Los cinco meses del Gobierno de Syriza han estado marcados por las duras negociaciones que ha mantenido con la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). Al final, tras el referéndum, ayer el Parlamento griego votó mayoritariamente a favor del “acuerdo” firmado por Tsipras. Lo primero a resaltar es que no debe utilizarse la palabra acuerdo para lo que es una imposición de política económica que el propio gobierno griego sabe que es contraproducente para su economía.

Hay que reconocer, llegados a este punto,  que la postura de Syriza siempre fue clara: a pesar de reconocer que las medidas de austeridad exigidas por la Troika son nefastas para el crecimiento económico y para las clases populares, siempre han pensado que la única posibilidad de renegociar la deuda y esperar ayuda financiera estaba en el marco del euro.

Seguir en el euro, es evidente, requiere concesiones. Sin embargo, lo que sorprende, y decepciona, es que este acuerdo final tiene condiciones mucho más negativas para el pueblo griego que las que aparecían en borradores anteriores que fueron rechazados.
A ello hay que añadir el referéndum. Si se hubieran aceptado acuerdos anteriores y no hubiese habido una consulta popular el Gobierno griego habría asumido críticas, seguro, pero nunca el descrédito y la desconfianza que ha generado ahora.
Lo cierto es que el pueblo griego se ha posicionado en contra de las políticas de austeridad y ello, ya que lo pregunta, debería haber sido defendido por Tsipras y su gobierno en vez de resignarse. El resultado del referemdun debería haber obligado al gobierno a mantener su posición frente a la troika.
Aquí llega el chantaje europeo. Castigan a Grecia y le dicen que acepta las condiciones o Grecia sale del euro. Ahí Tsipras valora que es mucho peor la salida del euro porque supone el aislamiento político y financiero.
Pero hoy, todos y todas sabemos, que estando en el euro estamos aislados financieramente hablando porque la troica se pasa por el arco del triunfo la soberanía, impone sus políticas económicas y, como acabamos de ver, chantajea a toda la ciudadanía europea. Triste y dramática situación para el Gobierno griego.
Lo peor es el mensaje claro que da la troica. No permite otra cosa que no sea un acatamiento sin más de sus recetas.
Me quedo con la ciudadanía que votó no en Grecia. Lo hizo con la conciencia clara de la gran mentira que es la democracia en Europa. Esta Europa está sometida al poder financiero.
El pueblo griego fue valiente, dijo OXI a la Europa de los mercados. Ese NO es un SI a la Europa social, a la Europa de los derechos, a la Europa democrática. En esa lucha debemos seguir, junto a la ciudadanía griega. Debemos hacerlo porque ahora viene una gran campaña en la que nos dirán que Grecia, aceptando los recortes, da un ejemplo. Nos dirán que, hasta Tsipras, se ha convencido. Nos dirán que no hay alternativa. Pero sabemos que si la hay. Aquí la esperanza se llama Unidad Popular.

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