Otoño, ese espacio temporal a caballo entre el verano y el invierno. Nos avisaron de que este otoño sería más caliente y húmedo de lo normal. Nos dijeron eso, al tiempo que, el planeta sigue avisando de que va mal, de que hay que tomarse en serio lo del cambio climático.

Es verdad que, hasta la semana pasada, el otoño era caliente. Lo digo desde el punto de vista climático aunque, como es sabido, en lo social y en lo político también ha sido, y será, caliente. Pero el otoño se volvió frío, muy frío.

Desde la ventana, mirando el cierzo y el Moncayo nevado, me acordaba de esos versos de Benedetti:

“aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha”

Y pensaba, en quienes no encuentran empleo aunque lo buscan, en quienes pasan frío porque no pueden pagar la factura de la luz, esa que es la más cara de Europa, pensaba, también, en que no cesan los asesinatos machistas, en que al mismo tiempo que en Argentina condenan a los asesinos a cadena perpetua, aquí, nuestro Presidente, dice que no entiende por qué quitan del callejero a militares golpistas y defensores de la dictadura asesina. Se me cruzaban, también, las imágenes del PP en el banquillo, de la lista de tramas corruptas y… ví a un hombre, con un carrito de un supermercado, abrir un contenedor de basura y empezar a buscar.

Y pensé en ese circo recurrente en el que nos embarcan cada día para hacernos creer que las cosas importantes son esas de las que se habla en las tertulias, esas de las que hablan las portadas de la prensa “seria”. Tertulias y portadas lejos de esa realidad cotidiana que vive la mayoría de la gente. El cierzo alborota un montón de hojas que, siguiendo el ritmo de la vida, han caído después de haber cumplido su función. Cada hoja lleva su historia escrita, igual que cada persona.

Las personas, a diferencia de las hojas, no cumplen su función en cada estación del año. Las personas tienen derecho a vivir, les dicen que les protege una Constitución que les da derecho a empleo, a vivienda, a educación, a sanidad. Les dicen que les da derecho a una vida digna, a una vida sin el futuro congelado, sin esa escarcha diaria que les hace sentir las dentelladas de la pobreza. Pero les engañan. No hay más que ver los datos.

¿Cuantas personas hay que tienen el futuro lleno de escarcha, a punto de congelarse y no queda sitio en su vida para la belleza?. Muchas, demasiadas. Más cada vez, más cada día.

¿Saldremos algún día de este otoño permanente?

 

 

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