Empieza a instalarse en el imaginario colectivo esa cosa que llaman “nueva normalidad”. Hasta el Gobierno ha anunciado, y colgado en su página web, un “plan para la transición a una nueva normalidad”.
Hablemos claro. “Nuevo” y “Normal” son proposiciones enfrentadas. Nuevo, adjetivo procedente de la palabra latina “novus”. Se aplica a lo recién hecho, a lo que se conoce por primera vez o a algo diferente a lo que había. Puede, también, aplicarse a algo que se añade a lo ya sabido, incluso, puede definirse como nuevo algo que se ha renovado por completo.
Normal, también adjetivo, proviene del término latino “normalis”. Se refiere a todo aquello que actúa ajustándose a una regla o a un modelo establecidos. También puede aplicarse a lo que es natural.
Por el significado de las dos palabras, es imposible hablar de una “nueva normalidad”.
En estos días de confinamiento no he dejado de pensar en la relación de esta pandemia, y de las que nos quedan por vivir, con la globalización, con el capitalismo y con el desastre ambiental que sufre el planeta.
El modelo capitalista, explotador de seres humanos y recursos naturales, ha antepuesto el mercado a todo lo demás y por eso ha desmantelado una buena parte de los servicios públicos y los ha convertido, gracias a las privatizaciones, en objeto de negocio. Ya hemos visto como estaba la sanidad pública, la única que ha dado la respuesta y ya hemos visto el mercadeo especulativo con el material sanitario.
La globalización hace que el virus se extienda por tierra mar y aire a través de un sistema económico que trafica con lo que fabrica en donde menores son los costes salariales. La globalización obliga a miles y miles de desplazamientos diarios, sin contar los millones de turistas. Los datos demuestran que la hipermovilidad ha sido responsable de la rápida extensión del virus a todo el mundo.
Hoy ya sabemos, aunque fauna como empresarios/as, banqueros/as y especuladores/as lo nieguen, que las enfermedades infecciosas se ven favorecidas por el cambio climático, que la destrucción de masas forestales y la pérdida de biodiversidad, dificultan el escudo natural contra las infecciones. El cambio climático, con inviernos más suaves y más cortos los aprovechan perfectamente los virus que están activos más épocas del año.
Es el momento de exigir algo nuevo y reclamar políticas fiscales redistributivas de la riqueza, de recuperar la soberanía industrial y productiva para quitársela a los mercados, de recuperar y potenciar los servicios públicos, de sustituir el empleo basura por otro digno y con derechos, de acabar con el patriarcado ramplón, de implantar programas serios de decrecimiento, de irnos a un modelo energético limpio y no contaminante, de cambiar el individualismo competitivo por la comunidad solidaria.
No podemos volver a una “nueva normalidad”. No podemos volver a un sistema económico, social y ambiental en manos de las multinacionales, de los fondos buitres y de los bancos centrales.

