En el pasado Pleno celebrado en Las Cortes de Aragón defendí una moción sobre vivienda que, finalmente, tras la negociación que se produjo con los grupos parlamentarios, quedó redactada así:
Las Cortes de Aragón instan a la Diputación General de Aragón a:
Presentar en el plazo máximo de dos meses, el Decreto que desarrolle el Plan Aragonés de Vivienda, con medidas que faciliten el programa de acceso a la vivienda en propiedad con un marco de financiación adecuado, negociando con las Entidades de crédito acciones que faciliten a los ciudadanos el acceso a una VPO cuando cumplan las condiciones que se establezcan.
Igualmente el Decreto potenciará la vivienda de alquiler incrementando la oferta pública.
Ampliará las ayudas para los colectivos con rentas más bajas, trabajando con otras administraciones e instituciones en la denominada vivienda social.
Adoptará las medidas necesarias de reforma del TOC TOC que garanticen la rápida sustitución y adjudicación de las viviendas.
Fomentará la rehabilitación de viviendas y la protección de los cascos históricos. Leer el resto de esta entrada »
Empecé con un saludo al Comité de Empresa de La Bella Easo, presente en el acto, y con un saludo a los trabajadores y trabajadoras de Alumalsa, Tudor, Opel, Casting Ros,… y de todas aquellas otras que viven EREs que también estaban en la sala
Nos han llamado «cenizos» porque no hacemos lo que los demás, porque no saltamos de alegría ante lo que significa el desembarco en Ontiñena de ese macroproyecto de juego, ocio y relax que llaman Gran Scala.
En enero de 1979, recién aprobada nuestra Constitución, se firmaron unos acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede que forman lo que se conoce como Concordato con la Iglesia Católica. Este acuerdo, en teoría, sustituía al que firmó el régimen franquista en 1953 mediante el cual España se definía como «una Monarquía tradicional, católica, social y representativa que considera un honor el acatamiento de la Ley de Dios según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional». En 1953, con Franco necesitado de reconocimiento internacional y con el Estado gobernado por una dictadura fascista, era entendible. En 1979, con la restauración de la democracia y con la Constitución que diseña un estado aconfesional, no estaba justificado el Concordato.