Eso, y no otra cosa, es lo que ha pasado en el Valle de los Caídos que, por otra parte, es una vulneración de la Ley y como tal debería ser perseguido.

Lo que sucede es que no es una vulneración de la Ley Mordaza que habría provocado una reacción inmediata de las fuerzas policiales. Tan “sólo” vulnera la Ley de la Memoria Histórica vigente y eso ya es otra cosa.

Una ley con la que, a pesar de ser apoyada por IU en el Congreso, en Diciembre de 2007, nunca he estado de acuerdo. El tiempo, como en otras ocasiones, me ha dado la razón.

Esa Ley, que muchos y muchas veían un avance, era timorata y absolutamente insuficiente.

Por eso, aunque el artº 16 dice expresamente que “En ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo” allí se celebran, igual que se ha hecho en todos estos años de democracia, actos fascistas que exaltan a Franco y a su régimen genocida.

Sorprende, indigna y cabrea la permisividad que el Gobierno de turno y el Ministerio del Interior de turno tienen con estos actos de propaganda y exaltación fascista que son un insulto a las víctimas del franquismo y una vergüenza permanente para un país que se define como una democracia.

No conozco ningún otro país demócrata que, habiendo sufrido una dictadura genocida, permita estos homenajes, mantenga plazas, calles y monumentos de reconocimiento de asesinos, mantenga miles de fosas comunes y no restaure la memoria y dignidad de quienes fueron asesinados/as por defender la libertad y la república.

La vigente Ley de la Memoria Histórica, como se ha demostrado, no ha servido para avanzar en la Verdad, la Justicia y la Reparación de las víctimas del franquismo.

Teóricamente esta Ley de 2007, votada en contra por el PP, nacía con la pretensión de dar salida a la injusta, e inaceptable en una democracia, situación que sufrían, y siguen sufriendo, las víctimas del franquismo. Se suponía que, además, sentaría las bases para políticas públicas dirigidas a recuperar y dignificar la memoria y los valores de quienes fueron asesinados, torturados, perseguidos y exiliados por defender la libertad, el Gobierno legítimo de la República y los valores democráticos. Hoy, 11 años después, desgraciadamente seguimos comprobando que no se cumple ni lo uno ni lo otro.

Pero además, esa Ley de 2007, tenía una laguna importante que es lo que, a mí y a otras muchas personas y asociaciones, me llevó a rechazarla y a defender, en el seno de IU (entonces formaba parte de la dirección federal) que no la apoyásemos. Esa Ley que acabamos votando a favor junto a PSOE e ICV, mantenía la Ley de Amnistía del año 1977 (texto preconstitucional) que, puesta como ejemplo de nuestra “modélica transición”se ha mantenido incólume con el paso de los tiempos.

Gracias a esa Ley de Amnistía han pasado ya 41 años y aquí, en este país, siguen impunes todas las violaciones de los derechos humanos que cometió el franquismo y su régimen asesino. Para vergüenza nuestra, y a diferencia de lo que sucede en otros países (Chile ha sido el último en condenar responsables de asesinatos durante la dictadura de Pinochet), aquí no solo no responden por sus crímenes sino que llegan a ser condecorados (caso del torturador Billy el Niño).

Gracias a esa Ley, nuestra “modélica transición”, además de haber contado con asesinatos sin esclarecer, ha sido, y es, un proceso en el que los principales responsables de las atrocidades cometidas durante el franquismo no responden penalmente por sus hechos.

No queremos, como nos reclaman muchos/as demócratas, pasar página y olvidar. Queremos que se reconozca el derecho a la rehabilitación de quienes lucharon por los derechos humanos, queremos una memoria compartida con la verdad y la justicia, queremos que esa Memoria Democrática se conforme con relatos, con vivencias, con documentos,… Queremos que haya espacios comunes en los que, con respeto y dignidad, seamos capaces de desarrollar una cultura ciudadana, e institucional, verdaderamente democrática.

