Aunque nos den la paliza con lo de Ucrania y aquí, en la tierra noble, con esa locura de los juegos de invierno. Aunque la derecha siga estirando el bulo de las macrogranjas (¿saben si han detenido ya a quienes agredieron a la policía y reventaron un pleno municipal?), mañana se vota un tema especialmente importante para la clase trabajadora de este país.

Ya saben, al menos eso espero, que la modificación de la Reforma Laboral, pactada por el Gobierno, los sindicatos y la patronal, lleva un mes en vigor. Saben, también que como es un Real Decreto, para que siga en vigor, debe ratificarlo, por mayoría, el Congreso. Entre todas esas noticias «importantes» que reseño al principio, se ha colado alguna que habla de lo que está costando que el Gobierno consiga los votos necesarios para mantenerla.

Bueno, pues ha llegado el momento. Mañana se vota. Confío en que salga adelante. Es un avance importante y necesario para la clase trabajadora. No es la derogación del reformazo del PP. No lo es. Ya lo digo yo mismo antes de que esa izquierda tan pura me lo diga. Pero, ¿alguien puede negar que recupera derechos arrebatados a los/as trabajadores/as?.

Destaco los que me parecen importantes: Reduce la temporalidad y refuerza la negociación colectiva. No se me olvida, lo se por experiencia, que un acuerdo o pacto, por muy bueno que sea, no sirve hasta que no se convierte en Ley. Por eso es importante recordar que las leyes no se hacen en una mesa de diálogo, aunque en la mesa pueda prepararse el trabajo. Las leyes se hacen en el Congreso y dependen de las mayorías necesarias. Afortunadamente se ha roto ese bipartidismo ramplón que nos ha gobernado casi todos los años de nuestra democracia. Hoy, como bien sabe todo el mundo, es imposible aprobar ninguna ley sin que haya acuerdo de unos cuantos partidos. Mañana sabremos si este decreto de la reforma laboral se convalida o no. Lo que sabremos mañana es si se mantiene o se vuelve al reformazo del PP.

Llegados aquí entiendo, los hechos han demostrado y lo siguen demostrando, que las derechas más carcas y reaccionarias, prefieren ese modelo explotador de la gente que, desde 2012, implantó el PP. Lo han demostrado con sus posiciones contrarias a los diferentes avances habidos, en estos dos años de Gobierno PSOE-Unidas Podemos, para la población trabajadora. No estuvieron de acuerdo en derogación del despido objetivo por bajas médicas, aunque fueran justificadas. No les gustó nada la «Ley Rider» que reconocía derechos de quienes reparten. Qué voy a contarles de las opiniones, y posiciones, ante los seguidos aumentos del salario mínimo. Por ello es comprensible, y hasta razonable, que PP, VOX y esas otras derechas rancias del espectro nacionalista, voten en contra.

Además de que los problemas de trabajadores y trabajadoras les importan muy poco, siguen su estrategia de acoso y derribo del Gobierno. Ya entiendo menos las posiciones de quienes, habiéndose opuesto a la reforma del PP, de quienes han apoyado esa línea de trabajo a favor de trabajadores y trabajadoras, dicen que van a votar en contra de esta norma. Me encantaría que me explicaran si consideran que lo que se vota mañana es dañina para la gente, o si es regresiva. Seguro que es insuficiente, pero ¿es o no es una mejora de la situación que hubo hasta hace un mes?.

Lo que veo, y mira que me cuesta reconocerlo, es algo que en mi actividad política y en mi actividad sindical anterior, he vivido muchas veces. Es el «no mojarse», es aquello del «que lo voten otros», porque así se dejan la puerta abierta a la crítica. No asumen responsabilidades y se instalan en la comodidad, y la pureza, de su trinchera. Dejan la decisión para otros y otras y se reservan el derecho a criticar a quienes asumen sus responsabilidades y, también, sus contradicciones.

No se el resultado de mañana. Espero, y confío, que desde mañana se modifique el reformazo laboral del PP de 2012. Espero que salga adelante y que asuman su responsabilidad, y sus contradicciones, quienes tienen en sus manos que la necesaria mayoría siga siendo mayoritariamente de izquierdas. Tumbar la Reforma Laboral que, por primera vez, ha sido acordada en una mesa de diálogo tripartito sería un mal negocio para la clase trabajadora de este país.