Si algo hemos debido aprender, en este momento en el que un virus nos está machacando, es la importancia que tienen los servicios públicos y lo que puede complicarnos la vida, y la salud, un sistema sanitario deteriorado y precario.
Bien, estamos ya en otra campaña del IRPF. Ya ha empezado nuestra declaración de la renta.
Como siempre, el modelo oficial de declaración, ofrece dos opciones para marcar con una X. La casilla para que el 0,7 % de los impuestos vayan a la Iglesia Católica o la que dice que vayan a actividades de interés social. Cabe la posibilidad incluso de marcar las dos, restando así un 1’4% de las arcas públicas.
Hoy más que nunca, creo que hay que reforzar el gasto público que es el que está haciendo frente a la emergencia sanitaria, social y económica que vivimos. Todos y todas podemos hacer donaciones a las entidades sociales o religiosas que consideremos más oportunas, escogiendo la que más nos guste, pero no lo hagamos restando ingresos a la hucha común de todos y todas. Donen, cuanto quieran y a quien quieran, pero háganlo al margen de la declaración de la renta.
La emergencia sanitaria también ha demostrado la importancia de la solidaridad.
Es otra razón más para no marcar ninguna casilla. Debemos ser solidarios/as y responsables.
No se deben derivar recursos públicos a la Iglesia Católica ni a ONGs que tienen actividades consideradas de interés social. Ese porcentaje de nuestros impuestos, gracias a la X, no va para la sanidad, ni para la educación, ni para la dependencia, ni para la policía,…va directamente a organizaciones privadas como son la Iglesia Católica y las ONGs, por cierto varias de ellas vinculadas directamente a la Iglesia.
Recordamos que la Iglesia, gracias al Concordato, ya está financiada mediante dinero público y, además, de manera insolidaria y egoísta, no paga impuestos como el IBI o el ICÍO que pagamos el resto de ciudadanos. Hace evasión fiscal sin necesidad de recurrir a ningún chiringuito financiero. No paga y punto
Añadan las subvenciones que reciben por el mantenimiento de “su” patrimonio (me gustaría que presentasen las escrituras de propiedad) aunque mafiosamente se lo haya apropiado con las inmatriculaciones, lo que les llega vía enseñanza concertada, lo que cobran por los “servicios religiosos” en hospitales y cuarteles y lo que nos cuesta el profesorado de religión que obligatoriamente pagamos entre todos y todas.
Tampoco es trasparente la Iglesia, eso que tanto exigimos a los partidos políticos. Así lo reconoce el Tribunal de Cuentas, al que tanto valor se le da cuando habla de los partidos políticos, que señala claramente la imposibilidad de auditar las cuentas de la Iglesia. (las noticias que inserto son de final de enero de este mismo año)
Los fines de interés social deben ser atendidos por el Estado y deben de tener consignación suficiente en los presupuestos generales. No deben depender de la voluntad, de la generosidad o de la caridad de nadie.
Lo más responsable y solidario es colaborar con lo público que es el sector que atiende los gastos comunes tan necesarios en Sanidad, Educación, Asistencia social, Pensiones, Infraestructuras, etc.
Ahí, a la caja común, es donde deben ir nuestros impuestos.
¡¡No marques ninguna X¡¡

