Lo oigo cada día, hoy lo he vuelto a oir en la radio. Lo oía cuando era diputado y, lo que más dolía, me lo gritaban trabajadores/as y sindicalistas indignados/as y cabreados/as.
Pues vale, a mí no me representan el PP, ni C´s, pero gobiernan.
Y a este paso me gobernarán y gobernarán a todo dios porque, además, tienen el apoyo de la extrema derecha, y de la banca, y de los mercados, y de la Iglesia.
Vale, sigamos con el mantra recurrente que salió de las plazas llenas de indignación, “No nos representan” pero aunque no nos representen, nos gobiernan, y nos ponen el salario mínimo, y nos fijan las pensiones, y nos meten en guerras, y privatizan la sanidad y la educación, y les bajan los impuestos a los ricos, y financian a la iglesia, y nos joden la vida que, en definitiva, aunque estemos indignados/as, cabreados/as, decepcionados/as, hartos/as,… es lo que hacen.
Descarto, la verdad es que por mucha indignación, hartazgo y cabreo que haya, no veo al personal dispuesto a ello, un proceso revolucionario que acabe con el tinglado y cambie el sistema. 
Así que tenemos lo que tenemos, un sistema electoral injusto en si mismo porque no es democrático. No vale igual el voto de un/a ciudadano/a de Teruel que el de un/a de Madrid o Barcelona. Es, además, pensado y diseñado para primar a los grandes partidos. Cambiarlo, dado que es Ley orgánica, requiere mayoría absoluta, algo que nunca han permitido PP ni PSOE a pesar de los intentos que, especialmente la izquierda, ha hecho. Y…., claro, para cambiar la mayoría necesaria hay que hacer que lleguen al Congreso quienes, de verdad, se comprometan con cambiar las cosas.
Con este sistema el hartazgo y la mala hostia se puede expresar de 4 maneras:
1.- No yendo a votar, es decir, absteniéndose. Puedo asegurar que de la derecha y de la ultraderecha no falla ni uno/a, hasta las monjas salen de sus conventos para algo tan mundano como es ir a vota.
2.- Votando en blanco. El voto en blanco es válido, computa y sirve para que un partido tenga que sacar más votos para alcanzar escaño. Evidentemente perjudica a los partidos minoritarios.
3.- Haciendo voto nulo (no computa)
4.- Votando para castigar. Un voto irreflexivo y visceral.
Un ejemplo:
Supongamos un sitio de 2000 electores/as, donde se han producido estos resultados:
Abstención: 38% (760 que no han ido a votar)
Votos a candidaturas: 1000
Votos en Blanco: 200
Votos Nulos: 40
Dado que, para obtener escaño, hace falta un porcentaje (en Aragón el 3%), y que se hace sobre los votos que computan un partido para obtener escaño necesita el 3 % de los votos válidos.
En el ejemplo que utilizo un partido que haya obtenido 30 votos de la gente que le haya votado directamente, una vez computado el voto en blanco, necesita 36 votos. Es decir, el voto en blanco le cuesta a cada partido 6 votos más. Díganme a quien beneficia el voto en blanco.
Añadamos los que se abstienen y no votan y a quienes, por el cabreo, votan lo primero que se les ocurre o le dicta la mala hostia y tenemos los resultados de Andalucía.
Otro día hablaré de como la izquierda ayuda a que la gente se abstenga, pero hoy lo dejo aquí.

 

