No, por mucho que quieran hacernos creer, no es el pacto con Bildu lo que molesta y cabrea al constitucionalismo español, a las gentes de orden y a los poderes económicos.
No es este el motivo de las facheroladas y la exhibición de patriotismo barato. No va de esto la cosa.
Es verdad, no voy a negarlo y así lo he expresado, que este pacto con Bildu es un tremendo error cometido por un Gobierno. Ni siquiera sirve de excusa el estrés y la presión a la que está sometido. Vale, es un error.
Ha dado argumentos y armas para elevar la tensión y ayudar a su propio desgaste. Pero dicho esto no nos perdamos. Hablemos de lo que se está jugando sin que la mayoría del personal se entere. A veces pienso que ni siquiera el Gobierno, centrado y absorbido por la gestión de la pandemia y por el trabajo parlamentario, se entera.
Vamos a hablar claro, la movida, aunque parezca y nos hagan creer otra cosa, no es de los fachas. Las banderas, las cacerolas y los coches son el trampantojo (trampa del ojo) que disfraza la realidad. Lo que hay es una lucha de los poderes y élites económicas; de las cúpulas y organizaciones empresariales; de los fondos buitres; de los botines y florentinos; de las derechas burguesas de siempre que quieren aprovechar la debilidad del Gobierno para recuperar el poder.
Ya ven que empieza la campaña de este Gobierno está roto, este Gobierno no sabe, Gobierno dimisión.
No les interesa la salud de la gente, ni la gestión de la pandemia. Lo que quieren es gobernar y dirigir la reconstrucción, la nueva normalidad. Ese es el problema. No es el pacto con Bildu. Es la derogación de la reforma laboral lo que molesta y preocupa.
Porque lo que nos estamos jugando es decidir como, una vez controlada la pandemia, se pilota lo que sigue. La pelea es quien, y cómo, decide la ruta y marca el camino.
A mi me parece que eso es lo más serio. No se me escapa, y no debería escapársele a nadie, que el dilema a resolver, dicho de manera clara y para que no haya problemas de entendimiento es el siguiente:
a) La reconstrucción se apoya en la precariedad laboral, salarios bajos, política fiscal injusta, derechos sociales precarizados y servicios públicos privatizados.
b) La reconstrucción se apoya en empleo y salarios dignos, política fiscal redistributiva, derechos sociales para todos y todas, servicios y servicios públicos universales
Este es el debate, por eso saltan las alarmas. Este Gobierno, que llaman rojo y comunista, no gusta nada a los poderes económicos, no le gusta a la derecha casposa y ultra, no le gusta a la iglesia, no le gusta a esa gente acostumbrada a mandar y a hacer lo que se le pone en gana. No soportan que esté Unidas Podemos porque están viendo que, con todas las limitaciones, con todas las broncas internas en el Gobierno, están abriendo la puerta a políticas redistributivas, a políticas anticrisis sociales y porque hablan de un modelo productivo que no se base en la pobreza, en la precariedad, en la desigualdad y en la explotación de trabajadores y trabajadoras.
De eso hablamos, aunque se empeñen en que hablemos de banderas y cacerolas. Hablamos, como siempre, de la lucha de clases. Y en esta lucha de clases hay que tener muy claro con quien te posicionas.

 

Un aporte sobre la pretensión del Ayuntamiento de Zaragoza de facilitar la instalación de un hospital privado.

Gracias Arainfo por publicarlo

 