El Gobierno sigue tomando medidas para evitar que esta crisis golpee a los/as más desfavorecidos. El paquete de las aprobadas ayer tienen un fuerte contenido social.
El escudo social se refuerza. El Decreto evita los desahucios, asegura el mantenimiento del alquiler, prohibe los cortes de suministros vitales como son el gas y la electricidad,… es muy largo y complejo el decreto que ahora debe convalidarse en el Congreso. Veremos allí de qué lado se sitúa cada partido. Recomiendo, a todo el mundo, que lo lea bien antes de empezar a decir las tonterías que llegan a decirse, algunas por desconocimiento, no tengo la menor duda, pero otras forman parte de esa indecente campaña de acoso y derribo al Gobierno que están promoviendo la derecha, la ultra y la más ultra, y los poderes económicos.
Lo cierto es que el decreto aprobado ayer, seguramente sin ser perfecto, seguramente sin resolver todo, seguramente con errores, es un decreto de apoyo a los sectores más débiles. No hay más que ver como ha sentado. Ya salió Venezuela a relucir y hay quien definió estas medidas como propias de la política bolivariana y reflejo de los comunistas que hay en el Gobierno. Hay quien quiere utilizarlo como ejemplo claro de bronca entre los socios. Convierten el debate, en bronca. Como si no supiéramos que en este Gobierno de Coalición, no monolítico, conviven planteamientos liberales con otros de izquierda mucho más sociales. Por eso, afortunadamente, hay debate y por eso, aunque los debates se alarguen hasta la madrugada, salen medidas a favor de las capas sociales más débiles.
No hay más que ver como ha reaccionado la derecha casposa. Mirad las portadas de hoy. El ABC destaca que “se antepone la ideología a la recuperación”. Pues ya era hora que el Gobierno actúe sin sumisión total a la economía y que, para salvar a la gente más desfavorecida se “hipoteque España” como dice la razón.
Supongo que esta gente está totalmente de acuerdo con que, por encima de todo, se salve a la banca, de hecho aplaudieron hasta con las orejas cuando se hipotecó España para ello. Para ellos/as lo fundamental no es la gente, son los mercados, la economía que dicen los liberales. Lo que pasa es que esta gente, los/as liberales cuando hablan de economía se refieren a la suya, no a la de todos y todas.
El otro día, cuando en Europa se debatía la ayuda a los países que sufren la mordida del COVID 19, el primer Ministro Holandés, Mark Rutte, lo dejó muy claro “Holanda no puede poner en riesgo su economía para favorecer a los países del sur”, dijo. Ese es su ideario, esa es su ideología. Pues, afortunadamente, en el Gobierno PSOE-Unidas Podemos ha entrado la ideología que antepone lo social a lo económico. Por eso quieren tumbar este Gobierno y por eso, a pesar de la pandemia, intentan derribar este Gobierno.
Por eso, la derecha casposa está redoblando esfuerzos en el acoso. Pero no nos engañemos, no buscan resolver la situación, simplemente, de manera indecente, van a la caza de rédito electoral.

El JEMAD (Jefe de Estado Mayor de la Defensa) dice que «En esta guerra irregular y rara que nos ha tocado vivir, o luchar, todos somos soldados».
Es comprensible que un jefazo, lleno de medallas, estrellas y galones, se crea que todo en este mundo gira en torno al militarismo y a sus valores.
Poco a poco, una vez más con la ayuda de los medios de comunicación y el refuerzo de ese mundo virtual de las redes sociales, nos están metiendo por ojos y orejas que estamos en “una guerra”, que en este momento dramático que vivimos deben primar los valores de la disciplina, el espíritu de servicio, el valor y la “moral de victoria”. Insisten en que “vamos a vencer”. Todo ello forma parte del ideario y del imaginario militar.
Yo me niego a ser militarizado. No soy un soldado. No es cierto que el problema se resuelva con el ejército y el militarismo.
Yo, como muchísima gente, no cumplo el confinamiento por disciplina, sino por responsabilidad y solidaridad. Ni me siento un “héroe” luchando contra un malvado enemigo, Se, como los y las demás, que saldremos de esta, pero no porque hayamos hecho una hazaña bélica, sino porque acabará la epidemia gracias al aislamiento, a pesar de esa gente irresponsable e insolidaria que lo rompe,  y la medicina.
No son los valores del militarismo los que están ayudando en esta crisis. Son los valores de la solidaridad y el apoyo mutuo ciudadano (no hay más que ver ese espacio de relación y apoyo social que son los balcones y ventanas y las redes de apoyo ciudadano que está tejiendo la sociedad civil).
No me gusta ese lenguaje militarista de “estamos en la primera línea de combate contra el virus”. Quienes más directamente se enfrentan al COVID 19 no son militares. Es el personal sanitario, el personal de limpieza, el personal que atiende el suministro y venta de los productos básicos, son transportistas, son los trabajadores y trabajadoras que van, y vienen, de su centro de trabajo. Son esos y esas trabajadores y trabajadoras que aplaudimos cada tarde, que hacen su trabajo, que asumen el riesgo, que mantienen la sonrisa y la dignidad, a pesar del miedo al contagio, a pesar del miedo a llevar a sus casas, y a su familia, a sus hijos e hijas, a su compañero o compañera el virus, y lo hacen con dignidad, con profesionalidad y con mucho compromiso. Lo hacen, además, sin los equipos de protección que vemos lucir a los militares cuando desinfectan nuestras calles, y no digo que los militares no deban ir equipados, sino que digo que el resto de personas expuestos/as al virus deberían llevarlos también.
No me gusta el militarismo, no me gustan los ejércitos. No dejo de pensar en como podríamos afrontar esta emergencia si no tuviéramos un gasto militar que es el doble que el sanitario (veanse PGE de 2019). Estamos viendo como el gasto en defensa no sirve para nada cuando es un virus el que amenaza nuestras vidas y nuestra economía.
No caigamos en el error de asumir el militarismo como solución, porque esta crisis pasará, pero el discurso militarista seguirá, y no podemos permitirnos que queden instalados sus valores en nuestra sociedad.
Y recuerda #QuédateEnCasa