Eso me dice alguna gente que hago, que hacemos, cada vez que intentamos dar razones y argumentos que demuestran lo mentiroso de muchas de las “verdades” que nos sirven a través de las teles, radios, periódicos, tertulias, redes sociales y demás aparatos de propaganda.
Me dicen que no me empeñe, que la izquierda está hundida y que lo que hay ahora es otra cosa, que ya se ha superado eso de izquierda y derecha, ya ni siquiera me dicen que hay que hablar de los de arriba y de los de abajo.
Sube la derecha, sube el facherío y llega la ultraderecha a las instituciones. Veo el cinismo con el que el PP, que pacta con la ultraderecha reaccionaria, se queja de los pactos con “podemitas, rojos, comunistas e independentistas”.
Vamos, que PP y su sucedáneo naranja de Ciudadanos, prefieren el pacto con quienes, abiertamente y sin caretas, pregonan el machismo, el racismo y la xenofobia.
Lo malo, lo jodido, es que han conseguido que la gente les vote.
Hay un machismo asesino salvaje y la gente les vota porque “hay que salvar a los hombres del supremacismo feminista”.
Hay un paro galopante y la gente les vota porque llegan a convencerla de que quien le quita el empleo es el/la inmigrante y no es el/la empresario/a voraz que le explota y despide.
No llega el subsidio del paro a mucha gente, igual que son escasas las becas y las ayudas para la dependencia, pero colocan aquello de “a los/as inmigrantes se les da todo gratis mientras los españoles pasan hambre”
El “apaño” se completa convenciendo al personal de que debe votar a quienes defienden la sacrosanta unidad de la patria frente a quienes quieren romperla. Se hace una llamada al honrado y trabajador personal nacional para que defienda la patria de invasores.
El caso es que con todo ello, apelando a los miedos, a las emociones y a las sensaciones, las derechas y las ultraderechas, no se olviden, hacen piña, ganan adeptos/as en las urnas y se hacen con los gobiernos. La gente, aunque se demuestran diariamente las mentiras de estas proclamas, las “compra” y las asume como ciertas.
Nadie repara en que el escaso programa que defienden es una defensa a ultranza del neoliberalismo que jode la vida al personal, acabar con el estado social eliminando impuestos, recentralización, defensa de lo privado y de las privatizaciones,…
Bueno, pues seguiré, seguiremos, intentando explicar las cosas como son. Bien se que hoy en día, para la mayoría del personal, es igual de “serio” un GIF, o un meme, o una fake news que un escrito que aporte razones apoyadas con datos.
Realmente, y por otra parte, es más fácil soltar un bulo que escribir una noticia. También, lamentablemente, es más cómodo “leer” un meme que un artículo que explica que la OTAN, y los países que la integran, tienen mucho que ver en las guerras que destrozan países y echan de sus casas a millones de personas.
Seguiremos, no nos rendirán. Queda mucho camino, pero lo recorreremos. Ojalá podamos recorrerlo juntos, ojalá la izquierda entienda que debe ponerse de acuerdo para presentar un bloque frente a la derecha y la ultraderecha

