

Mientras la gente toma, otra vez, conciencia de la que está cayendo y vuelve a llenar las calles de lucha y movilización, la cuadrilla de Rajoy, Báñez, Cospedal, Montoro y demás, siguen a lo suyo. Tomándonos el pelo y fastidiándonos la vida.
Mientras afirman no tener un puñetero € para poder actualizar las pensiones al IPC, van a gastarse miles de millones en Armamento.
Según consta en los papeles que ha aprobado el Ministerio de Defensa, el que dirige Dª Dolores, van a empezar este mismo año siete programas de armamento que, estiman, supondrán un gasto de 10.805 millones de €.
El ardor guerrero de Cospedal y su gente les lleva a decidir que es urgente y necesario comprar vehículos de combate 8×8, fragatas F-110, aviones militares nuevos de entrenamiento, helicópteros de combate NH-90, modernización del sistema de mando y control militar aéreo, aviones de reabastecimiento en vuelo y modernización de los helicópteros Chinook.
Dª Dolores se lanza a estas inversiones nuevas a pesar de que aún debe gastos de armamento de ejercicios anteriores. Hay 11 programas de armamento militar que siguen “vivos”. Son “cositas” tan necesarias para el gasto social como los cazas Eurofighter, los helicópteros de combate Tigre, el submarino S-80 y el avión de transporte militar. Vamos, que esos 10.805 millones de ahora son añadidos a lo que se debe y se paga.
Y todo ello lo hacen mintiendo y engañando. Hace ya años, desde 2012 en que llegó Rajoy al Gobierno, se decidió no incluir en los Presupuestos los pagos de los PEA (Programas Especiales de Armamento). ¿No gastaron?, que va. Claro que gastaron y mucho. Unos 2.000 millones de € al año. Recurrían a la trampa contable de aprobar en el Consejo de Ministros créditos extraordinarios. Por ejemplo, en 2017, han sido 1.824,47 Millones de €.
Hay otra mentira más con los gastos militares que aparecen en los Presupuestos y son debatidos en el Congreso. A las misiones militares en el exterior se les asigna un presupuesto de 14,3 millones de €, pero la realidad es que, cada año, en estas aventuras a las que nos mandan Trump y la OTAN, se gastan unos 1.000 millones de € que se pagan desde un fondo que se llama “Imprevistos y Funciones clasificadas de Otros Ministerios». Sirva como ejemplo que este año pasado de 2017 el propio Secretario de Estado de Defensa, en el Congreso, en la Comisión de Defensa del pasado 26 de Abril, anunció que el gasto previsto de las misiones en el exterior sería de 1.062,5 millones de €.
Son las cosas que tiene el cumplir los mandatos de Trump. Este año tiró de las orejas a D.Mariano (recuerden aquella visita que hizo al imperio para que el mandatario de la Casa Blanca dijera algo sobre Cataluña) y le dijo que España, como exige la OTAN, incremente el gasto militar hasta el 1,53 de su PIB.
Pues ya saben, D.Mariano dice que “hay que escuchar a la calle”, todos los días estoy en la calle y no oigo, ni a dios, pedir más gasto militar. Oigo reclamar derechos y libertades, oigo reclamar una sociedad igualitaria y feminista, oigo defender unas pensiones dignas, pero la verdad, oir al personal pedir tanques, helicópteros y aviones, no se oye.
Lo dicho, hay que echar a esta gente, pero cuanto antes. Y…, atentos/as, que el año que viene hay elecciones, estos populistas serán capaces de subir el IPC a las pensiones. Las pensiones seguirán siendo una mierda para la mayoría de pensionistas, seguirán en el aire las pensiones de las generaciones precarizadas en su trabajo y esta gente, o su marca naranja, volverán a ganar. Tengan memoria cuando vayan a votar.




Otoño, ese espacio temporal a caballo entre el verano y el invierno. Nos avisaron de que este otoño sería más caliente y húmedo de lo normal. Nos dijeron eso, al tiempo que, el planeta sigue avisando de que va mal, de que hay que tomarse en serio lo del cambio climático.
Es verdad que, hasta la semana pasada, el otoño era caliente. Lo digo desde el punto de vista climático aunque, como es sabido, en lo social y en lo político también ha sido, y será, caliente. Pero el otoño se volvió frío, muy frío.
