Llevamos dos días en los que nos bombardean, mediáticamente hablando, con la visita del príncipe heredero saudí que viene a firmar un sustancioso contrato para que España venda a Arabia Saudí, barcos de guerra.
El príncipe saudí, recibido y agasajado por el Borbón y el Rajoy como un jefe de estado, firmará también un “acuerdo de colaboración con España” que posibilitará la participación de nuestro país en la construcción de una base naval en Arabia Saudí, donde atracarán los barcos, y la instrucción de militares saudíes para el manejo de los buques.
Como siempre, la derechona, el PP y Ciudadanos, la cúpula empresarial, la prensa de orden y los/as tertulianos/as generadores/as de opinión, nos salen hablando del empleo que genera este contrato.
No lo niego, pero ¿saben cuanto empleo genera la educación, la sanidad, los servicios sociales, las energías renovables, la cultura, los espacios naturales,…?
Claro que lo saben, pero este tipo de empleo, a esta gente que nos gobierna (no olviden que porque les votan), les importa un pimiento.
Igual que les importa un rábano que Arabia Saudí sea un país en el que no se respetan los derechos humanos más básicos.
Allí, en esa tierra que gobiernan los sátrapas de la familia del príncipe que nos visita, se tortura, se decapita, se somete a la mujer a una indecente discriminación, se persigue y ejecuta a homosexuales, a miembros de minorías y a quienes blasfeman.
Es legal la amputación de miembros y la flagelación pública y no hay libertad de expresión. Todo ello reiterada y sistemáticamente denunciado por Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Pero no pasa nada, mandan los petrodólares.
Tampoco importa que Arabia Saudí esté masacrando a la población civil del Yemen y que la Unión Europea prohíba la venta de material militar a cualquier país que participe en un conflicto armado y que “puedan utilizarse para cometer violaciones graves del Derecho internacional humanitario”. España no ha dejado de vender armas y es el tercer exportador de armas hacia el régimen saudí.
Las relaciones armamentísticas entre España y Arabia saudí están “protegidas” por un convenio entre ambos países que establece una protección mutua de información clasificada en el ámbito de la defensa que, obviamente, impide la trasparencia.
No es empleo relacionado con material de guerra el que necesitamos trabajadores y trabajadoras. Esos barcos, bombas, munición, torpedos y demás “herramientas” para matar, matan a trabajadores y trabajadoras, a civiles indefensos e inocentes. Ese negocio llena los bolsillos y las cuentas corrientes de quienes, con la guerra, hacen grandes negocios.
Malditas, malditas guerras ¡¡¡
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