Moncayo soriano

Estos días, en los que las sobremesas son largas, una vez superados los típicos tópicos de los mejores deseos de paz, amor y felicidad, llegaba el tiempo de la tertulia acompañada por los consabidos espirituosos y los cavas, catalanes que, mientras no se demuestre lo contrario, son los mejores.
Ya, con eso del cava catalán, empieza a ganar intensidad el debate. Para no ser canso, como se dice por estas tierras, no lo reproduzco porque os lo imagináis.
De allí se pasa a la “actualidad política” y de como la izquierda está tan jodida que no levanta cabeza. Es evidente, pero vamos nadie se para a pensar en los porqués, en las causas, que han llevado el desencanto a las gentes de la izquierda.
La verdad es que, son reflexiones personales mías. En una tertulia navideña, con los excesos, por muy controlados que hayan sido, de ingestas sólidas y líquidas no me parece el sitio adecuado para entrar en un debate serio y constructivo.
No puedo remediar recordar, años atrás, cuando nos movíamos, quienes nos movíamos. Era un planteamiento unitario. Nos jodía que nos explotaran, que nos hicieran trabajar 10 horas incluidos los sábados, que nos pagaran salarios bajos,… No era el problema de tal o cual empresa, de tal o cual colectivo. Era el problema de la clase trabajadora y ahí estábamos.
Ahora no, ahora la gente se cree, es una victoria del sistema, que ya no hay clase trabajadora, salvo que seas el lumpen más marginal. Resulta que la gente se cree que es clase media. Antes nos sentíamos explotados y nos indignábamos y salíamos a la calle. Ahora la gente se siente impotente, cuando no culpable, de la situación que vive.  Les han dicho que esto es así porque no hay otra posibilidad o, lo que es peor, les dicen que les pasa eso por inútiles, por no ser competitivos/as, por no ser emprendedores/as. Se busca la salida individual o gremial, pero nunca colectiva.
La izquierda se pierde con mensajes y etiquetas, tratando de ser referente de los diversos espacios que movilizan a la gente.
Así vemos la experiencia de las mareas, cada una de un color, cada una movilizada por una cosa, pero ninguna movilización global más allá del intento que fueron las marchas por la dignidad. Quienes estábamos en todas, muy pocos y pocas la verdad, veíamos gente distinta en cada una, según el color de la camiseta. El propio color de las camisetas buscaba la diferenciación, como si no fuesen todas las movilizaciones en defensa de algo colectivo como son la sanidad, la educación, la vivienda o el trabajo digno. Pero nunca vimos una marea multicolor
Vemos, incluso, movilizaciones que se dan aislando el problema, por ejemplo la de los/as pensionistas, al colectivo afectado, como si las pensiones públicas no fuera un problema, mayor que para quienes hoy en día somos pensionistas, de toda la clase trabajadora.
Vemos movilizaciones de trabajadores/as por el tema concreto, y puntual, de sus empresas, pero no vemos una movilización general contra el empleo basura y la explotación a la que son sometidos/as todos/as los/as trabajadores/as.
Se diversifica el mensaje para ecologistas, feministas, LGTB, animalistas, …. pero se carece de un mensaje global.
Para mí, y me imagino que para toda la gente de izquierdas, es impensable ser solamente ecologista, o feminista, o animalista, o defensor de la libertad de identidad sexual. Igual que es impensable no defender alguno de estos “istas”. Soy todo a la vez y más nos valdría entender que la lucha contra el neoliberalismo la seguiremos perdiendo si vamos cada uno/a en nuestra trinchera.
Ya se, me dirán, que la izquierda ha cometido errores. Cierto, creo que el primero, y más importante, ha sido dejar perder el sentimiento de clase, haber perdido el debate que por tierra, mar y aire, ha lanzado el neoliberalismo.
Lo ha hecho a conciencia, con todo lo que tenía a su alcance, medios de comunicación, reformas laborales, precarización absoluta, pobreza,…
El segundo, uno que se puede remediar, recuperar ideales de lucha y movilización, de resistencia en estos momentos, pero con el horizonte claro de seguir luchando por la mejora de las condiciones de vida de la gente. Recuperar la idea global de movilización de clase contra el enemigo de siempre. De movilización y construcción de mayoría social que trascienda los procesos electorales por cuanto recuperar lo que nos han quitado en estas décadas requiere una lucha organizada y sostenida
El tercero pretender la diferenciación. La izquierda, ya lo sabemos, es plural, pero unitaria. No uniforme pero debe ser capaz de entenderse y anteponer el interés general de la ciudadanía al tacticismo electoral de cada organización. Un error tremendo, sobre todo cuando vemos que la derecha, incluida la ultra, no se equivoca ni se quedan sus gentes en casa a la hora de votar.
Hay tiempo de hablar claro, de reconocer errores, de elaborar discurso de clase, el que se entiende y no se difumina, de apostar clara y decididamente por la unidad de acción junto a la gente y de recuperar a quienes desencantados/as, abrumados/as, aburridos/as, hartos/as,… se quedan en casa y pasan de todo.
Recordad esta imagen de Quino. Siguen ganando los/as de siempre, pero organizados/as, podemos hacer que el resultado sea otro.
Son personas que se marchan de su ciudad o país de origen a otras ciudades y países. El fenómeno de las migraciones relaciona el de la emigración (persona que se va de un país) y el de la inmigración (persona que llega a un país). En definitiva, cuando hablamos de migrantes lo estamos haciendo de personas que, generalmente de manera forzada por cuestiones políticas o económicas, se van.
En este debate se confunde, o se habla indistintamente, de las personas refugiadas. Ciertamente los/as refugiados/as son migrantes que huyen de la guerra, de la persecución que sufren por razones étnicas, religiosas o de orientación sexual y de la violencia extrema que viven en sus lugares de origen.
Ayer, con gran boato, en Marruecos (país incumplidor de tratados internacionales sobre el Sahara y violador de derechos humanos de los/as saharahuis) la ONU anunció el Pacto Migratorio Internacional.
Pedro Sánchez aprovechó el momento para anunciar medidas a poner en marcha, pero nada dijo de acoger a los/as más de 15.000 refugiados/as que faltan para cumplir el compromiso adquirido por España en Septiembre de 2015.
A la vista de las noticias podría deducirse que, por fin, hay una propuesta internacional, que se pone encima de la mesa el drama de las personas que se ven forzadas a irse de su país, y que se toman medidas para garantizar los derechos de las personas migrantes.
Una vez más la ONU hace su papel pero, una vez más, ese papel está mojado. No es serio estar más de año y medio negociando un pacto migratorio internacional para que, al final, lo que sale es un documento (otro más) que señala la necesidad de generar una migración SEGURA, ordenada y regular para lo que hace falta la COOPERACION INTERNACIONAL. Absolutamente de acuerdo.
Pero la ONU, una vez más, se queda en una declaración muy bonita. Muy bonita, pero nada eficaz por cuanto, esa declaración, NO ES VINCULANTE para ninguno de los países que la han firmado que van a seguir haciendo la política migratoria que consideren
Con todo hay toda una lista de países que ni siquiera eso aceptan. Ni EEUU, ni Italia, ni Suiza, ni Hungría, ni Austria, ni Israel, ni Australia, ni Chequia, ni Polonia,… así hasta 15 países.
Desde ayer hay una declaración internacional más, ayer, por cierto, era el 70 aniversario de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos. Desde ayer hay un nuevo ejemplo del cinismo internacional.
Mientras tanto las personas migrantes siguen muriendo en el Mediterráneo, siguen abandonadas en campos de refugiados/as y, al tiempo que crecen el fascismo y los populismos, siguen siendo víctimas del racismo y la xenofobia. 