Desde la ventana, mirando el cierzo y el Moncayo nevado, me acordaba de esos versos de Benedetti:
«aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha»
Y pensaba, en quienes no encuentran empleo aunque lo buscan, en quienes pasan frío porque no pueden pagar la factura de la luz, esa que es la más cara de Europa, pensaba, también, en que no cesan los asesinatos machistas, en que al mismo tiempo que en Argentina condenan a los asesinos a cadena perpetua, aquí, nuestro Presidente, dice que no entiende por qué quitan del callejero a militares golpistas y defensores de la dictadura asesina. Se me cruzaban, también, las imágenes del PP en el banquillo, de la lista de tramas corruptas y… ví a un hombre, con un carrito de un supermercado, abrir un contenedor de basura y empezar a buscar.
Y pensé en ese circo recurrente en el que nos embarcan cada día para hacernos creer que las cosas importantes son esas de las que se habla en las tertulias, esas de las que hablan las portadas de la prensa «seria». Tertulias y portadas lejos de esa realidad cotidiana que vive la mayoría de la gente. El cierzo alborota un montón de hojas que, siguiendo el ritmo de la vida, han caído después de haber cumplido su función. Cada hoja lleva su historia escrita, igual que cada persona.
Las personas, a diferencia de las hojas, no cumplen su función en cada estación del año. Las personas tienen derecho a vivir, les dicen que les protege una Constitución que les da derecho a empleo, a vivienda, a educación, a sanidad. Les dicen que les da derecho a una vida digna, a una vida sin el futuro congelado, sin esa escarcha diaria que les hace sentir las dentelladas de la pobreza. Pero les engañan. No hay más que ver los datos.
¿Cuantas personas hay que tienen el futuro lleno de escarcha, a punto de congelarse y no queda sitio en su vida para la belleza?. Muchas, demasiadas. Más cada vez, más cada día.
¿Saldremos algún día de este otoño permanente?

Lo he dicho por activa y por pasiva. Lo he dicho, y demostrado, en los 15 años de trabajo público, lo he ratificado en multitud de ocasiones.
No soy nacionalista, en absoluto. Pienso, siempre lo he pensado, que el nacionalismo es un invento de las clases burguesas para consolidar su estamento y posición y, por eso, siempre me he considerado integrante de la clase trabajadora. Los trabajadores/as, seamos catalanes, vascos, aragoneses, castellanos, andaluces o madrileños, somos eso, trabajadores/as. Formamos parte de la clase trabajadora y sabemos que las fronteras, generalmente, no nos aseguran mejores salarios, ni mejores condiciones de vida.
No se me olvida, es una consecuencia de tener ya unos años y de una vida vivida, el apoyo que próceres del actual nacionalismo catalán, al igual que del vasco, han prestado a esas salvajadas del neoliberalismo que los gobiernos del PP y del PSOE, fieles y obedientes a los designios de la troika, han puesto en marcha y nos han jodido la vida, y las pensiones, y el empleo, y la educación, y la sanidad. Nos la han jodido por igual a catalanes/as, vascos/as y a todos/as los demás.
Para no aburrir. Tampoco soy independentista, ni lo seré, por mucho que se empeñen.
¿Entonces, me preguntan, me increpan, me acosan, por qué no apoyas al Gobierno?, ¿por qué no apoyas el 155?, ¿por qué pides la libertad de los jordis?.
Ya lo decía Machado, «en España, de cada 10 cabezas, 9 embisten y una piensa».
No apoyo al Gobierno porque es el Gobierno corrupto que, para desgracia y vergüenza nuestra, nos ha llevado a esta situación con su incapacidad, con su soberbia, con sus mentiras y sus engaños. No apoyo el 155 porque me parece un despropósito, me parece un bidón de gasolina echado sobre el fuego. No lo apoyo, además, porque es la prueba evidente de un fracaso y de una tomadura de pelo. Se viste de «constitucional» pero lo que se va a hacer es el resultado de lo que han pactado, en una mesa camilla, PP y PSOE que, una vez más, «interpretan la constitución», esa Constitución que han pervertido al cambiar su artº 135 y esa Constitución que incumplen ya que no garantizan los derechos básicos de buena parte de la ciudadanía.
Nadie me pregunta si apoyo al Govern porque dan por supuesto que sí, lo cual es falso. Dan por supuesto que, en la lógica simplista del están conmigo o contra mí, si no apoyo a Rajoy y sus mariachis, estoy apoyando a Puigdemont y los suyos. Pues no, dejen de embestir y, a ser posible, utilicen esa capacidad que, dicen, la naturaleza nos ha dado a los seres humanos. No apoyo al Govern, me parece tan tramposo, incapaz, soberbio y desgraciado para la clase trabajadora como el Gobierno.