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Bienvenida sea la iniciativa que ahora presenta el PSOE y que vamos a apoyar. Es muy parecida a la que presentó Unidos Podemos hace un año y que no salió adelante porque, entre otros, el PSOE la votó en contra. Bienvenida sea, repito. Es oportuna la rectificación del PSOE y, por eso, aunque presentemos enmiendas, la apoyamos.
Hablamos de derechos, de derechos fundamentales de la ciudadanía, de uno que es fundamental, de la libertad para decidir.
Por eso, por ese derecho inalienable a decidir libremente, creo que cuando el derecho a la vida está gravemente afectado por unas condiciones de salud extremas e irreversibles, cuando la existencia depende de medios extraordinarios, o de estar conectado/a a máquinas de supervivencia, o sometido/a a estados vegetativos, debemos ser honestos/as y resolver un dilema. En estos casos ¿estamos procurando por la vida? o ¿estamos prolongando innecesariamente la agonía?.
Es entonces cuando, en función del derecho de libertad, la persona afectada debe tener derecho a elegir una muerte digna. Este derecho es inseparable del derecho a una información veraz y rigurosa que, ante una situación irreversible o terminal, permita decidir con el necesario conocimiento de causa si decidimos morir, si renunciamos libre y voluntariamente a una no deseada prolongación de nuestra existencia. Y aquí viene el derecho a morir con la misma dignidad con la que se ha vivido, derecho que significa decidir el momento de nuestra propia muerte con la misma autonomía que hemos tenido en nuestra vida. El concepto de morir dignamente, así como el de ayudar a morir dignamente, debe ser entendido como el respeto a la persona en la elección de cuándo morir.
La vida es un fenómenos natural, no es un misterio trascendente ni es un regalo divino, como quieren hacernos creer.
Las personas somos las únicas dueñas de nuestra vida y, por eso mismo, somos las únicas dueñas de nuestra muerte. Tenemos derecho a que se respete, y proteja, nuestra voluntad de morir voluntariamente cuando estemos vivos o vivas pero sin poder vivir. Porque vivir es hablar, es amar, es ver, y disfrutar, de los días y las horas.
Creo que lo que debe preservar la medicina es el ser humano integral y no su mera existencia vegetativa.
Morir dignamente es más que morir libre de dolor, es más que disponer de los analgésicos y tranquilizantes necesarios, poder morir dignamente es el último derecho que debemos y que podemos ejercer.

Ya perdonarán. Estoy contento porque se ha ganado la moción de censura. Me alegra que Pedro Sánchez sea Presidente. Valoro adecuadamente el esfuerzo, reconozco y aplaudo el que sea el primer Gobierno con más ministras que ministros, pero tengo mi particular opinión sobre las personas elevadas al rango de ministro/a y me preocupa el excesivo bombo y platillo que se le está dando. Se están generando muchas ilusiones y aunque es verdad que ya era hora de que la ilusión apareciera, no hay que quitar los pies del suelo. Yo soy más dado a valorar las políticas que se hacen y las decisiones que se toman en vez de valorar las caras y las personas.

Me perdonarán, también, que recurra al teatro para ejemplificar lo que pretendo decir. En un teatro las bambalinas, junto con la tramoya y la iluminación, son elementos importantes para la obra que se pone en escena. Ahora bien, ni las bambalinas, ni la tramoya, ni el atrezzo garantizan una buena representación ya que ello depende de la dirección, de los/as actores/as y del guión. Sobre todo del guión. Una obra mala es muy difícil que guste por muy buenos/as que sean los/as intérpretes.

Yo, en estos momentos, doy un voto de confianza (puede que sea de esperanza) a la compañía y a su director. Pero me gustaría ver la obra, el argumento de la trama.

Parece, al menos así se puede ver, leer y oir en todos los medios de comunicación y tertulias que, de momento, la compañía gusta a los mercados (la bolsa ya sube y la famosa prima baja), le gusta a Europa (esa que nos aprieta y ahoga y que cierra fronteras) y le gusta, mucho según reconoce ella misma, a la Sra. Botín, la jefa del Santander. No se si conocen la obra y el guión

La experiencia, tanto la reciente como la de hace unas décadas, me dice que lo que es bueno y gusta a los mercados y a esta gente no trae buenas consecuencias para la clase trabajadora, ni para los derechos y libertades, ni para los servicios públicos y las prestaciones sociales.

No me dejo llevar por el marketing y me resisto a valorar los gestos. Por eso creo, para que la obra que empieza Pedro Sánchez tenga un desenlace feliz para la ciudadanía, que es conveniente recordar que la compañía necesita apoyos y que algunos de esos apoyos, los de la izquierda, que son imprescindibles para el éxito de la función, tan solo apoyarán medidas que vayan a favor del interés general, que mejoren la vida de trabajadores y trabajadoras, que rescaten la sanidad, la educación y los servicios sociales, que devuelvan derechos, que trabajen por la igualdad, que planten cara al desastre medioambiental y que cambien la política militarista por la de la paz.