Encajado el golpe llega el momento de intentar saber que ha pasado. Creo que los datos del escrutinio reflejan claramente la posición de quienes han votado y creo que responden a la realidad electoral y social que se da entre nosotros y nosotras.
Se ha roto el bipartidismo, por eso hay 4/5 partidos que tienen posibilidades de gobierno, pero siempre, no se olviden, en coalición. Ya no hay mayorías absolutas. Sobre esto volveré otro día.
Hoy me voy a centrar en lo que, de verdad, me preocupa. Es ese 41 % de gente que, teniendo derecho al voto, se ha quedado en casa, no se ha sentido interpelada, ha demostrado esa indiferencia hacia lo que se juega en una elecciones.
No vale, y espero que la izquierda no lo haga, sentirse víctimas de la desinformación, de las tertulias, de los medios de comunicación vendidos. No vale invocar que somos víctimas del sistema y de su maquinaria de poder. Espero, también, que no le eche la culpa al PSOE, sin negar que parte de responsabilidad también tiene.
Espero, una vez asumida la hostia, que haya un análisis serio, riguroso, objetivo y sincero y la izquierda llegue a la conclusión de que también tenemos responsabilidad en lo sucedido.
Si hacemos eso puede que podamos arreglar el desaguisado. Pero eso empieza por asumir que tenemos mucha, demasiada diría yo, culpa de que ese 41 % se haya quedado en casa.
La gente que vota a la derecha, como bien sabemos y esta vez, aunque iba dividida, ha vuelto a pasar, va siempre a votar. Es la gente que vota a la izquierda y a la socialdemocracia la que mayoritariamente se abstiene.
No veo, de momento, ningún discurso de autocrítica en nuestros líderes. Hablan de que es el momento de reflexionar, de demostrar la unidad, del frente unido contra el fascismo,… claro que estoy de acuerdo en ello, pero necesitamos que sea creíble y hoy, desgraciadamente, no lo es.
Han sido años, especialmente los últimos, de abandono total de un discurso político sólido. Se ha sustituido por la emisión de un tw, la búsqueda de un titular o las apariciones en tertulias.
Se ha perdido, o cuando menos abandonado, un elemento vital para la izquierda como es el rigor y la seriedad institucional aunque se acompañara en la calle a la ciudadanía. Se ha sustituido por practicar, en demasiadas ocasiones, la mediocridad, la sobreactuación o por la búsqueda del lucimiento personal.
En las organizaciones de la izquierda, también en la mía para que nadie diga que escurro el bulto, se vuelven a dar las peores prácticas. Se fomenta el liderazgo individual frente a lo colectivo. Con eso se dificulta la existencia de algo muy valioso para la izquierda como es el referente colectivo.
Esas prácticas auyentan a la militancia, cercenan la participación y la elaboración colectiva y dejan a la masa, a la clase obrera, sin espacios de referencia para esa lucha de clases, que es permanente, y que siempre deberíamos mantener.
Se gastan muchas, demasiadas energías, en la pelea por las listas, por los sillones.
Llevamos tiempo, demasiado, sin propuestas claras y coherentes, sin reflexión. Recurrimos a sloganes y a frases hechas. Somos víctimas del día a día y entramos a la agenda que nos marca el sistema que está muy alejada de las necesidades y sensaciones de la ciudadanía.
Lo cierto es que nos han pegado un buen palo. Yo no me extraño, como hacen algunos y algunas, de que el fascismo tenga votos. Siempre los ha tenido, como siempre hay quienes votan con la víscera y no con el cerebro y, además, tienen el terreno abonado.
Lo que me preocupa es ese 41 % de indiferentes, o desmotivados/as, o desafectados/as, y ahí también tiene responsabilidades la izquierda. Si ellos/as hubieran ido a votar estaríamos hablando de otros resultados.
Y no estoy, ni mucho menos, responsabilizando del resultado a quienes no votaron. Estoy responsabilizando a la izquierda de haber dejado por el camino a ese 41 %.
Espero, y deseo, que la izquierda sea capaz de analizar, de asumir errores y de rectificar, porque el fascismo ha venido para quedarse y solo podremos hacerle frente con una izquierda sólida, unida y capaz de presentar una alternativa alcanzable y coherente.
No pararemos el fascismo, ni defenderemos derechos y libertades a golpe de tw y participando en tertulias.