Defiendo, y por eso lo digo e intento explicar, que no pueden hablar de legalidad quienes son corruptos, y lo son el PP y el PDCAT (antigua CiU). En este sentido es más reprobable que quien más fuerza tiene, más la emplee. Rajoy, y los «constitucionalistas» están «imponiendo» la razón a la fuerza, a palos, a detenciones, a prohibiciones. Por eso pido la libertad de los «jordis», porque, al igual que sindicalistas, titiriteros, twuiteros/as,.. no han cometido delito alguno.
En resumen, no apoyo una medida quirúrgica salvaje como es el 155 aunque 9 de cada 10 cabezas lo apoyen. Se que, una vez más, estoy en minoría. Se que el patriotismo, el fervor nacionalista y popular de apoyo a los nacionalismos enfrentados, es mayoritario. Pero seguiré pidiendo diálogo y negociación y seguiré defendiendo que solamente con una Constitución nueva, no con una retocada que proponen PP y PSOE y bendice el Borbón, puede abrirse la puerta a un Nuevo País en el que primen la libertad, los derechos sociales y la democracia. Para mi, no se para cuantas cabezas más, ese país debe ser una República Federal, una República que permita, desde el reconocimiento de la plurinacionalidad y pluriculturalidad, un proyecto común que, desde la diversidad, hayamos construido juntos y juntas.
Es una palabra que, últimamente, se utiliza mucho, está en muchas conversaciones y, más allá de las banderas imperiales que dicen que nada de nada, que la patria es una e indivisible, lo cierto es que un referéndum, con toda la legitimidad y garantía necesaria, era lo único que pudo haber evitado el follón que tenemos.
Cuando superamos la víscera y nos ponemos a hablar, sale aquello de “un referéndum que no convoque el Estado es ilegal”. Si vamos a nuestra Constitución, a esa que no es de “todos/as los/as españoles/as” sino que es “para todos/as los/as españoles/as”, vemos que el artº 92 dice que “Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos” y añade “el referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados”.
No entro ahora, ya se sabe que opino que sí, en la necesidad de una nueva Constitución que salga de un nuevo proceso constituyente. Me ciño al marco constitucional vigente que, por otra parte, es el que invocan los “constitucionalistas”, tanto si ponen bandera en el balcón como si no. Es evidente que en este marco nada, salvo el empecinamiento, estrechez de miras o el partidismo sectario, impide un referéndum pactado. En el Congreso, sede de la soberanía popular, se pudo hablar, dialogar, acordar, negociar,… y al final autorizar la forma y el modo de hacerlo, pero no se quiso, o no se supo. Siempre que ha salido este tema se ha aplicado el rodillo del bloque constitucionalista que, además, se ha reforzado con el Tribunal Constitucional (TC). Un inciso, el TC lo forman 12 miembros, 4 a propuesta del Congreso (los elige la mayoría), 4 a propuesta del Senado (los elige la mayoría), 2 el Gobierno y 2 el Consejo General del Poder Judicial. Saquen vds. las conclusiones que quieran sobre la “independencia” del máximo órgano constitucional español.
Volviendo al referéndum, en España, en los 40 años de democracia, se han hecho 3. El de 1978 para la propia Constitución, el de 1986 sobre la OTAN, ¿se acuerdan?, fue aquel de “OTAN, de entrada NO”, y ya ven donde estamos, y el de 2005 sobre la Constitución europea que luego no entró en vigor. Ni uno más, aunque el “bloque constitucionalista” ha tomado, sin preguntar, decisiones realmente importantes.
Decisiones como entrar en la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea) en 1986, entrar en el Euro (2002), entrar en la guerra de Irak (2003) o lo que hicieron PP y PSOE en una tarde de Agosto de 2011 que, por si no lo recuerdan fue cambiar el Art º 135 de la Constitución para elevar el ajuste del gasto social a la categoría de “constitucional”.
A mi me parece que todas estas decisiones han sido de especial trascendencia y merecedoras de haber dado a la ciudadanía la oportunidad de expresarse.
Pero vamos, es evidente que al Régimen, a la Corona y a los partidos que sustentan el tinglado les va mejor que la gente solo opine cada 4 años en las elecciones. Por eso, aquí en este país, tenemos una regulación del referéndum muy restrictiva y las formas de participación de la ciudadanía, en este marco constitucional, se limitan a votar cada 4 años.