Así, seguramente, para la ciudadanía, para trabajadores y trabajadoras, para los y las jóvenes, para las mujeres, habrá un desenlace feliz. Si no, si la obra es un fiasco, además del abucheo generalizado, se producirá un nuevo desengaño que solamente beneficiará a la derecha, a los mercados y a quienes nos vienen fastidiando la vida

Por mucho que se empeñen algunos y algunas, por mucho que sea una frase acuñada y recurrentemente utilizada, no hay una clase política.

No entraré, aquí y ahora, en la definición de clase que hace Karl Marx. Comparto, como establece el marxismo, que la sociedad está organizada en dos clase antagónicas. La clase burguesa, dueña de los medios de producción y el proletariado que tan solo tiene su fuerza de trabajo. Ese antagonismo se concreta en la lucha de clases que sigue dándose en esta sociedad capitalista.

Voy con ese fenómeno, con ese invento de “Clase Política”. Para que haya una “clase social” se requiere que las personas que la integran tengan unos intereses comunes, o una estrategia común para conseguir sus objetivos.

Es evidente que las personas que hacen política no tienen unos intereses comunes ni tampoco siguen la misma estrategia. No son una clase, no hay, por tanto, una clase política.

Está clara la división, aunque ahora quiera negarse su existencia, entre la derecha y la izquierda y es incuestionable que los intereses que defiende la derecha son diametralmente opuestos a los que defiende la izquierda.

No hay, por consiguiente, una clase política. No es una clase social, ni tan siquiera, como despectivamente se señala, una casta. Las castas son una manera de estratificar la sociedad y lo hacen exclusivamente en función del origen o el nacimiento. Casta era la nobleza medieval, castas son las establecidas en la India y castas han sido, y son, los sistemas de apartheid en los que el color determina a que estrato social perteneces. A poco que pensemos nos daremos cuenta de que tampoco puede aplicarse el concepto de casta a quienes trabajan en política.

Lo que sí que hay son diferentes clases de políticas. No es lo mismo la política de izquierdas que la de derechas.

También, para nuestra desgracia, ocurre que en la política hay gente con muy poca clase, que no está a la altura de sus responsabilidades o que es corrupto/a.

Ciertamente entre los/as políticos/as hay muy mala gente, hay malos/as políticos/as, igual que hay malos/as maestros/as, fontaneros/as, sanitarios/as,….Pero solo se generaliza con los/as primeros/as.

La clase política es un invento de este sistema que, exactamente igual que pretende la uniformidad de pensamiento en la ciudadanía, trata de demostrar que todos/as los/as políticos/as son iguales, que forman la clase política.

Es la manera de cultivar el “todos iguales”, de fomentar el “no participes en política si todos hacen lo mismo”, de llevar a la gente a la abstención “porque como todos son iguales que más da votar que no”. Es la forma de evitar que conozcas los programas y compromisos de cada partido y es, sobre todo, la estrategia de convertir en inevitables decisiones políticas que machacan a la mayoría social. El mensaje es: Da igual quien gobierne, todos hacen lo mismo, todos son la clase política. Ese es el mensaje que mejor le viene al sistema, por eso lo lanza y amplifica.

También es el recurso para envolver la corrupción reiterada y sistematizada en algo que es “innato” a la clase política. Se señala así a todo aquel o aquella que trabaja en la política en vez de decir la corrupción la hace este partido, o la hacen este señor o esta señora.

Finalmente, la invención de la clase política para generalizar la acción política forma parte de la estrategia del sistema, y del régimen, para mantenerse. Ayuda al desprestigio de la acción política y hace ver a la ciudadanía que la clase política es un problema.

Al final lo están consiguiendo. Franco ya lo decía: “Haga como yo y no se meta en política”. Hoy han conseguido que se vea la política como algo malo, algo que provoca aversión y algo que se utiliza, incluso, para zanjar debates importantes. Basta con decir “eso es política” para que se niegue la posibilidad de hablar de impuestos, o de escuela pública, o de la calidad del empleo, o del derecho a la vivienda.

Algo funciona mal en un país cuando la política es echada a la papelera y quienes la practican y ejercen son consideradas personas de muy baja condición ética.

La política es imprescindible en una democracia y si la política se devalúa se pone a la democracia en riesgo de ser una especie en peligro de extinción.