Salta la noticia de que Pedro Sánchez va a pedir al Congreso autorización para prorrogar otros 15 días el estado de alarma y, por consiguiente, el confinamiento.
La epidemia, como era previsible, va en aumento y por lo tanto, como siempre se han combatido las epidemias de virus, el confinamiento y el aislamiento deben ser, junto a las medidas sanitarias y sociales, las medidas más eficaces.
Ello lleva a quien gobierna a tomar decisiones, y a que sean drásticas. Creo que es el momento de parar absolutamente toda la producción excepto aquellas que, de verdad, sean absoluta e imprescindiblemente necesarias.
No puede ser que sigamos teniendo a la gente en casa pero una parte importante de trabajadores y trabajadoras tenga que salir para ir a trabajar.
Ya se que hay muchas voces preocupadas por la “pandemia económica” que significará el COVID 19. Que hay, incluso, quien dice que la crisis económica derivada de estas medidas matarán a más gente que el coronavirus. Sí, el hambre, la pobreza, las medicina privatizada, los servicios sociales desmontados….., todo eso será lo que matará a más gente. De hecho ya la está matando
No entiende esta gente de otra cosa que no sea su negocio.
Me parece deleznable como, la oposición política, clama al cielo pidiendo al gobierno los recursos humanos y económicos que ellos/as recortaron cuando gobernaban y que han seguido recortando donde gobiernan.
Las crisis se gestionan como considera el Gobierno que tiene la responsabilidad. En la de 2008 se decidió dar prioridad, y protección, a la banca y a los mercados, a los más poderosos.
En esta se está anteponiendo la salud de la gente al déficit, a la deuda y los intereses de la banca. Así espero que continúe.
La cosa va a ser dura, muy dura y debemos asumirla con responsabilidad colectiva.
Es propio de cretinos/as insolidarios e irresponsables sufrir las 31.000 sanciones y multas que van impuestas por salir de paseo o por irse al pueblo. A día de hoy tenemos más multados/as que contagiados/as, 25.483. Lo que dice mucho del tipo de personal, afortunadamente minoritario, que tenemos.
Ciertamente se está mezclando el miedo, tanto al virus como a perder el empleo y quedarte en la calle, con el peligro real que supone la epidemia y con la confusión que genera una situación tan excepcional, que requiere medidas excepcionales que, necesariamente, hay que actualizar a cada momento porque la pandemia afecta a todos los órdenes de la vida, al social, al laboral, al económico, al sanitario y la vida personal de cada uno y cada una.
Cuanto antes paremos la epidemia antes podremos empezar a recuperar cierta normalidad.
Mucho de ello depende de nosotros y nosotras. No olvidemos #QuedateEnCasa

Desde donde estés, compañero Luis, seguro que hoy te alegras de esta noticia.