Aquí, a estas alturas, sorprende muy mucho que haya tanta gente lista, presidentes autonómicos como Lambán incluidos/as, que no entiendan que al COVID 19, que aún está rondando por aquí, tan solo se le puede ganar cuando haya una vacuna (y no la habrá hasta finales de año como poco) y que, mientras esta llega, lo único que ha funcionado ha sido el confinamiento y la restricción de movimientos.
¿Sabían Vds, por ejemplo, que los astronautas que pisaron la luna, al volver de su misión, pasaron una cuarentena para asegurarse de que no traían ningún pasajero extraño?.
Todas las sondas y materiales que regresan de misiones espaciales, por lo mismo, por prevención, son confinados y sometidos a una cuarentena.
Esta fórmula, insisto mientras no hay vacuna, es la única que consigue detener la pandemia, aunque no erradica el virus. Y lo digo no por ser epidemiólogo, ni se me ocurre la osadía, si no por haber estudiado datos fiables y contrastados, haber visto lo sucedido con todas y cada una de las pandemias que a lo largo de la historia hemos sufrido y por leer y escuchar lo que dicen, y alertan, contrastados/as epidemiólogos/as reconocidos/as y personalidades, también reconocidas, del ámbito sanitario.
Pues nada, aunque el estado de alarma decretado ha demostrado su eficacia en el control de la pandemia, no hay más que voces contrarias a mantenerlo a pesar de que se ha entrado en fase de desescalada.
Básicamente, quienes se oponen, argumentan la defensa de los derechos de la ciudadanía y de ahí saltan a pedir libertad de movimientos y circulación, apertura de negocios y comercios y reanudar la actividad productiva como si la cosa ya hubiera pasado. Interesa el €, lo del riesgo de trabajadores y trabajadoras, lo del riesgo de repunte de la pandemia,… son minucias secundarias.
Desgraciada, y lamentablemente, la cosa no ha pasado y aunque con menos intensidad que hace unos días, sigue habiendo contagios y sigue habiendo muertes.
Su oportunismo insensible pone en riesgo lo conseguido. Me imagino lo que harían quienes han montado el circo del IFEMA, han pasado revista en la puerta del sol y han repartido pizzas y bocatas, si dependiese de ellos o ellas mantener la atención y vigilancia necesaria para que la pandemia no repunte.
Me indigna profundamente el mensaje que lanzan quienes organizan actos públicos multitudinarios y quienes se saltan el confinamiento y van de gira haciéndose fotos.
Es como algunos expresidentes que, con todo su séquito, se han ido a sus cortijos veraniegos o zascandilean por las calles en chandal.
Están incitando al personal a hacer lo mismo, a pasarse las normas por el forro. Vamos los mismo que líderes tan preclaros como Trump o Bolsonaro.
Esta gente, que así se comporta, que tan alegremente quiere pasar ya a la última fase de la desescalada, que quiere que la gente pueda moverse cuanto antes para ir a la playa, a sus segundas residencias, a los bares y hoteles, al fútbol y a los toros, a misas y procesiones…. nos falta al respeto a esa gran mayoría ciudadana que de manera responsable y solidaria, hemos cumplido estrictamente las normas y obligaciones que una pandemia como esta ha hecho necesarias.
Me suena a mucho cinismo, a indecente mentira, a interesado populismo, que argumenten derechos quienes convirtieron en papel mojado el derecho a la vivienda, el derecho al empleo digno, el derecho a una educación y sanidad públicas y universales y quienes consiguieron con sus políticas llevar a la pobreza al 20 % de la población.
Me da pena, mucha pena, que haya gente (demasiada desgraciadamente) que caiga en sus redes y “compre” esos mensajes.

Llegamos a la desescalada. Una vez que parece que se controla el virus, el personal mayoritariamente piensa que esto ya está resuelto.
Pero, ay amigos y amigas, llega el momento de decidir a favor de quien se resuelve el debate, si de la salud o de los euros.
Pasados los primeros momentos de miedo y acongojo colectivo que, nadie más allá de quien sufre indignación genética o está titulado/a en mala leche, cuestionó viene lo de la salida, lo de la vuelta a la normalidad.
Quien tiene que tomar decisiones, algo muy diferente a contar diariamente las personas muertas o a recomendar telepizza para niños y niñas, se enfrenta a toda una gama de intereses.
Claro, en una situación como la que vivimos, una crisis global y mundial, una crisis que nadie, ni aquí, ni en Alemania, ni en Reino Unido, ni en EEUU, ni medio mundo esperaba es toda una oportunidad para que toda esa gente que construye museos del agravio lo vaya llenando.
Una de las cosas que más me llama la atención tiene que ver, precisamente, con las cosas de los €. Verán, ya saben que estoy felizmente jubilado, pero si estuviese en activo, daría una clase de matemáticas, a mi alumnado de 12-14 años, en estos términos:
– Hay una crisis de caballo, papá estado está pagando ayudas públicas a más de 6 millones de trabajadores y trabajadoras.
– Papá estado está avalando préstamos para empresas en conflictos.
– Papá estado deja de ingresar porque ha aplazado hasta que esto pase el pago de impuestos y cotizaciones.
– Papá estado, a diferencia del papá estado de la otra vez, ha abierto un paraguas que, en vez de proteger a la banca y al IBEX 35, protege a la gente.
– A papá estado le piden que, además, mantenga los ERTES, que quite los impuestos, que haga planes de rescate para todos los sectores productivos.
– ¿Como puede hacerse esto?.
Una vez planteado el tema vendrían preguntas:
– Oye, Adolfo, ¿quienes piden todo esto han sumado lo que cuesta?.
– Oye, Adolfo, ¿papá estado tiene límites al dinero con el que cuenta?.
Respondería que no a la primera. No han sumado porque cada grupo de presión solo mira su ombligo y sí a la segunda, papá estado tiene el límite de lo que puede gastar más lo que consiga que le presten que, como es lógico, tendrá que devolver. Y volvería a situar la pregunta ¿Cómo resolver esto?.
Pues nada, ahí lo dejo. ¿Cómo resolver esto?. Seguro que en mi clase habría respuesta, debatida entre todos/as. Mi duda es si la solución al dilema fuera del aula, será posible con debate (ayer en el Congreso vi toda una sarta de mentiras, insultos e indecentes utilizaciones de dramas humanos), vi el chantaje anunciado de nacionalistas de uno y otro signo y dudo, más todavía, de que la leal y patriótica oposición tenga mayor interés en resolver el problema que en tumbar al gobierno.
Yo les doy mi opinión para que nadie piense que me escondo. Hay que anteponer el interés general al interés corporativo de cualquier sector. Hay anteponer el bien común al interés empresarial, por muy legítimo que este sea.
Y añado, no deberíamos dejar solo al gobierno enfrentarse a quienes indecentemente mercadean con las personas muertas, a quienes lo tapan todo con banderas y a los lobbys bancarios y empresariales. Deberíamos arrimar el hombro si no queremos que la brecha se agudice, si no queremos que la pobreza aumente y si no queremos que acaben desmontando lo público. Tengámoslo en cuenta para que ese pacto de “reconstrucción nacional” defienda el interés general que es el bien común y no el interés de las élites económicas