Memoria, Verdad, Justicia y Reparación es lo que, durante la transición, hemos defendido y exigido cuando reclamábamos responsabilidades por los crímenes franquistas y dignidad para las personas víctimas del franquismo.
El término Memoria Histórica surge después, sobre todo a partir de la Ley de la Memoria Histórica aprobada en 2007. Esta Ley, no voy a negarlo, supuso un avance. Está claro que, comparada con el vacío existente, fue un paso adelante y facilitó algunas medidas como retirar calles y plazas de recuerdo de fascistas, abrir la puerta a apoyar económicamente las exhumaciones, reconocer la nacionalidad española a brigadistas internacionales,… pero no resolvió lo fundamental.
Por ello, aunque Izquierda Unida la apoyó en el Congreso, muchos y muchas expresamos nuestro desacuerdo y comprometimos seguir trabajando para resolver las lagunas que esa Ley tenía (tiene porque aun no se ha modificado).
Y no las resuelve porque los problemas vienen de muy atrás, vienen de esa transición pactada que se apoyó en la Ley de Amnistía de 1977. Esa Ley, que no se quiere tocar, formó parte del pacto constitucional que se daría al año siguiente. Esa Ley significaba el blanqueo del golpe de Estado fascista y de todos los crímenes franquistas. Alguien me dirá que exagero, pero inserto aquí lo que dice el artº 1º de esa Ley (pueden verla en el BOE Ley 46/1977 de 15 de Octubre):
Quedan amnistiados:
a) Todos Ios actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, tipificados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día quince de diciembre de mil novecientos setenta y seis.
Y si nos vamos al artº 2 vemos que:
En todo caso están comprendidos en la amnistía:
 
a) Los delitos de rebelión y sedición, así como los delitos y faltas cometidos con ocasión o motivo de ellos, tipificados en el Código de justicia Militar.
Hoy vemos, y sufrimos, ese empeño, lleno de buenismo en algunos casos, por anular la reclamación de Memoria, Verdad, Justicia y Reparación y sustituirla por el concepto de la “reconciliación”. Un concepto que no tiene nada que ver con la historia y sí mucho con la defensa de ese pacto constitucional que llevó a la amnistía.
La “reconciliación” está reescribiendo la historia y llega a hacer una interpretación equidistante de lo sucedido. En muchas ocasiones reparte responsabilidades entre las “dos Españas” que se enfrentaron, se destruyeron y que, según afirman, solo han vuelto a encontrarse con la democracia superadora de esa triste etapa. La “reconciliación” habla de “dos bandos” y equipara a un gobierno democrático y legítimo con la rebelión fascista que da un golpe de Estado y provoca una guerra. La “reconciliación” hace que se nos llame “guerracivilistas”, “revanchistas”, “recorosos vengativos”,… a quienes, y asi lo seguiremos haciendo, buscamos Verdad, Justicia y Reparación. Nos quieren hacer ver que es tiempo de pasar página, olvidar y mirar hacia delante. Que todo quedó superado con la Constitución de 1978.
Pero lo cierto, lo objetivo, lo histórico, lo que verdaderamente ocurrió fue una transición que mantuvo todo el aparato y todos los estamentos de la dictadura que, durante 40 años, había tenido el poder absoluto. 40 años violentos, con una represión salvaje. Todo el aparato del nuevo Estado quedó contaminado.
Todo el entramado político, policial, militar, judicial, administrativo y económico del franquismo, convertido ahora en “demócrata”, quedó integrado en el régimen constitucional. Incluso la Iglesia Católica, que había bendecido como “cruzada” el golpe de estado, que había tenido representación en las Cortes franquistas y llevado bajo palio a Franco, se hizo “constitucionalista” y “demócrata”.
Se nos puso un monarca constitucional, que había jurado lealtad a Franco y su régimen y que, de hecho, fue nombrado heredero por el propio dictador en 1969.
Incluso el mal endémico de la corrupción que sufre este país tiene sus raíces en ese sistema caciquil creado por la dictadura y mantenido y alentado por el franquismo.
No, no queremos revancha ninguna, ni reabrir ninguna herida. Tan solo queremos Verdad, Justicia y Reparación.
No nos desanimamos, seguiremos adelante porque sigue siendo necesario que este país, para ser democrático de verdad, condene el franquismo y devuelva a sus víctimas la verdad, la justicia y la dignidad y en ello estamos comprometidos/as.