Hoy empieza el trámite parlamentario una Ley que debería significar, después de pasar por la Comisión de Sanidad, por el pleno de la cámara baja y por el Senado, la despenalización de la eutanasia en este país. Una Ley que dará al suicidio, y al suicidio asistido, una protección legal que incluso se incluirá en el Sistema Nacional de Salud.
Es otra propuesta del Gobierno progresista que, para cabreo de la derecha ramplona, tenemos.
Es una ley que habla de derechos, de derechos fundamentales de la ciudadanía, de los dos más inviolables que tiene todo ser humano, como son el de la vida y el de la libertad.
Ese doble derecho, inalienable, cuando el de la vida está gravemente afectado por unas condiciones de salud extremas e irreversibles; cuando la enfermedad nos aboca a situaciones de insoportable dependencia que es, además, invalidante; cuando la existencia depende de medios extraordinarios, o de estar conectado/a a máquinas de supervivencia; cuando se está sometido/a a estados vegetativos,… debemos ser honestos. En estos casos ¿estamos procurando por la vida? o ¿estamos prolongando innecesariamente la agonía?.
En función del derecho de libertad, la persona afectada debe tener derecho a elegir una muerte digna. Este derecho es inseparable del derecho a una información veraz y rigurosa que, ante una situación irreversible o terminal, permita decidir con el necesario conocimiento de causa si decidimos morir, si renunciamos libre y voluntariamente a una no deseada prolongación de nuestra existencia. Y aquí viene el derecho a morir con la misma dignidad con la que se ha vivido, derecho que significa decidir el momento de nuestra propia muerte con la misma autonomía que hemos tenido en nuestra vida. El concepto de morir dignamente, así como el de ayudar a morir dignamente, debe ser entendido como el respeto a la persona en la elección de cuándo morir.
Los centros sanitarios, especialmente los públicos aunque la ley debe obligar a todos, deben garantizar el acompañamiento familiar en estos casos, una adecuada atención a la persona enferma, tanto en lo que se refiere al dolor como en lo referente a cuidados paliativos, recogiendo la posibilidad de prestarlos en el centro sanitario o en el domicilio, siempre respetando la decisión libre y personal de la persona enferma o, en el caso de que no pueda decidir o no esté en condiciones de hacerlo, de sus familiares y allegados.
Mal que les pese a los curas y a esos espacios que el nacionalcatolicismo tiene todavía en nuestra sociedad, la vida es un fenómeno natural, no es un misterio trascendente ni es un regalo divino, como quieren hacernos creer desde los púlpitos. La muerte es un acto más, el último, de nuestra vida. De la nuestra
Las personas somos los únicos dueños de nuestra vida y por eso somos los únicos dueños de nuestra muerte. Esta ley, espero que salga adelante, obligará a respetar la dignidad de las personas moribundas, protegerá la voluntad de morir voluntariamente y con la debida atención de aquellas personas que, como pacientes, no quieran estar vivos sin poder vivir.
Defiendo una muerte digna y morir dignamente es más que morir libre de dolor, es más que disponer de los analgésicos y tranquilizantes necesarios. Morir dignamente es el último derecho que debemos y que podemos ejercer.

Damian

 

Ya hacía bueno, el sol calentaba esas calles por las que, salvo los gatos, y él mismo, nadie pasaba.

Damián, jubilado, con muchos años a las espaldas y toda una vida pasada, vivía tranquilo, solo, porque ya hacía un par de años que Juana, su compañera de toda la vida, se había ido una noche de invierno.

Como cada día, al ir a comer, en un gesto rutinario, encendió el televisor. Como cada día la pantalla metió en su casa esas imágenes dramáticas de quienes huyen de la guerra y del hambre y se la juegan intentando cruzar el mar y llegar a Europa.

Vio como, también como cada día, les negaban ayuda, les dejaban en los barcos de las ONGs, les cerraban los puertos. Sabía que Europa se blindaba, que el fascismo y la ultraderecha volvían a sacar a pasear esa serpiente que nunca se durmió. Sabía que aquí, en nuestro país, también ganaba espacio el racismo y la xenofobia, y eran muchas, cada vez más, las voces que negaban el pan y la sal a quienes, en patera, venían a la desesperada.

Damián, no pudo evitarlo, volvió a sus 5 años, sintió, como tantas otras veces, el frío que mordía la cara y las piernas cuando, de la mano de su madre, cruzó el Pirineo. Lo cruzaron entre la nieve, abandonaron su casa, y su pueblo, y todo lo que tenían. Una guerra salvaje que siguió a un golpe de estado fascista le había quitado a su padre, asesinado en un barranco y esa guerra, maldita como todas las guerras, le obligó a marchar.

Junto a su madre, y a tantas otras gentes, huyó en busca de, al menos, una esperanza. Y recordó el campo de refugiados en Francia, y como consiguió cobijo, y como le llevaron a la escuela. Volvió a ver a su madre que un día dejó de luchar y quedó allí para siempre. Luego, con una sonrisa, recordó la fábrica, y los compañeros, y las huelgas, y el primer beso con Juana, y el hijo que seguía en Francia y que venía en vacaciones.

Mientras volvía a pasar las páginas de ese libro que era su vida pensó en ofrecer su casa para que vinieran a ella personas de esas que, como él, lo dejaron todo porque buscaban, al menos, un poco de esperanza.

