¡¡ Que pena¡¡. Ha sido decepcionante el resultado alcanzado en la recién terminada Cumbre de Copenhague. Lo sucedido en la capital danesa es un tremendo fracaso colectivo. Me parece patético especialmente que la representación española, encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero, el de los brotes verdes y la economía sostenible, y la Unión Europea en su conjunto, que tendrá presidencia española en apenas 10 días, hayan cedido en sus pretensiones iniciales y se hayan sumado tras constatar el fracaso a la ineficaz proclama última de la Cumbre, pero sin conseguir un acuerdo que sea legalmente vinculante.

Por mucho que se empeñe la propaganda y por muchas proclamas oficiales, los logros vendidos por Obama o Rodríguez Zapatero, entre otros mandatarios presentes son absolutas mentiras. La triste realidad es que no se han fijado objetivos claros de reducción de emisiones y queda sin establecer un protocolo de actuación que sustituya al de Kyoto”.

En este momento tienen una especial gravedad estos resultados, sobre todo tras las expectativas generadas y también por hacerse caso omiso de la necesidad, absolutamente avalada por la comunidad científica, de actuar sin más demoras ante el progresivo calentamiento global. Resulta descabellado que se haya concluido con una simple declaración de intenciones y la voluntad, que no compromiso, de ayudar económicamente al tercer mundo.

Es inaceptable ver como los líderes mundiales, especialmente los de los países más ricos, han incumplido el compromiso adquirido hace dos años en Bali de llegar en 2009 a un nuevo acuerdo multilateral legalmente vinculante. Éste debía incluir compromisos de reducción para los países desarrollados y objetivos de desviación que moderaran el crecimiento de las emisiones de los países emergentes”.

Este fracaso será muy negativo para las víctimas del cambio climático, entre las que se encuentran millones de empleos afectados por las sequías, las inundaciones y los fenómenos climáticos extremos. Dejamos de enfrentarnos a unos cambios que afectarán a millones de trabajadores y trabajadoras y también se pone en cuestión la oportunidad de dar un giro importante al modelo productivo, que podría crear millones de ‘empleos verdes’ y mejorar la calidad de vida sin degradar el medio ambiente.

Denuncio, también, la exclusión de la sociedad civil en las negociaciones de la Conferencia. Ha sido un atentado contra la participación social y ciudadana, que ha roto con la tradición de participación de la sociedad civil en la agenda climática. Tenemos que conseguir que estos derechos para la participación ciudadana sean inexcusablemente recuperados en las próximas citas y así hay que exigirlo en todos los ámbitos y foros donde tengamos presencia.

Debemos seguir la lucha. Hay que emplazar a todos los agentes políticos y económicos de ámbito internacional para que adopten medidas que garanticen, sin presiones ni acuerdos previos por parte de ningún grupo de países por muy poderosos que sean, el necesario proceso de negociaciones multilaterales en el marco de Naciones Unidas que dé continuidad y alternativas al Protocolo de Kyoto.

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