Mientras no se habla de política nos desmontan el poquito estado social que habíamos conseguido, nos llevan a niveles de pobreza inaceptables, rescatan bancos y autopistas, chorizos y corruptos disfrutan en libertad de sus corruptelas mientras titiriteros, sindicalistas, humoristas, … son detenidos y multados.

Al final nos llevan a elegir a la gente que gobierna, no por su programa, sino por las veces que sale en la tele, por la capacidad que tiene en el “y tú más” o por lo más o menos duro/a que es con los/as rebeldes secesionistas. Así que, nada, mientras no se habla de política, mientras denigramos a la clase política, ellos y ellas felices y sonrientes

 

Llevamos dos días en los que nos bombardean, mediáticamente hablando, con la visita del príncipe heredero saudí que viene a firmar un sustancioso contrato para que España venda a Arabia Saudí, barcos de guerra.
El príncipe saudí, recibido y agasajado por el Borbón y el Rajoy como un jefe de estado, firmará también un “acuerdo de colaboración con España” que posibilitará la participación de nuestro país en la construcción de una base naval en Arabia Saudí, donde atracarán los barcos, y la instrucción de militares saudíes para el manejo de los buques.
Como siempre, la derechona, el PP y Ciudadanos, la cúpula empresarial, la prensa de orden y los/as tertulianos/as generadores/as de opinión, nos salen hablando del empleo que genera este contrato.
No lo niego, pero ¿saben cuanto empleo genera la educación, la sanidad, los servicios sociales, las energías renovables, la cultura, los espacios naturales,…?
Claro que lo saben, pero este tipo de empleo, a esta gente que nos gobierna (no olviden que porque les votan), les importa un pimiento.
Igual que les importa un rábano que Arabia Saudí sea un país en el que no se respetan los derechos humanos más básicos.
Allí, en esa tierra que gobiernan los sátrapas de la familia del príncipe que nos visita, se tortura, se decapita, se somete a la mujer a una indecente discriminación, se persigue y ejecuta a homosexuales, a miembros de minorías y a quienes blasfeman.
Es legal la amputación de miembros y la flagelación pública y no hay libertad de expresión. Todo ello reiterada y sistemáticamente denunciado por Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Pero no pasa nada, mandan los petrodólares.
Tampoco importa que Arabia Saudí esté masacrando a la población civil del Yemen y que la Unión Europea prohíba la venta de material militar a cualquier país que participe en un conflicto armado y que “puedan utilizarse para cometer violaciones graves del Derecho internacional humanitario”. España no ha dejado de vender armas y es el tercer exportador de armas hacia el régimen saudí.
Las relaciones armamentísticas entre España y Arabia saudí están “protegidas” por un convenio entre ambos países que establece una protección mutua de información clasificada en el ámbito de la defensa que, obviamente, impide la trasparencia.
No es empleo relacionado con material de guerra el que necesitamos trabajadores y trabajadoras. Esos barcos, bombas, munición, torpedos y demás “herramientas” para matar, matan a trabajadores y trabajadoras, a civiles indefensos e inocentes. Ese negocio llena los bolsillos y las cuentas corrientes de quienes, con la guerra, hacen grandes negocios.
Malditas, malditas guerras ¡¡¡

Mientras la gente toma, otra vez, conciencia de la que está cayendo y vuelve a llenar las calles de lucha y movilización, la cuadrilla de Rajoy, Báñez, Cospedal, Montoro y demás, siguen a lo suyo. Tomándonos el pelo y fastidiándonos la vida.

Mientras afirman no tener un puñetero € para poder actualizar las pensiones al IPC, van a gastarse miles de millones en Armamento.

Según consta en los papeles que ha aprobado el Ministerio de Defensa, el que dirige Dª Dolores, van a empezar este mismo año siete programas de armamento que, estiman, supondrán un gasto de 10.805 millones de €.

El ardor guerrero de Cospedal y su gente les lleva a decidir que es urgente y necesario comprar vehículos de combate 8×8, fragatas F-110, aviones militares nuevos de entrenamiento, helicópteros de combate NH-90, modernización del sistema de mando y control militar aéreo, aviones de reabastecimiento en vuelo y modernización de los helicópteros Chinook.