O responsable, o ciudadano/a libre, o ser serio, o ser adulto/a.
Es la hora en la que nos toca ejercer nuestra responsabilidad, de demostrar el nivel individual que tenemos con lo colectivo, de decir, a cara descubierta, lo que somos.
Llega la desescalada, ayer vimos nuestras calles llenas de niños y niñas con sus papás y mamás. Desde mi ventana, porque se que sigue el confinamiento, porque soy consciente de que sigue habiendo riesgo, vi mi calle. Y vi a una gran mayoría de gente cumpliendo las normas, niños y niñas en grupos máximos de 3 acompañados/as por una persona adulta.
Pero también vi una minoría de irresponsables paseando en grupetes, charlando como si ya no fuese con ellos o ellas la cosa.
Ya se, me dicen, que es una mayoría la que cumple y que solo es una minoría la que se pasa las cosas por donde les da la gana. Ya, ya lo se. Millones de pilas se tiran a los contenedores, pero alguna se tira al río y esa única pila en el río contamina miles y miles de litros de agua que afectan a la fauna del río y a las huertas que riegan con sus aguas.
No me sirve la excusa de que solo son unos/as pocos/as. Me da vergüenza, y pena. No voy a caer en ser la inquisición desde mi ventana, ni mucho menos voy a pedir un/a policía en cada puerta. estas cosas solo funcionan con la colaboración y la asunción de la responsabilidad colectiva.
Necesitamos responsabilidad, mucha responsabilidad y pedagogía, mucha pedagogía, y paciencia, mucha paciencia, con esta cuadrilla, por muy minoritaria que sea, de irresponsables e insensatos/as.
Se está pidiendo la desescalada, la relajación de las medidas de confinamiento. Cierto, puede haber llegado la hora. Parece que, aunque se culpe de todo al Gobierno, las medidas adoptadas han conseguido frenar la pandemia y sentar las bases para que podamos volver a salir a la calle.
Salgamos, pero asumamos que, a partir de ahora, la responsabilidad es nuestra, es individual de cada uno y cada una.
Hasta ahora era fácil ser obediente. No había responsabilidad individual. Lo vivido ayer, y los minoritarios casos de sanciones y multas de todos estos días, demuestran que hay gente que no entiende lo colectivo, que no asume que incumpliendo las normas del confinamiento no solo se pone en riesgo él o ella, sino que pone en riesgo a los y las demás, empezando por sus propios/as hijos/as. Esta gente sabe obedecer. Cumple normas por la amenaza de sanción, no por comprensión del problema y mucho menos sabe entender. Tampoco sabe comprender, ni sabe ser miembro de una colectividad.
La desescalada que viene nos va a situar a cada uno y cada una ante nuestra propia responsabilidad. Nosotros y nosotras decidimos. Ahora ya no vale eso de echar la culpa al gobierno.
Se trata de ser mayores. De saber que, si no hacemos las cosas como hay que hacerlas, estaremos poniendo alfombras al puñetero bicho y estaremos echando por tierra todo lo conseguido en estos largos días de confinamiento.