Pero lo cierto es que el referéndum es una forma de democracia directa que aquí no podemos ejercer. Esto al bloque “constitucionalista” no le preocupa demasiado, están muy cómodos con lo que hay y, por eso, de la mano, bloquean cualquier intento de cambio.
Por eso, aprovechando la circunstancia, criminalizan el “derecho a opinar” que no es ni más ni menos, en una democracia, que el derecho a decidir. Eso sí, mientras aquí apenas se utiliza, en otros países se profundiza, desde hace años, en esta forma de democracia directa. Por ejemplo: Austria, Dinamarca, Finlandia, Irlanda y Suecia sometieron a referendo su ingreso en la UE, Inglaterra sometió a referéndum si salía (Brexit), recuerden el referéndum de Islandia sobre si se rescataba a los bancos y está todavía en la memoria de mucha gente el que hizo Syriza en Grecia (más allá de lo que pasó después).
Destaca, sobre todos los países, Suiza. Ese país que tanto conocen las gentes implicadas en tramas corruptas y evasión de capitales. En Suiza bastan 50.000 firmas para que se someta a referéndum una Ley ya aprobada en el Parlamento, y bastan 100.000 firmas para someter a referéndum si se mantiene, o se hace una nueva, la Constitución. Ello hace que, en Suiza, haya una media de 10 referendos al año.
Podría seguir citando ejemplos, en Francia, en Italia, en Noruega,… pero creo que es suficiente.
En resumen, tenemos derecho a decidir. Tenemos derecho a dar nuestra opinión. Volviendo a la cuestión por la que he iniciado el tema. Yo, que no soy nada independentista, defiendo mi derecho a decir NO al igual que defiendo el derecho a decir SI de quienes opinen de forma distinta a la mía.
Reitero, un referéndum, con toda la legitimidad y garantía necesaria, era lo único que pudo haber evitado el follón que tenemos. En estos momentos sigue siendo la única manera de resolverlo.


Los dos únicos referendos hechos en los 39 años de vigencia de la Constitución
Ya estamos en el 2-O y ya vemos que estos dos incapaces siguen soltando testosterona en vez de sentido común. La sueltan porque les va bien, porque siguen cultivando su cortijo y su granero de votos.
El uno, además, con toda la capacidad «constitucional» y «legal» para imponer la razón de estado, la ley y el orden y el respeto a la constitución a base de porrazos, balas de goma, gases lacrimógenos y cargas salvajes contra ciudadanos/as indefensos/as.
Se lo han montado de tal forma que han conseguido que el «principal problema de este país sea lo que han montado en Cataluña». Ya no es el paro, ni la corrupción, ni la pobreza, ni los políticos. No, ya no. El «grave problema» es la unidad de España.
Ya se oye, y lee, en la prensa y tertulias de orden, la necesidad de convocar elecciones. Muchos y muchas acaban de descubrir la incapacidad política de Rajoy y de Puigdemont y ya claman por unas elecciones. Elecciones que estos embaucadores ganarán de calle porque han conseguido, con la inestimable ayuda mediática, tertuliana y comunicativa, aparecer como defensor de la Ley y el Orden Constitucional el uno y como defensor de la independencia y el derecho a decidir el otro.
No plantearán unas elecciones en clave de resolver la crisis económica, de acabar con la corrupción, de crear empleo digno y con derechos, de acabar con la pobreza, de asegurar la educación y la sanidad pública, de dotar a este país de una fiscalidad más justa y redistributiva. No, las plantearán en esa clave emocional que es la identidad nacional y la bandera. Y en esa clave estos dos incapaces embaucadores saldrán reforzados.
Por eso siguen, siguen como dos gallos, juegan al «mantenella y no enmendalla», mantienen esa tozudez que enmascara su supina incapacidad política.
Importa muy poco que, al final, las cargas policiales y los porrazos las sufran los de siempre. Importa, muy poco, que se esté normalizando el fascismo (¿se dan cuenta estos y estas españoles/as que están acudiendo a manifestaciones de la ultraderecha fascista?) en nuestras calles y plazas. Importa, muy poco, que el ideario colectivo asuma que la ley se impone a estacazos. Que asuma que las leyes son inamovibles y se cumplen sin discusión.