De pronto sus ojos se llenaron de lágrimas. Sí, tenía una casa que ofrecer, podía compartir su pensión,…. Pero nada más. Su pueblo, donde estaba su casa, no tenía escuela, ni una tienda, ni un bar. El cartero, y el cura, y la guardia civil, solo pasaban de vez en cuando. Y tampoco había posibilidad de un trabajo. Allí, en su pueblo, en su casa, solo podía ofrecer caridad y Damian sabía muy bien que la caridad sirve solamente al que la da, no al que la recibe.

Y Damián salió a la calle, a llorar al sol, a llorar con los gatos.

Morir dignamente es un derecho, y como tal debemos reivindicarlo.

Tenemos derecho a decidir sobre nuestra muerte, porque forma parte de nuestra vida.

El caso de María José y Ángel, conocido en estos últimos días, ha devuelto al debate público la necesidad de una Ley de Eutanasia

Dos de los derechos más inviolables que, como personas, tenemos son el de la vida y el de la libertad.

Precisamente por ese doble derecho, inalienable, cuando el de la vida está gravemente afectado por unas condiciones de salud extremas e irreversibles, cuando la existencia depende de medios extraordinarios, o de estar conectado/a a máquinas de supervivencia, o sometido/a a estados vegetativos, debemos ser honestos y resolver un dilema. En estos casos ¿estamos procurando por la vida? o ¿estamos prolongando innecesariamente la agonía?.

Es entonces cuando, en función del derecho de libertad, la persona afectada debe tener derecho a elegir una muerte digna. Este derecho es inseparable del derecho a una información veraz y rigurosa que, ante una situación irreversible o terminal, permita decidir con el necesario conocimiento de causa si decidimos morir, si renunciamos libre y voluntariamente a una no deseada prolongación de nuestra existencia. Y aquí viene el derecho a morir con la misma dignidad con la que se ha vivido, derecho que significa decidir el momento de nuestra propia muerte con la misma autonomía que hemos tenido en nuestra vida. El concepto de morir dignamente, así como el de ayudar a morir dignamente, debe ser entendido como el respeto a la decisión de la persona que elige cuándo morir.

Asegurar la plena dignidad de la persona en todo su ciclo de vida nadie lo discute, ¿por qué discutir su derecho sobre su propio proceso de muerte?.  Una Ley de Eutanasia, de Muerta Digna, es necesaria en un estado democrático porque desarrolla derechos y determina deberes. Debe regular, y garantizar, derechos de la ciudadanía, derechos del paciente, y deberes del personal sanitario, atribuyendo obligaciones, también, para las instituciones sanitarias, tanto si son públicas como si son privadas. Debe regular todo lo referente a la obligación del personal sanitario de dar la información adecuada, una información que debe quedar recogida y reflejada en la historia clínica. Debe garantizar el respeto hacia las preferencias del paciente, bien si las ha expresado mediante consentimiento informado o mediante testamento vital y debe asegurar, cuando así lo ha decidido, la ayuda necesaria para morir dignamente cuando el o ella lo decida.

Debe obligar a que los centros sanitarios garanticen el acompañamiento familiar en estos casos, una adecuada atención a la persona enferma, tanto en lo que se refiere al dolor como en lo referente a cuidados paliativos, recogiendo la posibilidad de prestarlos en el centro sanitario o en el domicilio, siempre respetando la decisión libre y personal de la persona enferma o, en el caso de que no pueda decidir o no esté en condiciones de hacerlo, de sus familiares y allegados. El derecho de cada persona afectada está por encima de cualquier objeción de conciencia de los/as profesionales o de criterios médicos que prolongan la vida a una persona cuando ésta ya no tiene opciones de recuperarla en plenas condiciones y, también, por encima de las opiniones de la Iglesia católica o cualquier otra confesión.

Las personas somos los únicos dueños de nuestra vida y por eso somos los únicos dueños de nuestra muerte. Tenemos derecho a vivir, y se vive cuando se siente, cuando se ama, cuando se habla, cuando se huele, cuando se besa y abraza,…. no cuando se respira únicamente, no cuando se está conectado/a a un aparato.

Morir dignamente es más que morir libre de dolor, es más que disponer de los analgésicos y tranquilizantes necesarios. Morir dignamente es el último derecho que debemos poder ejercer. 