Ese es el mantra sistemático y reiterado que nos sirven estos días desde las cavernas mediáticas de la derecha, desde las redes sociales convertidas en jungla por la que campa el facherío y por buena parte de la fauna tertuliana.

Es recurrente hablar de un “gobierno de salvación nacional, acompañado de que este Gobierno no sabe bien a donde va, de una presunta falta de liderazgo de Sánchez, de división en el Gobierno y de un utilizar indecentemente el drama de las muertes y de la epidemia causada por el COVID 19.

Sería ya tiempo y momento de que toda esta gente que quiere un nuevo gobierno diga qué es lo que van a hacer si consiguen derribar al que tenemos. ¿Qué medidas tomarían?, ya sabemos lo de los crespones en las banderas a media hasta, los minutos de silencio y los homenajes. Pero…. ¿algo más?, ¿saben lo que hay que hacer?, ¿alguna propuesta?.

Uno, quizá por aquello de la experiencia que dan los años, empieza a pensar que lo que de verdad quieren es reventar un Gobierno en el que está Unidas Podemos. Sus estrategas han diseñado la ruta, primero hacemos que el PSOE rompa su alianza con la izquierda, le ofrecemos estabilidad y sentido común y salvamos el país. Saben, espero que Sánchez y el PSOE también, que si rompen la coalición el PSOE queda en sus manos, recuperan el control. Luego tumban a Sánchez y buscan un/a candidato/a de consenso, vamos que le parezca bien a PP, Vox y Ciudadanos que tienen en el lazo al PSOE y, una vez rematada la faena, llegan a un acuerdo en medidas económicas que le venga bien al IBEX, a la banca y a las grandes fortunas.

Dicho esto, creo que el Gobierno a pesar de sus errores, reconocidos públicamente, está gobernando. Es verdad que hay medidas que hubieran podido tomarse antes, es verdad que algunas cosas pueden ser mejorables, pero lo cierto es que han asumido su responsabilidad y están gobernando, están tomando decisiones.

Y es verdad, también, que aunque haya carencias, las decisiones tomadas, además de las que intentan resolver la emergencia sanitaria, están dirigidas a resolver en lo posible el drama económico, social y personal derivado de la tormenta sobre el empleo y la actividad productiva que ha supuesto la pandemia.

Se invoca también, como signo de debilidad del gobierno, las discrepancias que se observan entre PSOE y Unidas Podemos. Es e vidente que hay discrepancias y, como es normal y razonable, esas discrepancias se debaten. Esto no es una debilidad, sino democracia pura, algo que no entiende la derecha. Hay visiones distintas sobre un problema o sobre una medida a tomar por eso tiene que haber debate aunque, a veces, sea duro y tenso. Lo importante, lo que da ejemplo de Gobierno, es que tras el debate se toma una decisión y se acepta y defiende por el conjunto del Gobierno. A mí me preocupa más que no haya debate en los consejos de ministros/as y se aplauda y asuma simplemente lo que dice el jefe. Creo que es de muy bajo nivel democrático criticar el debate. Me parecería criticable, y sería el primero en decirlo, que no haya unidad de acción tras el debate.

Lo que veo, con más claridad cada día, es que las derechas, la patronal, el IBEX 35 y hasta la Iglesia lo que piden, incluso dando un golpe de estado si hace falta, es que salga Unidas Podemos del Gobierno.

Ya se que la izquierda, Unidas Podemos, tiene que pelear con todas las contradicciones que supone compartir un Gobierno en el que está Nadia Calviño, defensora de la política liberal que marca Bruselas y que no le parece nada mal a Pedro Sánchez, ni a destacados barones socialistas, ni a la troika, ni al IBEX 35, ni a las grandes fortunas. Pero eso ya lo sabíamos cuando se decidió entrar a formar parte del Gobierno. Afortunadamente ahí estamos y, aún a costa, de fuertes debates, estamos ayudando a que esta crisis tenga una cara más amable y social para la mayoría de este país.

Cuidado, no vaya a ser que esa gente que confunde ser la parte minoritaria de un gobierno minoritario (no tiene mayoría en el Congreso), con haber tomado el palacio de invierno, sin darse cuenta, acabe ayudando al desgaste del gobierno que busca la derecha.