Hospital privado, nuevo pelotazo

Siempre hemos oído esa frase de “que los árboles no te impidan ver el bosque”, seguro que muchas veces la hemos utilizado. Se emplea para avisar del error que podemos cometer si nos fijamos en los detalles (los árboles) y no en el conjunto (el bosque).
Pues eso es lo que quieren que hagamos con todo este lío de la derogación de la reforma laboral.
Lo primero que intentan conseguir, con la inestimable ayuda de la prensa, de la fauna tertuliana y de la memoria de pez que tiene una gran mayoría del personal, es que creamos que lo más importante de lo que se discutió en el Congreso era la reforma laboral. Pues no, lo más importante era si seguíamos o no en estado de alarma que es el único medio constitucional que tenemos para que el Gobierno, por encima de los deseos y veleidades de la patronal que quiere abrir y seguir con sus negocios, por encima de las apetencias territoriales y por encima de quienes a golpe de bandera y cacerola quieren “su” libertad, pueda seguir anteponiendo el criterio sanitario al económico.
Se cruzó en el debate lo del acuerdo con Bildu para derogar la reforma laboral. A partir de ahí se ha desencadenado por tierra, mar y aire, otra ofensiva contra este gobierno que quieren derrocar.
Así nos ponen el cebo de entrar al detalle, al árbol.
¡¡Han roto el diálogo social¡¡, rebuznan quienes nada dijeron cuando, en 2012, el PP impuso, sin importarle tres mierdas (perdón por lo escatológico, pero ya harta el cinismo) el diálogo social, la reforma laboral, que sólo ha traído más precariedad para los/as trabajadores/as. Un inciso hace poco más de un año, Dª Fátima, la exministra del PP responsable del reformazo, abandonó la política para fichar por la CEOE. Esa es la patronal que ahora está indignada por el acuerdo que pretende derogar la reforma laboral. Puertas giratorias se llaman estas cosas.
¡¡Es frágil el Gobierno y tiene que pactar¡¡, pues claro, o es que ya se la olvidado a la gente que la suma PSOE-Unidas Podemos no tiene mayoría absoluta y por eso debe negociar y pactar cada una de sus medidas, entre otras la derogación de la reforma laboral.
¡¡Han pactado con Bildu¡¡, claman y vociferan quienes no tienen ningún empacho, ni vergüenza, en asegurar su gobierno y sillón pactando con la ultraderecha de VOX como hemos visto en Andalucía, Madrid, Zaragoza y otros lugares del solar patrio.
Estos son los árboles, ahora intentemos ver el bosque. Estos son los detalles, veamos el conjunto.
De lo que estamos hablando es de como se sale de esto, de como se llega a esa “nueva normalidad”. Y es evidente. Hay toda una operación montada para que esa vuelta a la normalidad deje las cosas como estaban antes de llegar el COVID. Con una fiscalidad que no es justa porque no paga más quien más tiene, con unos servicios públicos privatizados que favorecen el negocio de los fondos buitres en los que tienen sus acciones, con una élite económica que impone sus condiciones y reglas de juego y con una legislación laboral que convierte a una gran mayoría de trabajadores y trabajadoras en una suerte de esclavos/as a golpe de precariedad y salarios de miseria.
Así que, sí, ciertamente, el Gobierno cometió un error de comunicación, de gestión del acuerdo y de inoportunidad manifiesta, cierto. Pero eso no deja de ser otro árbol que nos ponen delante.
Para quienes tienen memoria de pez les dejo aquí algunas de las portadas de la prensa el día que el PP nos metió doblada la reforma laboral. Ahora piensen y decidan si hay que cabrearse por un acuerdo para derogarla o apoyar para que pueda hacerse.

 