Estos días, al hilo de la chapuza que ha hecho el Tribunal Supremo con el tema de las hipotecas, se abre paso el debate de la separación de poderes que, se supone, debe haber en un estado democrático.

Como todo el mundo sabe los tres poderes que deben quedar bien separados en una democracia son el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. Es más, todo el mundo reconoce que la separación de poderes es el pilar fundamental de la democracia porque garantiza que los tres poderes actúen de manera autónoma y separada los unos de los otros con el fin de equilibrar y limitar la concentración de poder en el Gobierno.

Esa es la teoría de la democracia que se inspira en los postulados que ya desarrollaron John Locke y, posteriormente, Montesquieu.

Pues bien, en España, no hay separación de poderes. Es una falacia largamente mantenida que empieza a ser desmontada por los últimos acontecimientos. El último ha sido el de las hipotecas, pero si damos un repaso a los dos últimos años, no hace falta irse más lejos, veremos como el poder judicial está al servicio del poder político y del económico. Sentencias como las de Otegui, impugnada por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, las relacionadas con el proces, los desahucios, los falsos masters y la judicialización permanente que ha hecho el PP de los temas molestos para su gobierno, demuestran la dependencia del poder judicial del poder político.

La propia Constitución, esa que cumple 40 años y a la que desean larga e intocable vida los/as constitucionalistas, supedita el poder judicial al poder político. Eso es lo que le va bien al sistema, eso es lo que durante décadas el bipartidismo que nos ha gobernado cuida y protege, eso es lo que el liberalismo quiere. Disfrazar de democracia lo que es una dictadura del capital.

Así vemos que el Consejo General del Poder Judicial, máximo órgano de Gobierno, se compone del presidente y 20 vocales. Al presidente lo eligen los miembros del Consejo, veamos quien nombra a los vocales que eligen al/la Presidente/a. 12 vocales deben ser jueces y magistrados/as, de los que el Congreso de los Diputados/as propone seis y el Senado otros seis, en ambos casos por mayoría de tres quintos de sus miembros. Los/as otros/as 8 son abogados/as u otros juristas, de los que el Congreso elige a 4 y el Senado a otros 4 también por mayoría de tres quintos de ambas Cámaras.

Resultado, la composición de los máximos órganos del poder judicial son un reflejo de la composición política del Congreso y el Senado. No hay nadie independiente en el Consejo General del Poder judicial. Por ello, en nuestra “modélica” democracia, una misma mayoría parlamentaria controla los tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial.

Si la separación de poderes se rompe, la democracia desaparece. Y esto es lo que está sucediendo en España mientras nos entretienen con banderas y homenajes a la guardia civil.

Es uno de más de los argumentos a favor de cambiar la Constitución, de tener una nueva carta magna que, además de garantizar los derechos básicos de la ciudadanía, sea profundamente democrática. Mientras tanto, como muy bien señalaba El Roto, la separación de poderes será un sinónimo de la unión de los poderosos.