Hace 89 años que se proclamó la II República en España. Hoy es un día para rendir homenaje a quienes creyeron en el futuro y lucharon por la igualdad, la justicia y la libertad. La II República hizo realidad un sueño: un país capaz de ser mejor, de ser justo, de ser solidario, de ser democrático.
Quienes defendemos una España Republicana mantenemos el compromiso de lucha por la democracia y la modernidad, por la libertad y la justicia, por el progreso y la igualdad, por los derechos de todos y todas. Seguimos luchando por los valores republicanos y por una sociedad mejor, más libre y más justa. Seguimos luchando por el futuro
Fueron miles y miles de aragoneses y aragonesas quienes celebraron el 14 de Abril de 1931 como un día alegre y saludaron y apoyaron un nuevo sistema político democrático, basado en los principios de la igualdad, la solidaridad y la Libertad. Reivindicamos esa memoria que hoy, igual que ayer, es sistemáticamente negada. La derecha, en Aragón y en Madrid, no quiere recuperar la memoria y la dignidad de quienes defendieron la Constitución, la Libertad y la Democracia.
La II República, y quienes la defendieron, tienen derecho a existir y a formar parte de la historia democrática de este país. Es una deuda que tenemos con ellos y con ellas y es una deuda que tenemos que saldar.
Hoy, y la dramática situación que vivimos lo pone en evidencia, son más necesarios que nunca los valores republicanos. Solamente habrá una salida social si son los valores de la fraternidad, de la solidaridad, de la igualdad y de la justicia los que dirigen la acción pública, la acción política y la acción social.
República no es sólo el debate sobre lo absurdo de una monarquía, por otra parte impuesta por una dictadura y claramente corrupta, o lo democrático de la elección de la Jefatura del Estado. República es un sistema avanzado de democracia, justicia y libertad. Cuando defendemos los valores republicanos apostamos por un Aragón, y un estado, más moderno, menos conservador y más emprendedor. Por un Aragón, y un estado laico, donde la identidad religiosa sea libremente desarrollada por cada individuo. Por un Aragón, y un estado, culto impulsando la educación y la cultura como elementos fundamentales para una sociedad crítica, libre y participativa. Por un Aragón, y un estado, igualitario, donde sea efectiva la redistribución de la riqueza, se universalicen los derechos sociales y ciudadanos y donde toda persona pueda ser libre porque tiene atendidas sus necesidades básicas como derecho de ciudadanía.
Pero sobre todo por un Aragón, y un estado, más democrático
Hoy, por primera vez, no saldré a la calle a manifestarme por la República, pero hoy, como siempre, pondré el himno republicano y como siempre, pero hoy más que nunca, gritaré ¡¡Salud y República¡¡

Lamentable, bochornoso e indecente espectáculo el que dio la “leal” oposición ayer en el Congreso. Por si había alguna duda ayer demostraron, con cámaras y taquígrafos/as, lo mezquina y rastrera de su posición intentando aprovechar el drama colectivo que vivimos todos y todas con esta que nos ha caído encima.

No merecen más comentario tan ruines posiciones. Sí que escribo sobre pactos. Ayer, como lo venimos oyendo durante la última semana, Pedro Sánchez insistió en reclamar un gran acuerdo, un pacto, y recurrió al ejemplo de los que se firmaron en 1977, a los Pactos de la Moncloa. Vaya por delante que soy total y absolutamente partidario del acuerdo. Pero aporto una reflexión, un recordatorio más bien.

Recuerdo aquellos tiempos. 1977, Octubre, no teníamos todavía la Constitución. Aquellos pactos aportaron indudables mejoras. Trajeron el derecho de reunión y manifestación, la libertad de expresión, la pluralidad de la prensa, la desaparición de la censura, quitaron del código penal el adulterio y el amancebamiento, legalizaron los anticonceptivos… Ciertamente, muchas de las luchas y reivindicaciones contra el franquismo, mantenidas en años de lucha clandestina, de huelgas políticas y de jugársela en manifestaciones, asambleas y movilización ciudadana, quedaron recogidas. Era tanta la necesidad de libertad, de derechos, que aquello se vivió como una salida de la noche negra, como una llegada de la democracia. Aquellos años nuestra lucha era clara, Libertad y Amnistía. La Amnistía nos dicen que había llegado gracias a la Ley de 1977,  de unos días antes de la firma de los pactos. Cierto que esa ley sacó a la calla a las gentes de izquierda que estaban presos y presas por sus ideales, por su convicción democrática, por su oposición al régimen franquista. Pero esa ley también aseguró la impunidad del franquismo que aún sigue vigente. La libertad, pues bueno, que quieren que les diga, aún tenemos la Ley Mordaza vigente, pero ciertamente, llegaron libertades muy queridas con aquellos pactos que, como salíamos de una dictadura fascista, eran muy importantes y reivindicados.