Anoche nos informaban de que la reforma laboral se derogaba como consecuencia del acuerdo con Bildu para su abstención en la votación sobre la prórroga del estado de alarma. A media noche sale el PSOE y matiza que no es derogación íntegra. Con esto ya se organiza el lío y se cabrea medio mundo.
Una cuestión previa que, me parece, no hay que olvidar. Todo el mundo, a excepción de las derechas, la ultra y la más ultra, y de algunos nacionalistas que utilizan la crisis de la pandemia que vivimos para sus intereses particulares, somos conscientes de la necesidad de la prórroga por el interés público y porque debe primar la salud por encima de otras cuestiones.
El Gobierno legítimo, que como todo el mundo sabe, está en minoría, legítimamente y cumpliendo con su obligación y responsabilidad, negoció con quien pudo para lograr lo importante. Lo importante y prioritario, en estos momentos, era conseguir que el Congreso aprobase la prórroga como así fue.
Volvemos al tema de la Reforma Laboral. La primera cuestión que resalto es que ayer se cometió un error, y lo cometió quien firmó ese acuerdo y lo anunció. Es un error, porque genera desconfianza y cabreo, firmar una cosa y al rato decir que lo firmado era otra.
Pero separemos el ruido de las nueces. Reitero que lo fundamental de ayer, el tema en el que nos la jugábamos de verdad, era el tema de la prórroga. El error estuvo en la forma de comunicar, de prisa, con urgencia, un acuerdo alcanzado, a lo que se ve, con prisas para salvar la prórroga. Esto, como todo lo que se hace deprisa y corriendo, tiene riesgo de imprecisión. La imprecisión, el error, es haber puesto en el acuerdo “de manera íntegra” y “antes de la finalización de las medidas extraordinarias por la COVID-19”.
Todos y todas sabemos, incluso quienes firmaron ese acuerdo, que es imposible derogar una ley (la reforma laboral en vigor lo es) en 15 días que es lo que ayer aprobó el Congreso.
Por eso hubo que matizar a media noche. Confío absolutamente, aunque este error se utilizará para hacer ruido, mucho ruido, para intentar romper al gobierno, que el Gobierno cumplirá lo acordado con Bildu que, además, está en su pacto de Gobierno (dejo aquí abajo el texto exacto del acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos) y en esa dirección estaba trabajando hasta que llegó el COVID 19 y trastocó todos los planes (recuerden, por ejemplo, que ya se acabó con aquello de despedir a quienes estaban de baja médica).
Así que sí, un error, un fallo tremendo. Pero sigue siendo este Gobierno el que está forzando una salida lo más social posible de la crisis y este gobierno es el que, si tiene mayoría suficiente para ello, derogará íntegramente la reforma laboral. No lo harán quienes quieren tumbar este Gobierno.
Mientras ello llega hace lo que puede, con aciertos y errores, ciertamente, con una gestión que puede ser mejorable, pero son quienes están gestionando, quienes están tomando decisiones. De los y las demás solo conocemos rechazo, enfrentamiento, bronca, cacerolas, mentiras y banderas.
Antes, cuando se podía ir a tomar café a los bares, observaba como leía el periódico mucha gente. Les veía leer lo gordo, los titulares; en muy pocas ocasiones, exceptuando las páginas de deportes, veía leer una noticia completa.
Eso, y más acentuado todavía con esto de las RRSS, con lo breves que hay que ser porque si no nadie lee completo nada, con los famosos 140 caracteres, hace que sea un método de crear opinión. No hay apenas información rigurosa y contrastada, porque prima lo urgente, lo inmediato, el morbo, lo insustancial, el cotilleo. Se lee la letra gorda y vale
La gran mayoría de la fauna tertuliana “construye” sus sesudos comentarios dándose una vuelta por los titulares de la prensa y recurriendo a frases hechas.
Pero lo cierto es que se crea opinión. Ya ven, llevamos (yo incluido) un par de días hablando de la “manifestación” de los/as fachas de una calle madrileña. Pero lo cierto es fueron unas decenas.
Es verdad que hay decenas de miles de Twits, para eso sirven los trolls, decenas de miles de mensajes en grupos de wassap que lanzan cuatro pero que difunden miles
Si superan el titular, podrán leer en la edición de hoy de El Mundo la queja de una manifestante por la “libertad” que dicen ellos y ellas. Los muertos no paran de crecer, Iglesias se ríe de nosotros y ahora nos quieren poner impuestos a los ricos cuando llevamos dos meses con las economía bloqueada“, se queja Inés, propietaria de una tienda de ropa en la calle de Serrano.
Pues de esto va esta vaina. De cargarse al gobierno no vaya a ser que a toda esta gente se le acabe el ser quien manda, quien explota, quien se enriquece, quien jode la vida a la gran mayoría de la población y quien no paga impuestos.
Pero, de ahí la campaña lanzada, hay que hacer creer que hay una insurrección popular, aunque quienes se manifiestan han tenido que preguntar donde están las cacerolas y sacar los palos de golf y hay que vestirlo de recorte de libertades (no vi jamás a nadie de esta cuadrilla manifestarse por la libertad en tiempos del franquismo, cuando salir a la calle a pedir libertad era jugársela, era arriesgarse a una paliza, y era, incluso, jugarse la vida).
Y, ya lo ven, además de la campaña en redes, una parte de la prensa a ello se dedica. Vean el titular y juzguen. La policía no actuará para protegernos y proteger a esta cuadrilla de irresponsables del maldito bicho, no, nada de eso. Para este ejemplo de periodismo serio y riguroso, la policía recorta libertades y actúa para evitar que haya protestas contra el Gobierno
Así que hablemos de las facheroladas, pero hagámoslo sabiendo lo que buscan y pretenden y desmontemos sus impresentables argumentos.

