“Las corporaciones y los gobiernos de los países denominados más desarrollados, en complicidad con un segmento de la comunidad científica, nos ponen a discutir el cambio climático como un problema reducido a la elevación de la temperatura sin cuestionar la causa que es el sistema capitalista.

Confrontamos la crisis terminal de un modelo civilizatorio basado en el sometimiento y destrucción de seres humanos y naturaleza que se acelera con la revolución industrial.

El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre esta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma.

Bajo el capitalismo, la Madre Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los seres humanos en medios de producción y consumidores, en personas que valen por lo que tienen y no por lo que son.

El capitalismo requiere una potente industria militar para su proceso de acumulación y el control de territorios y recursos naturales, reprimiendo la resistencia de los pueblos. Se trata de un sistema imperialista de colonización del planeta.

La humanidad está  frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida”.

Es una pequeña parte de la declaración final acordada en la Conferencia de los Pueblos Contra el Cambio Climático celebrada en Cochabamba (Bolivia) los pasados días 19 al 23 de Abril.

Sin embargo lo que ha trascendido en Europa, y lamentablemente de manera resaltada, es un sensacionalismo intencionado para desacreditar la Conferencia y al Presidente de Bolivia. Yo era una de las 20.000 personas que asistí  a la inauguración de la Conferencia y escuché, en directo y de forma presencial, el discurso de Evo Morales. Me parece deplorable que la trascendencia y la información que ha llegado a Europa, salvo por los canales propios de quienes allí hemos estado, quede reducida a unos titulares más o menos sensacionalistas. Evo, tan natural como siempre, hizo un discurso cargado de humor, y en un contexto determinado, Evo Morales aludió al engorde de pollos con hormonas, muchas de ellas femeninas, y se preguntaba si eso no acabaría provocando “desviaciones en el ser de los hombres”.

Posteriormente, en la parte del discurso que hizo relajado, afirmó que, por culpa de los transgénicos, los europeos eran “todos calvos”.

Personalmente pienso que no era esto lo más reseñable de una intervención de 45 minutos. Lo que sí se es que esas frases, y en el contexto que se dijeron, no pueden ser tomadas como afirmaciones serias de un presidente de gobierno. Ya se que han dado lugar a unos titulares fáciles y han conseguido que no se hablase más que de pollos y calvos en vez de centrar la atención en los contenidos, completos, trabajados y elaborados en horas y horas de debate, trabajo y encuentro, de una conferencia y de un discurso mucho más rico. Un discurso que, finalmente, lo que hizo fue confrontar dos modelos productivos: el capitalismo feroz y el auténticamente sostenible y respetuoso con la Pachamama.

En definitiva,  hay que saludar, valorar, difundir y apoyar la declaración de Cochabamba que es una esperanza.

Aquí os dejo íntegro el documento para que lo podáis descargar: Acuerdo de los Pueblos (Cochabamba)

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