Pero los Pactos de la Moncloa, además de esta vertiente política, tenían un fuerte componente económico.

Los Pactos de La Moncloa, por eso, porque hubo dos, se pone el plural, incluían dos acuerdos, uno, económico y otro, político. Del político ya he hablado. El político es el que más se conoce, el que más se recuerda, y se habla de este acuerdo porque es el que se toma como referencia para sacralizar esa “modélica” transición que siempre se invoca.

La vertiente económica tenía una serie de medidas de ajuste para estabilizar una economía muy dañada por el impacto de la crisis del petróleo (los amigos saudíes habían hecho de las suyas). El paro había crecido en un millón de personas, la inflación interanual superó el 30% y la peseta había tenido que ser devaluada en julio.

El peso del ajuste, como ahora, y como siempre, cayó sobre la gente trabajadora. El Pacto económico reguló, impuso, que la revisión salarial fuese en función de la inflación prevista (no de la pasada), para 1978 se fijó en el 22 %. Esto significaba perder de hecho la recuperación de la pérdida de poder adquisitivo, vamos lo mismo que hemos vivido en la última crisis. Pero, además, el Pacto establecía, por primera vez, la posibilidad de la contratación temporal y el despido libre (aunque solo podía aplicarse al 5 % de la plantilla). La parte económica del Pacto de la Moncloa abrió la puerta al liberalismo. Impuso el modelo liberal. Y lo hizo en nuestro mercado laboral que, como consecuencia del franquismo no tenía consolidados los derechos laborales y sociales, ni contaba con unas organizaciones sindicales organizadas porque salían de la clandestinidad, el modelo liberal.

Ya se que aquellos pactos, con mucho debate interno, los firmó la izquierda. No entro a juzgar esa decisión porque no es el momento, ni voy a caer en lo que tanto critico del “había que…”. Se firmaron y, como militante de la izquierda, asumo la historia. Me limito a recordar, ahora que tanto se habla de los Pactos de la Moncloa, lo que fueron porque, lamentable y desgraciadamente, este país tiene muy mala memoria.

Por cierto. Conviene recordar que el acuerdo político, el que abría la puerta a las libertades democráticas NO lo firmó la Alianza Popular de Manuel Fraga (ancestros de la derecha más rancia y casposa actual) que, sin embargo, SI firmó el económico. Saquen sus conclusiones.

Está claro, para salir de esta, necesitamos un pacto. Por las intervenciones de ayer me da que la derecha, la ultra y la más ultra, no quieren saber nada que no sea desgastar y hundir al Gobierno. No soportan que haya ministros/as de Unidas Podemos. No quieren pacto alguno que no responda a sus rastreros intereses.

Pero necesitamos un acuerdo. Dicho esto creo que debe ser muy diferente del que se firmó en 1977. A pesar de que es manifiestamente mejorable, estamos en una democracia y no hay que salir de un régimen fascista que estuvo fusilando y asesinando gente hasta 1975.

No creo que sea el momento de plantear un pacto para salvar al sistema, para volver a las políticas que nos han llevado a la recesión, al desempleo y al desmantelamiento de los servicios públicos. Nos la estamos jugando. Hay que “acordar” una salida de la crisis basada en la creación de empleo digno, en los derechos sociales, en los servicios públicos, en la Reforma Fiscal necesaria para asegurar el estado social de derecho, en la recuperación del control, del estado de sectores económicos e industriales estratégicos, en la defensa de la Democracia.

Este es el pacto que necesitamos y no reeditar los Pactos de la Moncloa que, como siempre, descargaron el peso de la salida de la crisis en las espaldas de trabajadores y trabajadoras.

Imagen para el recuerdo.