Dª Dolores se lanza a estas inversiones nuevas a pesar de que aún debe gastos de armamento de ejercicios anteriores. Hay 11 programas de armamento militar que siguen “vivos”. Son “cositas” tan necesarias para el gasto social como los cazas Eurofighter, los helicópteros de combate Tigre, el submarino S-80 y el avión de transporte militar. Vamos, que esos 10.805 millones de ahora son añadidos a lo que se debe y se paga.

Y todo ello lo hacen mintiendo y engañando. Hace ya años, desde 2012 en que llegó Rajoy al Gobierno, se decidió no incluir en los Presupuestos los pagos de los PEA (Programas Especiales de Armamento). ¿No gastaron?, que va. Claro que gastaron y mucho. Unos 2.000 millones de € al año. Recurrían a la trampa contable de aprobar en el Consejo de Ministros créditos extraordinarios. Por ejemplo, en 2017, han sido 1.824,47 Millones de €.

Hay otra mentira más con los gastos militares que aparecen en los Presupuestos y son debatidos en el Congreso. A las misiones militares en el exterior se les asigna un presupuesto de 14,3 millones de €, pero la realidad es que, cada año, en estas aventuras a las que nos mandan Trump y la OTAN, se gastan unos 1.000 millones de € que se pagan desde un fondo que se llama “Imprevistos y Funciones clasificadas de Otros Ministerios”. Sirva como ejemplo que este año pasado de 2017 el propio Secretario de Estado de Defensa, en el Congreso, en la Comisión de Defensa del pasado 26 de Abril, anunció que el gasto previsto de las misiones en el exterior sería de 1.062,5 millones de €.

Son las cosas que tiene el cumplir los mandatos de Trump. Este año tiró de las orejas a D.Mariano (recuerden aquella visita que hizo al imperio para que el mandatario de la Casa Blanca dijera algo sobre Cataluña) y le dijo que España, como exige la OTAN, incremente el gasto militar hasta el 1,53 de su PIB.

Pues ya saben, D.Mariano dice que “hay que escuchar a la calle”, todos los días estoy en la calle y no oigo, ni a dios, pedir más gasto militar. Oigo reclamar derechos y libertades, oigo reclamar una sociedad igualitaria y feminista, oigo defender unas pensiones dignas, pero la verdad, oir al personal pedir tanques, helicópteros y aviones, no se oye.

Lo dicho, hay que echar a esta gente, pero cuanto antes. Y…, atentos/as, que el año que viene hay elecciones, estos populistas serán capaces de subir el IPC a las pensiones. Las pensiones seguirán siendo una mierda para la mayoría de pensionistas, seguirán en el aire las pensiones de las generaciones precarizadas en su trabajo y esta gente, o su marca naranja, volverán a ganar. Tengan memoria cuando vayan a votar.

