Ayer, en Zaragoza, participé en el acto de cierre de campaña electoral para las municipales y autonómicas de mañana.

Mañana hay que llenar las urnas, hay que llenarlas de votos que hagan posible el cambio que este país necesita.

Acaba una campaña dura, complicada y difícil para nosotros y nosotras. Ha sido una campaña en la que hemos tenido que superar el vacío informativo. Ni tan siquiera nos han permitido un espacio electoral gratuito en la radiotelevisión española aunque ello no ha impedido que nuestro vídeo electoral, difundido por las redes, haya sido el más visto y compartido de todos.

Una campaña en la que, en vez de programas y debates de ideas, lo que ha primado ha sido la imagen y el marketing. Izquierda Unida ha presentado varias, interesantes, necesarias. Destaco la nuestra sobre empleo garantizado en una Comunidad que, como la nuestra, Aragón, tiene más de 100.000 parados y paradas. Destaco, también, la que hemos hecho sobre un plan de emergencia social que rescate a la gente de la pobreza y la exclusión.

He visto una campaña en la que el sistema quiere resituarse, una campaña que pretende cambiar un bipartidismo por otro para que nada cambie.

He visto, también, una campaña en la que las candidaturas construidas desde la convergencia social, política y ciudadana, van a entrar con fuerza en los ayuntamientos.

No será así en los parlamentos autonómicos. Y no será porque ha sido imposible la misma unidad popular que para las municipales.

Los trabajadores y trabajadoras tendremos eso en cuenta a la hora de votar. No merece nuestro voto quien ha antepuesto su estrategia, su interés partidista o, incluso, su prepotencia y egolatría a sumar esfuerzos para la izquierda. Esa negativa a la convergencia, hecha expresa y pública, por algunas fuerzas políticas, ayudará a que la derecha siga gobernando.

Con todo, lo evidente, es que mañana, nos jugamos mucho. Nos jugamos, ni más ni menos, que todo siga igual o que el cambio empiece a darse.

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