaríamos hablando de otros resultados.
Y no estoy, ni mucho menos, responsabilizando del resultado a quienes no votaron. Estoy responsabilizando a la izquierda de haber dejado por el camino a ese 41 %.
Espero, y deseo, que la izquierda sea capaz de analizar, de asumir errores y de rectificar, porque el fascismo ha venido para quedarse y solo podremos hacerle frente con una izquierda sólida, unida y capaz de presentar una alternativa alcanzable y coherente.
No pararemos el fascismo, ni defenderemos derechos y libertades a golpe de tw y participando en tertulias.

Memoria, Verdad, Justicia y Reparación es lo que, durante la transición, hemos defendido y exigido cuando reclamábamos responsabilidades por los crímenes franquistas y dignidad para las personas víctimas del franquismo.
El término Memoria Histórica surge después, sobre todo a partir de la Ley de la Memoria Histórica aprobada en 2007. Esta Ley, no voy a negarlo, supuso un avance. Está claro que, comparada con el vacío existente, fue un paso adelante y facilitó algunas medidas como retirar calles y plazas de recuerdo de fascistas, abrir la puerta a apoyar económicamente las exhumaciones, reconocer la nacionalidad española a brigadistas internacionales,… pero no resolvió lo fundamental.
Por ello, aunque Izquierda Unida la apoyó en el Congreso, muchos y muchas expresamos nuestro desacuerdo y comprometimos seguir trabajando para resolver las lagunas que esa Ley tenía (tiene porque aun no se ha modificado).
Y no las resuelve porque los problemas vienen de muy atrás, vienen de esa transición pactada que se apoyó en la Ley de Amnistía de 1977. Esa Ley, que no se quiere tocar, formó parte del pacto constitucional que se daría al año siguiente. Esa Ley significaba el blanqueo del golpe de Estado fascista y de todos los crímenes franquistas. Alguien me dirá que exagero, pero inserto aquí lo que dice el artº 1º de esa Ley (pueden verla en el BOE Ley 46/1977 de 15 de Octubre):
Quedan amnistiados:
a) Todos Ios actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, tipificados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día quince de diciembre de mil novecientos setenta y seis.
Y si nos vamos al artº 2 vemos que:
En todo caso están comprendidos en la amnistía:
 
a) Los delitos de rebelión y sedición, así como los delitos y faltas cometidos con ocasión o motivo de ellos, tipificados en el Código de justicia Militar.
Hoy vemos, y sufrimos, ese empeño, lleno de buenismo en algunos casos, por anular la reclamación de Memoria, Verdad, Justicia y Reparación y sustituirla por el concepto de la “reconciliación”. Un concepto que no tiene nada que ver con la historia y sí mucho con la defensa de ese pacto constitucional que llevó a la amnistía.
La “reconciliación” está reescribiendo la historia y llega a hacer una interpretación equidistante de lo sucedido. En muchas ocasiones reparte responsabilidades entre las “dos Españas” que se enfrentaron, se destruyeron y que, según afirman, solo han vuelto a encontrarse con la democracia superadora de esa triste etapa. La “reconciliación” habla de “dos bandos” y equipara a un gobierno democrático y legítimo con la rebelión fascista que da un golpe de Estado y provoca una guerra. La “reconciliación” hace que se nos llame “guerracivilistas”, “revanchistas”, “recorosos vengativos”,… a quienes, y asi lo seguiremos haciendo, buscamos Verdad, Justicia y Reparación. Nos quieren hacer ver que es tiempo de pasar página, olvidar y mirar hacia delante. Que todo quedó superado con la Constitución de 1978.
Pero lo cierto, lo objetivo, lo histórico, lo que verdaderamente ocurrió fue una transición que mantuvo todo el aparato y todos los estamentos de la dictadura que, durante 40 años, había tenido el poder absoluto. 40 años violentos, con una represión salvaje. Todo el aparato del nuevo Estado quedó contaminado.
Todo el entramado político, policial, militar, judicial, administrativo y económico del franquismo, convertido ahora en “demócrata”, quedó integrado en el régimen constitucional. Incluso la Iglesia Católica, que había bendecido como “cruzada” el golpe de estado, que había tenido representación en las Cortes franquistas y llevado bajo palio a Franco, se hizo “constitucionalista” y “demócrata”.
Se nos puso un monarca constitucional, que había jurado lealtad a Franco y su régimen y que, de hecho, fue nombrado heredero por el propio dictador en 1969.
Incluso el mal endémico de la corrupción que sufre este país tiene sus raíces en ese sistema caciquil creado por la dictadura y mantenido y alentado por el franquismo.
No, no queremos revancha ninguna, ni reabrir ninguna herida. Tan solo queremos Verdad, Justicia y Reparación.
No nos desanimamos, seguiremos adelante porque sigue siendo necesario que este país, para ser democrático de verdad, condene el franquismo y devuelva a sus víctimas la verdad, la justicia y la dignidad y en ello estamos comprometidos/as.