El diccionario nos dice que esta palabra puede significar suerte, ya saben lo de la buena ventura, pero también riesgo o peligro.
Esta es la segunda acepción que corresponde a la Sra. Ventura, Consejera de Sanidad del Gobierno de Aragón que, para quien no lo recuerde, no es de la derecha aunque esté enquistado el PAR. El Gobierno de Aragón lo preside un socialista de pro, como es el Sr.Lambán y tiene como socios, además del PAR a CHA y Podemos (¿alguna opinión sobre esto?). Un Sr. Lambán, por cierto, que ya quería ponernos en la fase II, y tiene al frente de la sanidad aragonesa a quien, por lo que hemos visto, no está a la altura de las circunstancias.
Digo y afirmo que la Sra., Ventura es un riesgo y un peligro para la sanidad pública aragonesa, para el conjunto del personal sanitario (no solo para los/as médicos), y para la ciudadanía aragonesa.
Tan solo una persona irresponsable, por no emplear otros epítetos que me vienen a la cabeza pero que, por aquello de la educación, reprimo es capaz de cambiar el abandono total que sufrió el personal sanitario en los primeros días de la epidemia del COVID 19 por un “se sintieron estimulados”. El personal sanitario, a lo que se ve, infinitamente más responsable que la Consejera hizo su trabajo buscándose la vida e improvisando los equipos de protección individual que el SALUD no tenía. Eso es lo que la propia Sra. Ventura reconoce, cuando afirma que “se les dejó estimularse para que fabricasen sus propios equipos”. Está afirmando, como se había denunciado por activa y por pasiva, que no existían las medidas de protección necesarias.
Lo inaudito, lo indecente, lo que incapacita a la Sra. Ventura para seguir al frente de la sanidad aragonesa, es considerar la falta de previsión y responsabilidad para con el personal sanitario, un estímulo para ellos y ellas. Una persona seria habría reconocido el fallo en vez de decir una gilipollez.
Seguro que nuestra Consejera de Sanidad no se ha enterado del estrés, de la ansiedad, del miedo que sufren y padecen quienes, en esta situación de crisis, de emergencia, de pandemia, de saber que muere gente cada día, han trabajado (y trabajan) sin las herramientas y equipos necesarios, han asumido su responsabilidad y han antepuesto el cuidado y atención de la persona enferma a su propia seguridad.
La Consejera de Sanidad frivoliza con la angustia, y el miedo, que el personal sanitario siente, a diario, cuando sale de casa y va a trabajar. Porque le preocupa, y asusta, coger el maldito virus y no poder seguir trabajando cuando sabe que hace falta, porque le preocupa, y asusta, coger el virus y llevarlo al autobús, a quienes, como ellos y ellas, van diariamente a trabajar. Porque le preocupa, y asusta, coger el virus y llevarlo a su casa, a su gente, a su compañero o compañera, a sus hijos o hijas.
El personal sanitario, y aquí hablo de todo el personal, del de limpieza, cocinas, lavandería, auxiliares, celadores/as, enfermeras/as, 061, atención primaria y médicos (ya vale de referenciar solo con médicos, ya vale de ese clasismo que se fija solo en la clase más alta de la pirámide) se la ha jugado y se la juega. Saben perfectamente el riesgo de trabajar con las personas contagiadas sin protección suficiente, y lo han hecho a pesar de dirigentes como la Sra. Ventura que no saben que el personal sanitario se merece un respeto, que tiene derecho, como todo el mundo, a trabajar en condiciones que protejan su salud y seguridad.
No vale esa formación judeo cristiana del pecado y del perdón. Ventura ha cometido un error, y ese error se resuelve con la dimisión, no con un acto tardío de contrición.
No puede seguir siendo la máxima responsable de la sanidad aragonesa quien no asume y reconoce errores.