Sí, nadie lo dice, ningún periódico, ni ninguna radio, ni ningún/a tertuliano/a, le dedica el más mínimo espacio, pero hoy, 20 de Febrero, es el Día Internacional de la Justicia Social.
No dicen nada porque hoy es un día más de esos en los que el cinismo internacional es impresentable.
En 2007, la Asamblea General de la ONU, con grandes fastos, trompetas y alharacas, proclamó los principios fundamentales para alcanzar la Justicia Social en el mundo. Todos los países la aceptaron y se comprometieron a desarrollarlo.
Según vemos en los documentos de la ONU aprobados la Justicia Social obliga a un reparto equitativo de los bienes sociales. En una sociedad con justicia social, los derechos humanos son respetados y las clases sociales más desfavorecidas cuentan con oportunidades de desarrollo.
La justicia social, para que sea algo más que una grandilocuente declaración, necesita el compromiso del Estado para compensar las desigualdades que provocan el mercado y otras cuestiones propias de la globalización y del capitalismo. Se supone que quienes firman el compromiso deben propiciar las condiciones para que toda la sociedad pueda desarrollarse en términos económicos y sociales. Esto quiere decir, en otras palabras, que no deberían existir unos pocos multimillonarios y una gran masa de pobres pero la realidad es la que conocemos.
Es resultado de como entienden la justicia social. La derecha, aunque parezca moderna, de nuevo cuño y cambie el azul por el naranja, defiende a ultranza el liberalismo y por eso sostiene, y así lo aplica, que la justicia social está vinculada a la generación de oportunidades y a la protección de las iniciativas privadas. El estado no debe intervenir en la economía. El sector público debe ser algo marginal.
La izquierda, el socialismo, el de verdad, defiende la intervención del estado para lograr la justicia social. La izquierda señala que hay márgenes de beneficios inmorales en medio de sociedades empobrecidas y busca redistribuir la riqueza, combatir el lucro desmedido, a través de impuestos, tasas u otras medidas.
Hoy, el cinismo y la doble moral internacional, nos dan una razón más para seguir defendiendo la Justicia Social, la redistribución de la riqueza, la igualdad de oportunidades, el trabajo digno, la educación, la sanidad, la igualdad real entre hombres y mujeres, los derechos sociales, un mundo respirable. Hoy tenemos una razón más para defender el desarrollo equilibrado y sostenible y la dignidad humana. Hoy, trabajadores y trabajadoras, tenemos miles de razones más para exigir empleo digno, protección social, y los principios y derechos fundamentales en el trabajo.
No debemos asumir que la partida está decidida. No debemos aceptar que ganen las negras
Vaya frenesí viajero. Rajoy en Ave a Castellón (aunque se paró), Puigdemont por tierras danesas, Rivera haciendo las Europas para darse un barniz de lider,…….
Mientras tanto la cruel y dura realidad. Cruel y dura para algunos y algunas, para los y las de siempre.
Intermon Oxfan vuelve a dejar clara la mentira de Rajoy, la mentira de la recuperación, la mentira del “la cosa va mejor”.
Ya que se van a juntar en Davos, el Foro Económico Mundial, no está de más insistir en lo evidente: “el crecimiento económico no ha servido para reducir la pobreza ni aumentar los ingresos de los hogares”.
Esta semana Intermon Oxfam ha publicado un informe que reitera, una vez más, la dramática situación de pobreza y desigualdad en España.
La recuperación económica de la que presume D.Mariano está aumentando la brecha social. La recuperación ha mejorado 4 veces más a los/as más ricos que a los/as más pobres.
Y… ¿cómo se hacen más ricos cada vez?, pues a costa del empleo basura, de la precarización del mercado laboral, es decir, incrementando sus beneficios gracias a salarios y condiciones laborales que, cada vez, son peores. En este puñetero país, los beneficios empresariales han crecido un 200,7% en los últimos cinco años mientras que el coste laboral por trabajador/a se mantiene estancado desde 2012.
El mercado laboral, gracias a las reformas laborales de PSOE y PP, además de precarizar el empleo, ha permitido a los empresarios bajar unilateralmente los salarios. Es asquerosamente indignante que los salarios de trabajadores/as se han reducido un 15 %, mientras que los salarios más altos ha crecido un 15,18%, desde 2008 hasta 2016.
El marco laboral facilita que las empresas externalicen servicios, bien mediante empresas interpuestas, bien con subcontratas o bien recurriendo a los/as falsos/as autónomoas/as. Todo ello precariza aún más el mercado de trabajo y rebaja el salario porque un contrato en estas condiciones cobra, de media, un 31% menos de lo que recibe otro acogido a un convenio colectivo sectorial.
Esta es la verdadera realidad que se esconde tras tanta banderita, tanta pelea entre “constitucionalistas” e “independentistas” y tanto viajecito. Y no se olviden de que, además, están las mil y una tramas corruptas que siguen su devenir por los juzgados.
¿Van a pensar mejor a quien votar en el futuro?
Sigue la tormenta en el noreste, las banderas en los balcones pierden color, se arrugan y van perdiendo lustre.
Mientras, poco a poco, D.Mariano y su gente siguen jodiéndonos la vida.
Mientras nos “enrollan” con Cataluña sube la luz hasta niveles estratosféricos, siguen los empleos basura y siguen metiendo la mano en la hucha de las pensiones que es la que había gracias a las cotizaciones que habíamos aportado los trabajadores y trabajadoras de este país de pandereta.
Así, los 66.815 millones de € que había en 2011, momento en el que llega al poder D.Mariano, al final de este año va a ser de 4.509. Es decir, en 6 años, el PP se ha pulido 62.306 millones de ese fondo de reserva que aseguraba las pensiones.
La cosa no acaba aquí porque, para seguir pagando las pensiones, aunque están prácticamente congeladas, la Seguridad Social ha tenido que pedir un préstamo al Gobierno de 10.192 millones de €. Es verdad que es un préstamo sin intereses (porque es el estado el que lo da a la SS), pero es un préstamo y, por consiguiente, es una deuda más que el PP ha “endosado” a la SS. Eso da un resultado contable de que este año de 2017 el fondo de reserva queda en números rojos. Quedan 4.509 pero se deben 10.192 así que, el saldo, es -5.683.
Añadan a eso que los y las pensionistas llevamos ya unos años de pérdida de poder adquisitivo por aquello de que nos suben el 0,25 % aunque el IPC sube cada año por encima del 1,5 %.
Hay otra cuestión no menos importante. Los/as actuales pensionistas tenemos la pérdida de poder adquisitivo asegurada hasta 2022 que es hasta cuando está vigente esa “subida” del 0,25 %.
Lo que ya no se es qué les deparará el futuro a los/as futuros/as pensionistas. Pensiones siempre habrá, otra cosa es la cuantía que tengan. No sólo porque cada vez se oye hablar a más «expertos» decir que hay que ampliar, aún más, la edad de jubilación hasta los 70 años e imposibilitar al máximo las jubilaciones anticipadas, porque sigue la desaforada campaña a favor de los planes de pensiones privados. El verdadero palo es que, si las urnas no lo remedian, en 2019 entrará en vigor el factor de sostenibilidad, que supone introducir, para los/as nuevos/as pensionistas, una nueva variable a las ya existentes como son la edad de jubilación, años cotizados, cuantía, etc. Esta nueva variable supondrá tener en cuenta, al calcular la primera pensión, su esperanza de vida en ese momento y se le conoce como factor de equidad intergeneracional y se le revisará cada cinco años.
Esto significa que, como aumenta la esperanza de vida los derechos cotizados durante nuestra etapa activa nos los repartirán durante un número mayor de años, por tanto, aunque de manera global recibirán de manera equivalente a los jubilados actuales, la cuantía mensual será más reducida. Es decir, se cobrará menos al mes pero durante más años.
Pero, claro, a pesar de todo esto, de la corrupción, de la prepotencia, de la intervención de comunidades y ayuntamientos, de la ley mordaza, de mantener a curas y reyes, la gente les sigue votando. por eso se ríen.