Si algo hemos debido aprender, en este momento en el que un virus nos está machacando, es la importancia que tienen los servicios públicos y lo que puede complicarnos la vida, y la salud, un sistema sanitario deteriorado y precario.
Bien, estamos ya en otra campaña del IRPF. Ya ha empezado nuestra declaración de la renta.
Como siempre, el modelo oficial de declaración, ofrece dos opciones para marcar con una X. La casilla para que el 0,7 % de los impuestos vayan a la Iglesia Católica o la que dice que vayan a actividades de interés social. Cabe la posibilidad incluso de marcar las dos, restando así un 1’4% de las arcas públicas.
Hoy más que nunca, creo que hay que reforzar el gasto público que es el que está haciendo frente a la emergencia sanitaria, social y económica que vivimos. Todos y todas podemos hacer donaciones a las entidades sociales o religiosas que consideremos más oportunas, escogiendo la que más nos guste, pero no lo hagamos restando ingresos a la hucha común de todos y todas. Donen, cuanto quieran y a quien quieran, pero háganlo al margen de la declaración de la renta.
La emergencia sanitaria también ha demostrado la importancia de la solidaridad.
Es otra razón más para no marcar ninguna casilla. Debemos ser solidarios/as y responsables.
No se deben derivar recursos públicos a la Iglesia Católica ni a ONGs que tienen actividades consideradas de interés social. Ese porcentaje de nuestros impuestos, gracias a la X, no va para la sanidad, ni para la educación, ni para la dependencia, ni para la policía,…va directamente a organizaciones privadas como son la Iglesia Católica y las ONGs, por cierto varias de ellas vinculadas directamente a la Iglesia.
Recordamos que la Iglesia, gracias al Concordato, ya está financiada mediante dinero público y, además, de manera insolidaria y egoísta, no paga impuestos como el IBI o el ICÍO que pagamos el resto de ciudadanos. Hace evasión fiscal sin necesidad de recurrir a ningún chiringuito financiero. No paga y punto
Añadan las subvenciones que reciben por el mantenimiento de “su” patrimonio (me gustaría que presentasen las escrituras de propiedad) aunque mafiosamente se lo haya apropiado con las inmatriculaciones, lo que les llega vía enseñanza concertada, lo que cobran por los “servicios religiosos” en hospitales y cuarteles y lo que nos cuesta el profesorado de religión que obligatoriamente pagamos entre todos y todas.
Tampoco es trasparente la Iglesia, eso que tanto exigimos a los partidos políticos. Así lo reconoce el Tribunal de Cuentas, al que tanto valor se le da cuando habla de los partidos políticos, que señala claramente la imposibilidad de auditar las cuentas de la Iglesia. (las noticias que inserto son de final de enero de este mismo año)
Los fines de interés social deben ser atendidos por el Estado y deben de tener consignación suficiente en los presupuestos generales. No deben depender de la voluntad, de la generosidad o de la caridad de nadie.
Lo más responsable y solidario es colaborar con lo público que es el sector que atiende los gastos comunes tan necesarios en Sanidad, Educación, Asistencia social, Pensiones, Infraestructuras, etc.
Ahí, a la caja común, es donde deben ir nuestros impuestos.
¡¡No marques ninguna X¡¡

El Gobierno sigue tomando medidas para evitar que esta crisis golpee a los/as más desfavorecidos. El paquete de las aprobadas ayer tienen un fuerte contenido social.
El escudo social se refuerza. El Decreto evita los desahucios, asegura el mantenimiento del alquiler, prohibe los cortes de suministros vitales como son el gas y la electricidad,… es muy largo y complejo el decreto que ahora debe convalidarse en el Congreso. Veremos allí de qué lado se sitúa cada partido. Recomiendo, a todo el mundo, que lo lea bien antes de empezar a decir las tonterías que llegan a decirse, algunas por desconocimiento, no tengo la menor duda, pero otras forman parte de esa indecente campaña de acoso y derribo al Gobierno que están promoviendo la derecha, la ultra y la más ultra, y los poderes económicos.
Lo cierto es que el decreto aprobado ayer, seguramente sin ser perfecto, seguramente sin resolver todo, seguramente con errores, es un decreto de apoyo a los sectores más débiles. No hay más que ver como ha sentado. Ya salió Venezuela a relucir y hay quien definió estas medidas como propias de la política bolivariana y reflejo de los comunistas que hay en el Gobierno. Hay quien quiere utilizarlo como ejemplo claro de bronca entre los socios. Convierten el debate, en bronca. Como si no supiéramos que en este Gobierno de Coalición, no monolítico, conviven planteamientos liberales con otros de izquierda mucho más sociales. Por eso, afortunadamente, hay debate y por eso, aunque los debates se alarguen hasta la madrugada, salen medidas a favor de las capas sociales más débiles.
No hay más que ver como ha reaccionado la derecha casposa. Mirad las portadas de hoy. El ABC destaca que “se antepone la ideología a la recuperación”. Pues ya era hora que el Gobierno actúe sin sumisión total a la economía y que, para salvar a la gente más desfavorecida se “hipoteque España” como dice la razón.
Supongo que esta gente está totalmente de acuerdo con que, por encima de todo, se salve a la banca, de hecho aplaudieron hasta con las orejas cuando se hipotecó España para ello. Para ellos/as lo fundamental no es la gente, son los mercados, la economía que dicen los liberales. Lo que pasa es que esta gente, los/as liberales cuando hablan de economía se refieren a la suya, no a la de todos y todas.
El otro día, cuando en Europa se debatía la ayuda a los países que sufren la mordida del COVID 19, el primer Ministro Holandés, Mark Rutte, lo dejó muy claro “Holanda no puede poner en riesgo su economía para favorecer a los países del sur”, dijo. Ese es su ideario, esa es su ideología. Pues, afortunadamente, en el Gobierno PSOE-Unidas Podemos ha entrado la ideología que antepone lo social a lo económico. Por eso quieren tumbar este Gobierno y por eso, a pesar de la pandemia, intentan derribar este Gobierno.
Por eso, la derecha casposa está redoblando esfuerzos en el acoso. Pero no nos engañemos, no buscan resolver la situación, simplemente, de manera indecente, van a la caza de rédito electoral.