A medida que pasan los días y se aproxima más el día 28 A, ya saben, elecciones generales, se multiplican los actos de precampaña y campaña.
Hoy en día la campaña electoral no se da en los mítines y reuniones, se da en las tertulias y, sobre todo, en las redes sociales.
La derecha y la ultraderecha, saben lo importante que, en estos momentos, son las redes sociales. Se han especializado en su utilización. Ya sabemos que Trump le debe mucho a la instrumentalización de Facebook, sabemos que Trump utiliza Twitter como canal preferido, al igual que el fascista Salvini en Italia y es conocida, también, la utilización que Bolsonaro hizo de una empresa especializada en difundir mentiras y mensajes falsos a través de wassap.
Las redes sociales permiten y facilitan un discurso simple, reduccionista, sin filtros y, por consiguiente, con todas las posibilidades para lanzar mentiras, para lanzar las conocidas Fake News. Nunca se sabe el origen de una información que circula, ni se contrasta antes de empezar a replicar e, incluso, a difundir. Curiosamente esas noticias, en la mayoría de las ocasiones, le llegan a la gente a través de conocidos, de grupos de mensajería que se comparten, de amigos y amigas, de familiares que, a su vez, han sido engañados y contribuyen a la difusión de esos mensajes falsos.
Estos bulos, generalmente, se apoyan en los sentimientos que son los que más inmediatamente se activan en las redes. El mensaje, el bulo, las Fake News recorren las redes interpelando a la ciudadanía con un mensaje pervertido.
La otra forma de utilización populista de las redes es la difusión de su programa mediante mensajes breves y sacados de contexto que provocan una reacción inmediata y poco o nada reflexiva. Esa reacción circula y contribuye a la difusión de la idea.
La forma es sencilla. Se lanza una propuesta que es claramente una provocación (aborto, inmigrantres, violencia contra la mujer, armas, suspensión de las autonomías, racismo, odio, ruptura de España, independentistas…) y ello provoca una reacción inmediata que inunda las redes. Cada uno de los mensajes de réplica es un mensaje de altavoz de la propuesta. Realmente lo que buscan es la provocación que incita a la respuesta. Provocación a la que responde la izquierda, pero que amplifica y da difusión al mensaje y, sobre todo, consigue que esa propuesta circule por las redes.
La “faena” ya la acaban los medios de comunicación que responden y replican igualmente. En definitiva, lo que hace el populismo, marcan la agenda pública y política y consiguen que se hable de ellos y de sus propuestas.
El esquema es muy simple: 1.- Se lanza un mensaje que impacta. 2.- Se replica inmediatamente en las redes, aunque no se ha contrastado. 3.- A la vez que en las redes, los medios de comunicación y las tertulias, también sin contraste alguno, hacen que eso sea “tema del día”.
No les hagamos la campaña, ignoremos sus mensajes, no entremos a sus provocaciones
Lo que no es razonable, ni ético, ni decente, es mentir de esa manera tan descarada como lo hace el Sr. Maroto, Vicesecretario de organización del PP y como lo hace la derecha carca y reaccionaria de este país.
Estos impresentables, con el único objetivo de conseguir votos, lanzan una auténtica campaña xenófoba y racista, recurren, con auténtico descaro y sinvergonzonería, a las mentiras y las medias verdades.
Su cantinela, indecente, la oímos todos los días: “Hay muchos inmigrantes, nos quitan el trabajo, se llevan todas las ayudas sociales, no pagan impuestos, saturan la sanidad,…”
No es cierto que la inmigración sea un problema, de hecho, a pesar de los esfuerzos de esta gentuza por hacer creer que es así, tan solo el 12,5 % de la población considera la inmigración un problema (Datos del CIS de Enero de 2019).
No es cierto que haya muchos inmigrantes. El INE, en sus datos oficiales de 2018 (publicados en enero de 2019) señala que hay 4.734.691 extranjeros/as en España. Exactamente el 10,13% de la población. España es el 9º país de la UE en cuanto a porcentaje de población extranjera.
De cada 10 inmigrantes que llegan 6 proceden de países no comunitarios y 4 vienen de países de la UE.
No se llevan las ayudas sociales. En este país, al menos de momento (ya veremos si esta gente llega al gobierno), el acceso a los servicios sociales es un derecho reconocido para todas las personas, sean de donde sean. Reconocen este derecho las administraciones locales, autonómicas, estatales y europeas.