Otoño, ese espacio temporal a caballo entre el verano y el invierno. Nos avisaron de que este otoño sería más caliente y húmedo de lo normal. Nos dijeron eso, al tiempo que, el planeta sigue avisando de que va mal, de que hay que tomarse en serio lo del cambio climático.

Es verdad que, hasta la semana pasada, el otoño era caliente. Lo digo desde el punto de vista climático aunque, como es sabido, en lo social y en lo político también ha sido, y será, caliente. Pero el otoño se volvió frío, muy frío.

Desde la ventana, mirando el cierzo y el Moncayo nevado, me acordaba de esos versos de Benedetti:

“aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha”

Y pensaba, en quienes no encuentran empleo aunque lo buscan, en quienes pasan frío porque no pueden pagar la factura de la luz, esa que es la más cara de Europa, pensaba, también, en que no cesan los asesinatos machistas, en que al mismo tiempo que en Argentina condenan a los asesinos a cadena perpetua, aquí, nuestro Presidente, dice que no entiende por qué quitan del callejero a militares golpistas y defensores de la dictadura asesina. Se me cruzaban, también, las imágenes del PP en el banquillo, de la lista de tramas corruptas y… ví a un hombre, con un carrito de un supermercado, abrir un contenedor de basura y empezar a buscar.

Y pensé en ese circo recurrente en el que nos embarcan cada día para hacernos creer que las cosas importantes son esas de las que se habla en las tertulias, esas de las que hablan las portadas de la prensa “seria”. Tertulias y portadas lejos de esa realidad cotidiana que vive la mayoría de la gente. El cierzo alborota un montón de hojas que, siguiendo el ritmo de la vida, han caído después de haber cumplido su función. Cada hoja lleva su historia escrita, igual que cada persona.

Las personas, a diferencia de las hojas, no cumplen su función en cada estación del año. Las personas tienen derecho a vivir, les dicen que les protege una Constitución que les da derecho a empleo, a vivienda, a educación, a sanidad. Les dicen que les da derecho a una vida digna, a una vida sin el futuro congelado, sin esa escarcha diaria que les hace sentir las dentelladas de la pobreza. Pero les engañan. No hay más que ver los datos.

¿Cuantas personas hay que tienen el futuro lleno de escarcha, a punto de congelarse y no queda sitio en su vida para la belleza?. Muchas, demasiadas. Más cada vez, más cada día.

¿Saldremos algún día de este otoño permanente?