Hoy es 14 de Octubre de 2011. Hoy hace exactamente 80 años que el diario de sesiones del Congreso de los Diputados, publicaba estas palabras de Azaña: España era católica en el siglo XVI, a pesar de que aquí había muchos y muy importantes disidentes, algunos de los cuales son gloria y esplendor de la literatura castellana, y España ha dejado de ser católica, a pesar de que existan ahora muchos millones de españoles católicos, creyentes”.

Manuel Azaña. Ministro de la Guerra. Sesión de Cortes. 13 de octubre de 1931.

Correspondían a la sesión que se había celebrado el día anterior. Era una de las sesiones en las que debatían y votaban los artículos de La Constitución de la II República Española que sería definitivamente aprobada por Las Cortes Constituyentes el día 9 de Diciembre de 1931.

La frase de Azaña encendió los ánimos de los católicos y ultraconservadores que no entendieron que lo que realmente significaba era que, gracias a la nueva Constitución, España dejaba de tener la religión católica como religión oficial del estado.

Si leemos el Artículo 26. ” Todas las confesiones religiosas serán consideradas como Asociaciones sometidas a una ley especial.” y complementamos con la lectura del Artículo 27.” La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública” podremos comprobar que,  en absoluto,  la frase de Azaña era una invitación a quemar iglesias como interpretó lo más reaccionario.  Simplemente reconocía una evidencia. La Iglesia católica dejaba de tener privilegios y era tratada como una asociación civil más,  exactamente igual que la resto de confesiones religiosas.

Hoy la Iglesia Católica tiene privilegios, no paga impuestos y gracias al Concordato vigente tiene prerrogativas en nuestro Estado que les lleva a, incluso, tener sus propios tribunales, a que la religión católica esté presente en los currículos escolares, a que haya sacerdotes católicos en los hospitales públicos (pagados con nuestros impuestos), a que haya capellanes castrenses en el ejército, y a que en los centros públicos educativos sean los obispos quienes decidan a qué profesor o profesora contratamos para dar la clase de religión .

La III República llegará algún día, pero, mientras tanto hay que reclamar que se rompa el Concordato y que la Iglesia Católica pague impuestos y deje de tener privilegios.

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