Empieza a instalarse en el imaginario colectivo esa cosa que llaman “nueva normalidad”. Hasta el Gobierno ha anunciado, y colgado en su página web, un “plan para la transición a una nueva normalidad”.
Hablemos claro. “Nuevo” y “Normal” son proposiciones enfrentadas. Nuevo, adjetivo procedente de la palabra latina “novus”. Se aplica a lo recién hecho, a lo que se conoce por primera vez o a algo diferente a lo que había. Puede, también, aplicarse a algo que se añade a lo ya sabido, incluso, puede definirse como nuevo algo que se ha renovado por completo.
Normal, también adjetivo, proviene del término latino “normalis”. Se refiere a todo aquello que actúa ajustándose a una regla o a un modelo establecidos. También puede aplicarse a lo que es natural.
Por el significado de las dos palabras, es imposible hablar de una “nueva normalidad”.
En estos días de confinamiento no he dejado de pensar en la relación de esta pandemia, y de las que nos quedan por vivir, con la globalización, con el capitalismo y con el desastre ambiental que sufre el planeta.
El modelo capitalista, explotador de seres humanos y recursos naturales, ha antepuesto el mercado a todo lo demás y por eso ha desmantelado una buena parte de los servicios públicos y los ha convertido, gracias a las privatizaciones, en objeto de negocio. Ya hemos visto como estaba la sanidad pública, la única que ha dado la respuesta y ya hemos visto el mercadeo especulativo con el material sanitario.
La globalización hace que el virus se extienda por tierra mar y aire a través de un sistema económico que trafica con lo que fabrica en donde menores son los costes salariales. La globalización obliga a miles y miles de desplazamientos diarios, sin contar los millones de turistas. Los datos demuestran que la hipermovilidad ha sido responsable de la rápida extensión del virus a todo el mundo.
Hoy ya sabemos, aunque fauna como empresarios/as, banqueros/as y especuladores/as lo nieguen, que las enfermedades infecciosas se ven favorecidas por el cambio climático, que la destrucción de masas forestales y la pérdida de biodiversidad, dificultan el escudo natural contra las infecciones. El cambio climático, con inviernos más suaves y más cortos los aprovechan perfectamente los virus que están activos más épocas del año.
Es el momento de exigir algo nuevo y reclamar políticas fiscales redistributivas de la riqueza, de recuperar la soberanía industrial y productiva para quitársela a los mercados, de recuperar y potenciar los servicios públicos, de sustituir el empleo basura por otro digno y con derechos, de acabar con el patriarcado ramplón, de implantar programas serios de decrecimiento, de irnos a un modelo energético limpio y no contaminante, de cambiar el individualismo competitivo por la comunidad solidaria.
No podemos volver a una “nueva normalidad”. No podemos volver a un sistema económico, social y ambiental en manos de las multinacionales, de los fondos buitres y de los bancos centrales.