El JEMAD (Jefe de Estado Mayor de la Defensa) dice que «En esta guerra irregular y rara que nos ha tocado vivir, o luchar, todos somos soldados».
Es comprensible que un jefazo, lleno de medallas, estrellas y galones, se crea que todo en este mundo gira en torno al militarismo y a sus valores.
Poco a poco, una vez más con la ayuda de los medios de comunicación y el refuerzo de ese mundo virtual de las redes sociales, nos están metiendo por ojos y orejas que estamos en “una guerra”, que en este momento dramático que vivimos deben primar los valores de la disciplina, el espíritu de servicio, el valor y la “moral de victoria”. Insisten en que “vamos a vencer”. Todo ello forma parte del ideario y del imaginario militar.
Yo me niego a ser militarizado. No soy un soldado. No es cierto que el problema se resuelva con el ejército y el militarismo.
Yo, como muchísima gente, no cumplo el confinamiento por disciplina, sino por responsabilidad y solidaridad. Ni me siento un “héroe” luchando contra un malvado enemigo, Se, como los y las demás, que saldremos de esta, pero no porque hayamos hecho una hazaña bélica, sino porque acabará la epidemia gracias al aislamiento, a pesar de esa gente irresponsable e insolidaria que lo rompe,  y la medicina.
No son los valores del militarismo los que están ayudando en esta crisis. Son los valores de la solidaridad y el apoyo mutuo ciudadano (no hay más que ver ese espacio de relación y apoyo social que son los balcones y ventanas y las redes de apoyo ciudadano que está tejiendo la sociedad civil).
No me gusta ese lenguaje militarista de “estamos en la primera línea de combate contra el virus”. Quienes más directamente se enfrentan al COVID 19 no son militares. Es el personal sanitario, el personal de limpieza, el personal que atiende el suministro y venta de los productos básicos, son transportistas, son los trabajadores y trabajadoras que van, y vienen, de su centro de trabajo. Son esos y esas trabajadores y trabajadoras que aplaudimos cada tarde, que hacen su trabajo, que asumen el riesgo, que mantienen la sonrisa y la dignidad, a pesar del miedo al contagio, a pesar del miedo a llevar a sus casas, y a su familia, a sus hijos e hijas, a su compañero o compañera el virus, y lo hacen con dignidad, con profesionalidad y con mucho compromiso. Lo hacen, además, sin los equipos de protección que vemos lucir a los militares cuando desinfectan nuestras calles, y no digo que los militares no deban ir equipados, sino que digo que el resto de personas expuestos/as al virus deberían llevarlos también.
No me gusta el militarismo, no me gustan los ejércitos. No dejo de pensar en como podríamos afrontar esta emergencia si no tuviéramos un gasto militar que es el doble que el sanitario (veanse PGE de 2019). Estamos viendo como el gasto en defensa no sirve para nada cuando es un virus el que amenaza nuestras vidas y nuestra economía.
No caigamos en el error de asumir el militarismo como solución, porque esta crisis pasará, pero el discurso militarista seguirá, y no podemos permitirnos que queden instalados sus valores en nuestra sociedad.
Y recuerda #QuédateEnCasa