Lo reconocen para todas las personas, por lo que es la situación personal o económica la que determina quién recibe las ayudas y no la nacionalidad, ni el color, ni la religión.
Los datos oficiales, algo que nunca da esta gente que alienta la xenofobia, dan la cifra de que solo el 12,5 % de las personas usuarias del Sistema Integrado de Servicios Sociales son extranjeras.
Los/as inmigrantes tienen los mismos derechos que los/as nativos en lo referente a las ayudas para la vivienda o la educación,. Los /as inmigrantes, para tener derecho a ellas, deben haber residido en la comunidad autónoma un mínimo de dos años.
Sucede lo mismo con las prestaciones por desempleo. Las personas inmigrantes reciben las mismas siempre y cuando, como los/as de aquí, hayan cotizado un mínimo de dos años.
Tampoco es cierto que quienes llegan en pateras nos quitan recursos. Las ayudas que reciben las personas indocumentadas proceden de ONGs y de fondos europeos destinados específicamente a ayuda humanitaria.
Las personas que solicitan asilo tienen derecho a estar 6 meses en un centro de acogida. Tras los seis meses en el centro de acogida, los solicitantes de asilo tienen derecho a una ayuda para alquilar una vivienda o una habitación, en el caso de que sea una persona sola, así como a una ayuda económica para la manutención.
Estas ayudas se dan por un período que oscila entre seis meses y un año.
Para los centros de acogida y para estas ayudas, la financiación viene de fondos europeos destinados exclusivamente a la inmigración, por lo que no están recibiendo ayudas destinadas a los/as nacionales.
Frente a tanta mentira, la verdad
Frente al odio y la xenofobia, integración y diversidad.
¡¡No le hagas la campaña al racismo¡¡
https://www.publico.es/politica/javier-maroto-no-razonable-alguien-origen-extranjero-tenga-facilidades-acceso-ayudas-sociales.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=publico
Decían ayer, también aquí en este muro, que no hay que fiarse porque ayer, las derechas, no llenaron la Plaza de Colón.
Que mucha de la gente que ayer no fue a la manifestación, luego sí que va a votar.
Pues ciertamente, no nos despistemos. Hay unas elecciones a la vuelta de la esquina.
En estos momentos tenemos una derecha cínica, que dice abominar de la extrema derecha pero que se manifiestan junto a ella. Una derecha ultramontana que miente como bellacos y bellacas. No es cierto que el Gobierno haya aceptado las tesis independentistas. Es mentira que se haya pactado la independencia de Cataluña.
Una derecha asquerosamente insultante. Desde el púlpito que se montaron ayer en Colón se permitieron llamar, entre otras cosas, traidor, felón, irresponsable, okupa y vendedor de la patria y otras lindezas.
Absolutamente cínico, mentiroso y de auténticos traidores, es decir que Pedro Sánchez es un Presidente “ilegítimo”. Esta cuadrilla de filibusteros, rebañadores de votos, que se llenan la boca con la Constitución para exigir el 155 permanente y revisable, se olvidan de que la Moción de Censura que sacó a Rajoy de la Moncloa, es plenamente constitucional. La recoge claramente el Artº 113.
No nos despistemos porque lamentablemente este país se está acostumbrando a que se digan estas cosas, se mienta descaradamente, y no pase nada.
A base de tertulócrotas, de prensa poco rigurosa, de noticias inventadas que circulan rápidamente por las redes, nos están acostumbrando a la degradación política, al amarillismo político y al amarillismo mediático.
No nos despistemos porque, como en Andalucía, puede llegar el “trifachito” y eso, además de que le encanta al sistema y al capital, significará que el derecho al aborto será recortado; que las políticas de igualdad serán inexistentes o, como mínimo, minimizadas; el racismo y la xenofobia serán política institucional; los derechos sociales y laborales serán recortados; empeorarán los servicios públicos para poner alfombras rojas a las privatizaciones; las políticas sociales se cambiarán por la asistencia caritativa; el colectivo LGTBI perderá derechos; la memoria histórica volverá a ser una exaltación del franquismo, y volverán las tramas corruptas.
Ciertamente la izquierda está ayudando a la confusión. No es serio que, a tres meses de unas elecciones, sigamos pendientes de si van a ser posibles, o no, candidaturas de izquierda en vez de candidaturas personalistas que son resultados de los egos y de las cuitas internas.
Pero aún estamos a tiempo, tenemos oportunidad de construir candidaturas unitarias de la izquierda y tenemos en nuestras manos nuestro voto para ejercerlo.
No lo olvidemos.