Aquí, a estas alturas, sorprende muy mucho que haya tanta gente lista, presidentes autonómicos como Lambán incluidos/as, que no entiendan que al COVID 19, que aún está rondando por aquí, tan solo se le puede ganar cuando haya una vacuna (y no la habrá hasta finales de año como poco) y que, mientras esta llega, lo único que ha funcionado ha sido el confinamiento y la restricción de movimientos.
¿Sabían Vds, por ejemplo, que los astronautas que pisaron la luna, al volver de su misión, pasaron una cuarentena para asegurarse de que no traían ningún pasajero extraño?.
Todas las sondas y materiales que regresan de misiones espaciales, por lo mismo, por prevención, son confinados y sometidos a una cuarentena.
Esta fórmula, insisto mientras no hay vacuna, es la única que consigue detener la pandemia, aunque no erradica el virus. Y lo digo no por ser epidemiólogo, ni se me ocurre la osadía, si no por haber estudiado datos fiables y contrastados, haber visto lo sucedido con todas y cada una de las pandemias que a lo largo de la historia hemos sufrido y por leer y escuchar lo que dicen, y alertan, contrastados/as epidemiólogos/as reconocidos/as y personalidades, también reconocidas, del ámbito sanitario.
Pues nada, aunque el estado de alarma decretado ha demostrado su eficacia en el control de la pandemia, no hay más que voces contrarias a mantenerlo a pesar de que se ha entrado en fase de desescalada.
Básicamente, quienes se oponen, argumentan la defensa de los derechos de la ciudadanía y de ahí saltan a pedir libertad de movimientos y circulación, apertura de negocios y comercios y reanudar la actividad productiva como si la cosa ya hubiera pasado. Interesa el €, lo del riesgo de trabajadores y trabajadoras, lo del riesgo de repunte de la pandemia,… son minucias secundarias.
Desgraciada, y lamentablemente, la cosa no ha pasado y aunque con menos intensidad que hace unos días, sigue habiendo contagios y sigue habiendo muertes.
Su oportunismo insensible pone en riesgo lo conseguido. Me imagino lo que harían quienes han montado el circo del IFEMA, han pasado revista en la puerta del sol y han repartido pizzas y bocatas, si dependiese de ellos o ellas mantener la atención y vigilancia necesaria para que la pandemia no repunte.
Me indigna profundamente el mensaje que lanzan quienes organizan actos públicos multitudinarios y quienes se saltan el confinamiento y van de gira haciéndose fotos.
Es como algunos expresidentes que, con todo su séquito, se han ido a sus cortijos veraniegos o zascandilean por las calles en chandal.
Están incitando al personal a hacer lo mismo, a pasarse las normas por el forro. Vamos los mismo que líderes tan preclaros como Trump o Bolsonaro.
Esta gente, que así se comporta, que tan alegremente quiere pasar ya a la última fase de la desescalada, que quiere que la gente pueda moverse cuanto antes para ir a la playa, a sus segundas residencias, a los bares y hoteles, al fútbol y a los toros, a misas y procesiones…. nos falta al respeto a esa gran mayoría ciudadana que de manera responsable y solidaria, hemos cumplido estrictamente las normas y obligaciones que una pandemia como esta ha hecho necesarias.
Me suena a mucho cinismo, a indecente mentira, a interesado populismo, que argumenten derechos quienes convirtieron en papel mojado el derecho a la vivienda, el derecho al empleo digno, el derecho a una educación y sanidad públicas y universales y quienes consiguieron con sus políticas llevar a la pobreza al 20 % de la población.
Me da pena, mucha pena, que haya gente (demasiada desgraciadamente) que caiga en sus redes y “compre” esos mensajes.

Llegamos a la desescalada. Una vez que parece que se controla el virus, el personal mayoritariamente piensa que esto ya está resuelto.
Pero, ay amigos y amigas, llega el momento de decidir a favor de quien se resuelve el debate, si de la salud o de los euros.
Pasados los primeros momentos de miedo y acongojo colectivo que, nadie más allá de quien sufre indignación genética o está titulado/a en mala leche, cuestionó viene lo de la salida, lo de la vuelta a la normalidad.
Quien tiene que tomar decisiones, algo muy diferente a contar diariamente las personas muertas o a recomendar telepizza para niños y niñas, se enfrenta a toda una gama de intereses.
Claro, en una situación como la que vivimos, una crisis global y mundial, una crisis que nadie, ni aquí, ni en Alemania, ni en Reino Unido, ni en EEUU, ni medio mundo esperaba es toda una oportunidad para que toda esa gente que construye museos del agravio lo vaya llenando.
Una de las cosas que más me llama la atención tiene que ver, precisamente, con las cosas de los €. Verán, ya saben que estoy felizmente jubilado, pero si estuviese en activo, daría una clase de matemáticas, a mi alumnado de 12-14 años, en estos términos:
– Hay una crisis de caballo, papá estado está pagando ayudas públicas a más de 6 millones de trabajadores y trabajadoras.
– Papá estado está avalando préstamos para empresas en conflictos.
– Papá estado deja de ingresar porque ha aplazado hasta que esto pase el pago de impuestos y cotizaciones.
– Papá estado, a diferencia del papá estado de la otra vez, ha abierto un paraguas que, en vez de proteger a la banca y al IBEX 35, protege a la gente.
– A papá estado le piden que, además, mantenga los ERTES, que quite los impuestos, que haga planes de rescate para todos los sectores productivos.
– ¿Como puede hacerse esto?.
Una vez planteado el tema vendrían preguntas:
– Oye, Adolfo, ¿quienes piden todo esto han sumado lo que cuesta?.
– Oye, Adolfo, ¿papá estado tiene límites al dinero con el que cuenta?.
Respondería que no a la primera. No han sumado porque cada grupo de presión solo mira su ombligo y sí a la segunda, papá estado tiene el límite de lo que puede gastar más lo que consiga que le presten que, como es lógico, tendrá que devolver. Y volvería a situar la pregunta ¿Cómo resolver esto?.
Pues nada, ahí lo dejo. ¿Cómo resolver esto?. Seguro que en mi clase habría respuesta, debatida entre todos/as. Mi duda es si la solución al dilema fuera del aula, será posible con debate (ayer en el Congreso vi toda una sarta de mentiras, insultos e indecentes utilizaciones de dramas humanos), vi el chantaje anunciado de nacionalistas de uno y otro signo y dudo, más todavía, de que la leal y patriótica oposición tenga mayor interés en resolver el problema que en tumbar al gobierno.
Yo les doy mi opinión para que nadie piense que me escondo. Hay que anteponer el interés general al interés corporativo de cualquier sector. Hay anteponer el bien común al interés empresarial, por muy legítimo que este sea.
Y añado, no deberíamos dejar solo al gobierno enfrentarse a quienes indecentemente mercadean con las personas muertas, a quienes lo tapan todo con banderas y a los lobbys bancarios y empresariales. Deberíamos arrimar el hombro si no queremos que la brecha se agudice, si no queremos que la pobreza aumente y si no queremos que acaben desmontando lo público. Tengámoslo en cuenta para que ese pacto de “reconstrucción nacional” defienda el interés general que es el bien común y no el interés de las élites económicas