Una vergonzosa pena. Hace tiempo que debió abrirse una negociación, no hay otro camino. El problema es que estos dos incapaces embaucadores han perdido toda legitimidad. Eso ¿se resuelve con unas elecciones?, no necesariamente. Sin negar la responsabilidad que ambos tienen, es mayor la de quien la tiene mayor. Al Sr.Rajoy se le puede quitar de ahí sin unas elecciones. Hay capacidad suficiente para echarle, a él y al corrupto PP, del Gobierno. La misma mayoría que se negó a apoyar la «mano de hierro» que Rajoy quería aplicar puede sacarle de la Moncloa, pero mucho me temo que el PSOE no está por la labor.
Se resolvería mucho mejor, y de una manera definitiva, si se aceptara que la Constitución del 78 y del régimen que salió de ella, ya no valen, que hay que cambiarla, hay que ir a un nuevo proceso constituyente en el que se recoja, como así dice la carta de derechos de la propia ONU, el derecho a decidir.
Pero parece que tampoco es el caso, aquí también aparece ese tozudo «mantenella y no enmendalla», a todo tirar un ligero cambio cosmético. Así que, mientras tanto, cuando todo el mundo, Europa incluida, hace un llamamiento claro al diálogo y la negociación, tenemos a estos dos incapaces, fracasados, quemados, apostando a ver quien la echa más gorda.

Una bandera es un trozo de tela, generalmente rectangular, que se utiliza para identificar. Casas reales y linajes, señoríos, grupos, naciones,…
Las banderas, bueno las pobres telas no, sino el significado que les han dado, están en el origen, y resultado, de muchas guerras, de mucha sangre, de mucho odio. Hay quien dice, el problema es que se lo cree y lo practica, que se defienden con sangre.
Ayer, en Zaragoza, uno de los elementos que ayudó a calentar la cosa, que llamó a las huestes defensoras de la enseña nacional a presionar a los más de 400 cargos públicos democráticos y más de 100 periodistas acreditados que, en el pabellón Siglo XXI, hablaban de fraternidad, de diálogo, de negociación y de una alternativa al callejón sin salida al que nos han llevado los dos independentismos enfrentados, fue que un vocero pepero, concejal para más señas, lanzó la mentira de que «se habían quitado las banderas del pabellón». Inmediatamente los más rancio y casposo «compró» la mentira y, enarbolando la enseña patria, se fue a defenderla.
Baste, como ejemplo de mentira y manipulación esta foto en la que, donde han estado siempre, están las banderas que, evidentemente, nadie quitó

Luego, se pudo comprobar que algunas de las enseñas patrias, lucían un águila imperial en vez del escudo constitucional. En otros eventos, cuando han aparecido las enseñas que identifican al régimen fascista, la gente les ha expulsado. Pero no, aquí no, aquí, además, se juntaron con alguna aragonesa. Parece que el interés común de toda la gente que se concentró a las puertas del pabellón era boicotear el acto de dentro.
Ya se encargaron muchos y muchas, y muchos medios de comunicación, y muchos y muchas tertulianos y tertulianas de señalar que esa asamblea era «un acto proreferéndum catalán». He llegado a ver titulares que hablaban de la «asamblea bolivariana a favor de Cataluña Independiente». Una mentira tras otra.
Lo triste, lo verdaderamente triste y preocupante, es que la noticia han sido las banderas, no lo ha sido que representantes políticos democráticos, respaldados por más de 6 millones de votos, han puesto un poco de cordura, han pedido diálogo y negociación, han reclamado el derecho a decidir en un referéndum pactado y legal.
Está pasando de refilón otro hecho preocupante. El Gobierno, así lo reconocieron los propios mandos policiales que había allí, no podía garantizar la seguridad de quienes estaban dentro del pabellón. No podía hacerlo porque había desplazado efectivos a Cataluña. Es evidente que, por muchos efectivos desplazados a Cataluña, la Delegación del Gobierno en Zaragoza tenía capacidad, y posibilidad, de enviar refuerzos para controlar la situación que generaba la concentración de patriotas, que no dejaban salir a la gente y que llegó a agredir a la Presidenta de Las Cortes de Aragón.
El caso es que no lo hizo, que no identificaron a los «manifestantes que llevaban banderas españolas» aunque era una concentración no autorizada. Lo cierto es que hubo pasividad con la concentración de patriotas. El resultado es que, a las puertas del Pabellón Siglo XXI, se vivieron situaciones más propias del Siglo XX.
Igual que son situaciones propias del siglo pasado, en pleno franquismo, el incautar carteles y folletos, el entrar la policía en sedes de partidos, el prohibir debates y concentraciones, el registrar imprentas,… Está volviendo la época de recortar derechos y libertades y están sirviendo de excusa, y lamentablemente de justificación, la bandera y la unidad de España.