Recordarán que, al hilo de la sentencia que decía que los gastos de la inscripción de las hipotecas los pagaban los bancos, salió inmediatamente el Tribunal Supremo a paralizarla invocando “el gran impacto social y económico” que tenía esa medida.
El capital, no se olviden vivimos en un sistema capitalista, movió ficha, la bolsa, esa cueva de intercambios millonarios, que había bajado cuando se conoció la sentencia a favor de la gente, subió inmediatamente en cuanto se conoció la paralización de la sentencia.
Casi nadie habla de ello, pero ayer, la bolsa volvió a subir como consecuencia del triunfo de la ultraderecha en Brasil. Ya ven inversores y accionistas las grandes posibilidades de negocio.
Esta mañana, en la SER, el Presidente de la Asociación de la Banca Española, se permite el lujo de decir que la banca no está para impuestos, que aún no se han recuperado a pesar de los miles de millones de dinero público que les han dado. Ha añadido que si, al final, paga la banca los gastos de las hipotecas, lo pagarán quienes tengan que firmarlas, es decir, al final, la banca gana y pagamos los y las demás.
Ha dicho otra cosa que es, lamentablemente cierta, pero no por eso deja de ser inmoral.
Textualmente ha dicho que” si los bancos no dan los beneficios que esperan los/as accionistas (capitalistas) se irán”.
Dicho esto he buscado datos para saber lo mal que está la banca que “aún no se ha recuperado”  y averiguar que es lo que esperan ganar los/as accionistas. Las hemerotecas me han permitido darlos, aquí van algunos:
– La gran banca gana 14.000 millones en 2017, un 7% más, tras la absorción de otros bancos.
– La gran banca ha ganado 84.000 millones desde el inicio de la crisis
– La cúpula de la gran banca se reparte 77 millones de euros en 2017
– El beneficio del Banco de España en 2017 se eleva hasta los 1.857,9 millones
– Las empresas del Ibex ganan 43.500 millones en 2017, un 16% más
– El Banco Santander ha despedido el 2017 con unos beneficios de 6.619 millones de euros.
Uno ve como está la la gran mayoría social, como sube la pobreza, como pasa frío la gente, como la mitad de la población las pasa canutas para llegar a fin de mes,…. pero, ya lo ven, dicen que “aún no se han recuperado”
Lo indecente, lo inmoral, lo que está falto de toda ética, es que, además,  les parece insuficiente a los/as accionistas que quieren más. Ese más sale, a lo que se ve, de no devolver las ayudas públicas, no pagar impuestos por los negocios millonarios, cerrar sucursales y despedir gente y pasar los costes de sus negocios, que eso son las hipotecas, al consumidor o consumidora.
Pues eso, y mientras tanto hay quien sigue empeñado en decir que el verdadero problema económico de este país es que suba el SMI a 900 €

 

Expresé mis dudas sobre los impuestos y licencias que pagan las empresas de los patinetes eléctricos, esas empresas que se lucran gracias al uso gratuito de nuestras calles y aceras. Hubo quien me hacía ver que, a pesar de todo, era de agradecer que la gente tuviera un modo de desplazarse menos contaminante que el coche.
Ciertamente, los patinetes eléctricos ayudan a una movilidad menos contaminante. Pero aunque así sea, que no lo niego, eso no quita para que pongamos las cosas en su sitio.
En este mundo capitalista que vivimos no tenemos que dejar que, con la excusa de ayudar a una movilidad menos contaminante, se haga un negocio, mucho menos deberíamos dejar que se haga a expensas de la ciudadanía y, mucho menos todavía, que sea a base de la explotación de trabajadores/as.
Sobre lo primero. Estas empresas no tienen sede abierta, no pagan locales, ni alquileres, ni tasas, ni impuestos. Utilizan nuestras calles, las que se mantienen con los impuestos que pagamos los/as ciudadanos/as, por no tener no tienen ni siquiera un almacén o garaje para sus vehículos. Están por la aceras, ocupando espacio y, en ocasiones, dificultando la movilidad peatonal que es mucho menos contaminante que un patinete.
Sobre lo segundo, sobre la explotación de los trabajadores. estas empresas, que no tienen sede, ni local, tampoco tienen trabajadores/as en nómina. Sin embargo, para su negocio, tienen un sistema para asegurar que sus patinetes funcionan cada día.
Recurren a autónomos/as que, como todos/as sabemos, corren con sus gastos sociales, les pagan 5 € por la recarga de cada patinete, recarga que hacen en su casa y que, por lo tanto, va a cargo de la factura de la luz que paga cada autónomo/a. Añadan a esto que el/la autónomo/a que recarga debe ir con su propia furgoneta o coche, con lo que paga también la gasolina o el diesel, y el mantenimiento de su vehículo, y el impuesto de circulación de su vehículo, a recoger los patinetes a recargar para, una vez recargados, con su propio vehículo, volverlos a repartir por las calles y plazas para que estén listos de nuevo para su uso. Por supuesto debes hacer esta operación en horario nocturno que es cuando menos demanda hay del patinete.
Con razón estas empresas llaman a sus recargadores/as “juicer” (exprimidor) porque les exprimen a fondo.
En resumen, unas empresas que tampoco sabemos donde tienen su sede fiscal, gracias a la conciencia ciudadana de intentar moverse de una manera más limpia, hacen otro de los negocios del siglo. Todo beneficios.
Y claro que los patinetes pueden aportar mucho a la movilidad urbana en condiciones menos sucias que las que hay, pero yo no discutía, ni discuto, eso. Lo que pido, y creo que deberíamos pedirlo todos y todas, es que esta actividad se regule adecuadamente, se reglamente el uso, las empresas que se lucran aporten como las demás a las arcas públicas y, de paso, exijo (también creo que deberíamos exigirlo todos/as) que no se “exprima” a trabajadores/as.
De paso, y esto no tiene que ver con los patinetes, hago otra reflexión sobre lo que está pasando con el empleo. Son cada vez más los sectores en los que se implantan empleos basados en eso que ahora llaman “economía colaborativa” que no es, ni más ni menos, que recurrir a la explotación indecente de trabajadores/as a quienes se les exige hacerse autónomos/as para acabar siendo subempleados/as.
Pero, vamos, que ya se que el personal no quiere saber nada de estas milongas. Al fin y al cabo son cosas de rojos que siempre están sacando las cosas de quicio. Con lo bien que van los patinetes, y lo cómodos que son, y lo poco que contaminan.

