Hay quien me dice que el primer síntoma de la vejez es dedicarse a contar batallitas. Pues, ya me jode recordar. Me molesta porque veo que la cosa se repite y siento que la memoria es frágil.

Estos días estamos viendo como el sistema se reinventa, como escenifican esas aparentes diferencias que hay entre los dos grandes partidos que, gracias a ese sistema electoral que protege al bipartidismo, han gobernado este país.

Hoy me acuerdo de un 2 de febrero, el de 1984, ese día CC.OO., también ELA-STV en Euskadi, convocaron una huelga contra la reconversión industrial. Esa huelga no era apoyada por la UGT de Nicolás Redondo que, por aquel entonces, estaba claramente alineada con el PSOE y la socialdemocracia. La huelga paralizó por entero ciudades como Vigo, Ferrol, Cádiz, Gijón, Avilés, Sagunto, Cádiz,…

En 1984 gobernaba Felipe González. Había ganado las elecciones de 1982, su lema fue: Por el Cambio (¿os suena?) era la primera mayoría absoluta de la democracia y tenía 202 diputados.

Su gobierno, el primero de ellos, fue muy duro para la gente. Especialmente para trabajadores y trabajadoras del sector industrial.

El PSOE estaba empeñado en entrar en la OTAN y en lo que, entonces, era la Comunidad Económica Europea. También, en 1984, el gobierno socialista reformó el Estatuto de los Trabajadores e introdujo la “flexibilización” que acabó significando la precarización.

Europa, como condición previa a la entrada, exigió el desmantelamiento de sectores productivos importantes como eran el naval, el siderúrgico, el textil, el lechero e incluso el productor de vino.

El PSOE había ganado las elecciones prometiendo crear 800.000 empleos, pero el desmantelamiento industrial que reclamaba Europa dejó 100.000 parados y paradas y miles y miles de jubilaciones anticipadas.

El desmantelamiento de empresas fue llamado “reconversión industrial” pero realmente, lo que ciertamente ocurrió, es que se produjo un cierre, liquidación y privatización de empresas estatales como eran los astilleros y las siderurgias.

Ese proceso, además de miles de parados y paradas, de desmontar el sector industrial, le costó al estado (eran empresas públicas la mayoría) un billón (con b) de pesetas.

Fue el inicio del camino que convertía a España en un “país de servicios”.

Los ministros socialistas, Boyer y Solchaga, el brazo ejecutor de esta política, no tenían reparos en proclamar que la titularidad de las empresas nos importa y que España no debe competir con los países europeos industriales. Afirmaban que nuestro futuro está en el turismo.

Para no aburrir. El PSOE gano en 1986 (mayoría absoluta), en 1989 (mayoría absoluta) y en 1993 (mayoría simple que reforzó pactando con nacionalistas catalanes y vascos a quienes prefirió en vez de pactar con IU que, con Anguita, tenía 18 escaños).

Y,… bueno, aquí estamos, seguimos pagando la crisis los mismos, seguimos votando a los mismos y se siguen forrando los mismos.

La cosa está que arde

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