Insistimos, una vez más, en exigir al Gobierno de Rodríguez Zapatero actuaciones claras y decididas para garantizar el suministro eléctrico con criterios de servicio básico y precio social, especialmente en unos momentos de crisis socio-económica como los que vivimos.
Ya denunciamos en varias ocasiones que la planificación del suministro eléctrico para 2009 era dar carta de naturaleza a las empresas eléctricas para aplicar elevadas subidas por la prestación del servicio que no se han correspondido con una mejora de la eficiencia y la eficacia. El Ministro, Sr. Sebastian, ha autorizado una subida desorbitada para permitir a las empresas eléctricas una mejor cuenta de resultados.
Junto a ello, tal y como ha reconocido la Comisión Nacional de la Energía, se ha permitido a las eléctricas la práctica abusiva de cobrar con tarifa de 2009 (con incrementos superiores al 20 % en muchos casos) consumos correspondientes al 2008 lo que, desde mi punto de vista, supone un abuso. Leer el resto de esta entrada »
En el pasado Pleno celebrado en Las Cortes de Aragón defendí una moción sobre vivienda que, finalmente, tras la negociación que se produjo con los grupos parlamentarios, quedó redactada así:
Empecé con un saludo al Comité de Empresa de La Bella Easo, presente en el acto, y con un saludo a los trabajadores y trabajadoras de Alumalsa, Tudor, Opel, Casting Ros,… y de todas aquellas otras que viven EREs que también estaban en la sala
Nos han llamado «cenizos» porque no hacemos lo que los demás, porque no saltamos de alegría ante lo que significa el desembarco en Ontiñena de ese macroproyecto de juego, ocio y relax que llaman Gran Scala.
En enero de 1979, recién aprobada nuestra Constitución, se firmaron unos acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede que forman lo que se conoce como Concordato con la Iglesia Católica. Este acuerdo, en teoría, sustituía al que firmó el régimen franquista en 1953 mediante el cual España se definía como «una Monarquía tradicional, católica, social y representativa que considera un honor el acatamiento de la Ley de Dios según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional». En 1953, con Franco necesitado de reconocimiento internacional y con el Estado gobernado por una dictadura fascista, era entendible. En 1979, con la restauración de la democracia y con la Constitución que diseña un estado aconfesional, no estaba justificado el Concordato.