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Salen a la calle, se quitan las caretas, proclaman sus opiniones y lo dejan claro. Llenaron Vistalegre y bastantes se quedaron en las puertas sin poder entrar.
Discrepo de quienes opinan que “ya han llegado aquí también”, no aquí han estado siempre, por eso se dan medallas a torturadores, por eso hay una justicia machista y patriarcal, por eso hay banderas en los balcones, por eso no se condena oficialmente el fascismo, por eso mantenemos un concordato con la Iglesia, por eso aumenta la xenofobia y el racismo. El fascismo y la ultraderecha han estado, y están, entre nosotros y nosotras.
El problema es que esta democracia de baja intensidad que tenemos, la que se pierde en debates de lazos y banderas, la que hace una política de gestos y declaraciones en vez de hechos y resultados, la que solamente resuelve los intereses de las clase altas, es puerta abierta a los populismos y del populismo al fascismo solo hay un paso.
En los discursos que lanzaron a su enardecido público había mensajes contra el aborto y a favor de la familia, hubo llamadas a la deportación de inmigrantes, compromisos de derogar leyes, “de comunistas y progres”, como las de Violencia contra la Mujer y la de la Memoria Histórica, llamadas a la grandeza y unidad de España suspendiendo las Autonomías, vivas a la Guardia Civil y a la Policía,…
Vamos, toda la lista de proclamas que marcan los manuales del populismo y del fascismo.
No entiendo a quienes minimizan el dato, a quienes dicen que no hay que preocuparse porque son una minoría. Bueno, lo cierto es que la ultraderecha avanza, en todas partes, y aquí también. Los ataques a rojos y progres eran previsibles, los lanzados a favor de recortes y derechos son normales en la ultraderecha, los lanzados al PP (derecha cobarde) y a Ciudadanos (veleta naranja) buscan la simpatía de las alas más reaccionarias de la derecha. Todo sigue el guión.
Eso sí, el padre de todos los problemas, la gran preocupación es Cataluña y la guerra de lazos y banderas.
¿Cual es el problema?, pues que como estamos viendo en muchos países, el último Brasil, hay auténticos fascistas, que llegan, y se instalan, aplaudidos por sus propios seguidores, aupados por campañas en medios de comunicación y redes sociales y, sobre todo, votados por millones de “apolíticos/as” que reniegan y maldicen la política, que no participan en nada, que no entienden nada, que no les importa nada, pero que votan y deciden y pueden llevarles al Gobierno.
Y vale, ya han llegado, y hay y habrá cientos y miles de tw y de entradas en face de indignación y cabreo, seguro que habrá alguno también de autocrítica (necesaria en la izquierda), pero…. ¿lo entendemos y nos organizamos para que la cosa no vaya a peor, o seguimos mirándonos el ombligo y poniendo pelos a las calaveras?