O responsable, o ciudadano/a libre, o ser serio, o ser adulto/a.
Es la hora en la que nos toca ejercer nuestra responsabilidad, de demostrar el nivel individual que tenemos con lo colectivo, de decir, a cara descubierta, lo que somos.
Llega la desescalada, ayer vimos nuestras calles llenas de niños y niñas con sus papás y mamás. Desde mi ventana, porque se que sigue el confinamiento, porque soy consciente de que sigue habiendo riesgo, vi mi calle. Y vi a una gran mayoría de gente cumpliendo las normas, niños y niñas en grupos máximos de 3 acompañados/as por una persona adulta.
Pero también vi una minoría de irresponsables paseando en grupetes, charlando como si ya no fuese con ellos o ellas la cosa.
Ya se, me dicen, que es una mayoría la que cumple y que solo es una minoría la que se pasa las cosas por donde les da la gana. Ya, ya lo se. Millones de pilas se tiran a los contenedores, pero alguna se tira al río y esa única pila en el río contamina miles y miles de litros de agua que afectan a la fauna del río y a las huertas que riegan con sus aguas.
No me sirve la excusa de que solo son unos/as pocos/as. Me da vergüenza, y pena. No voy a caer en ser la inquisición desde mi ventana, ni mucho menos voy a pedir un/a policía en cada puerta. estas cosas solo funcionan con la colaboración y la asunción de la responsabilidad colectiva.
Necesitamos responsabilidad, mucha responsabilidad y pedagogía, mucha pedagogía, y paciencia, mucha paciencia, con esta cuadrilla, por muy minoritaria que sea, de irresponsables e insensatos/as.
Se está pidiendo la desescalada, la relajación de las medidas de confinamiento. Cierto, puede haber llegado la hora. Parece que, aunque se culpe de todo al Gobierno, las medidas adoptadas han conseguido frenar la pandemia y sentar las bases para que podamos volver a salir a la calle.
Salgamos, pero asumamos que, a partir de ahora, la responsabilidad es nuestra, es individual de cada uno y cada una.
Hasta ahora era fácil ser obediente. No había responsabilidad individual. Lo vivido ayer, y los minoritarios casos de sanciones y multas de todos estos días, demuestran que hay gente que no entiende lo colectivo, que no asume que incumpliendo las normas del confinamiento no solo se pone en riesgo él o ella, sino que pone en riesgo a los y las demás, empezando por sus propios/as hijos/as. Esta gente sabe obedecer. Cumple normas por la amenaza de sanción, no por comprensión del problema y mucho menos sabe entender. Tampoco sabe comprender, ni sabe ser miembro de una colectividad.
La desescalada que viene nos va a situar a cada uno y cada una ante nuestra propia responsabilidad. Nosotros y nosotras decidimos. Ahora ya no vale eso de echar la culpa al gobierno.
Se trata de ser mayores. De saber que, si no hacemos las cosas como hay que hacerlas, estaremos poniendo alfombras al puñetero bicho y estaremos echando por tierra todo lo conseguido en estos largos días de confinamiento.